51Magnus Observé cómo Eve se alejaba sin mirar atrás.Una sonrisa satisfecha se formó en mis labios. No me había rechazado.Sí, se fue. Sí, seguramente estaba maldiciéndome ahora mismo, tratando de convencerse de que no sintió nada. Pero lo vi en sus ojos. La confusión. La lucha interna.Me recargué contra una de las columnas del gimnasio y exhalé con calma. No la presionaré… o tal vez sea mejor decir que lo intentaré.Antes, cuando la perdí, la quise de vuelta a la fuerza. Cometí errores, dejé que mi ira y mi desesperación hablaran por mí. Ahora sé que eso no funcionará. Si quiero que vuelva, debe ser ella quien dé el primer paso.La quiero con todo su fuego, con toda su fuerza. No la frágil mujer que alguna vez fue, sino la guerrera que se ha convertido. Y si para eso debo esperar, esperaré.Pero no sin hacerle ver que sigue siendo mía.—¿Está bien, alfa? —la pregunta me trae de nuevo al presente y me fijo en Orión.—Mi luna es difícil de reconquistar —dije con sinceridad
52EveDespués de pasar el día con Kasius y entrenar me bañé y me puse un vestido rojo y unas botas de caña alta, ahora que la noche estaba cayendo decidí buscar a Orión para que me lleve a la ciudad. Quería alejarme de la mirada penetrante de Magnus.Lo que no esperaba era encontrarme con Ethan Lupin. —Eve —dijo con una sonrisa al verme— que alegría verte de nuevo por aquí. Ethan, el Beta de una manada aliada.Fuerte, atractivo, confiable. Perfecto para mi plan de distracción. —Ethan —sonreí mientras me acercaba con naturalidad—. ¿Qué haces aquí? —Negocios —respondió encogiéndose de hombros—. ¿Y tú? —Disfrutando de mi libertad —dije con un tono juguetón, sintiendo el ardor de la mirada de Magnus a lo lejos. Ethan arqueó una ceja, curioso. —¿Libertad? —Sí, es agradable no estar atada a nadie. La mirada pesada de Magnus se acercó con calma, pero no interrumpió. No todavía.Ethan sonrió y extendió su brazo. —¿Te gustaría tomar algo conmigo, entonces?
53Sofía—Princesa —dijo una voz que goteaba desdén.—Lobo —respondí sin saber qué más decir.Una risa colectiva se esparció por el río Nythros, erizándome la piel con la vergüenza de haberme metido en esto sola. Frente a mí, un hombre con una presencia dominante me observaba con diversión.—Dime Alfa Malaki —corrigió con un tono cargado de orgullo.Era un poco mayor que mi hermano, pero en los hombres lobo eso no significaba nada. Podían vivir setecientos años sin que su edad se notara demasiado. Su piel curtida por el sol tenía cicatrices de batallas en los brazos, y una en particular atravesaba su ojo derecho desde la frente hasta la mejilla, dándole un aire aún más aterrador.¿Había cometido un error en venir aquí sola?Los guerreros que solían escoltarme habrían avisado a mi hermano, y él me habría encerrado sin pensarlo dos veces. No. Esto era lo correcto.Dejé que una nueva oleada de determinación se asentara en mi pecho.—Vine aquí para encomendarte un trabajo —dije
54SerenaEstaba entrando a mi oficina esa tarde para buscar unos documentos cuando vi una figura alta e imponente esperándome. Tragué grueso.—Tío Nicolás… ¿qué haces aquí? —saludé, tratando de recomponerme.Él me dedicó una mirada fría y cortante.—¿Me puedes decir por qué, después de seis meses, aún no eres la Luna de esta manada? —me pregunta con irritación— ahora esa esclava rebelde regresó ¿Qué harás?Apreté la mandíbula.—Tío… Ahora Cerverus no me quiere ver, y Magnus se pone agresivo. Ha habido muchos en la manada que han terminado golpeados o, peor aún, en coma, solo porque Magnus los escucha hablar mal de esa maldita esclava —le di una excusa muy convincente.—Ese no es mi problema —espetó con dureza—. Si no te apuras, vamos a estar en problemas. La farmacéutica necesita una inyección de capital, así que drógalo, mátalo, amárralo… haz lo que te dé la gana, Serena, pero haz algo.Su amenaza me cayó como una losa, pero yo ya había intentado todo.—La droga no funciona si no pu
1 Evelyn Hoy comienza el mes más importante del año para nuestra especie, los hombres lobo. Incluso para nosotros, los esclavos, es un tiempo de cambio… aunque no siempre a nuestro favor. —Evelyn, vamos, apúrate o nos van a castigar si nos retrasamos —me urgió Olga, otra de las esclavas con la que compartía cuarto. Su voz era un susurro nervioso, pero el miedo en sus ojos hablaba por sí solo. Apenas tuve tiempo de cepillarme los dientes antes de salir corriendo con ella, bajando las escaleras de piedra fría que conducían al gran salón. El aire estaba cargado de tensión, como si todos aguardaran algo. O alguien. —Allí estás, esclava —escupió una voz áspera y llena de desprecio— deja todo impecable, mugrosa —dijo de forma despectiva. Mi cuerpo se tensó de inmediato. No me llamaban por mi nombre, los esclavos no tenían nombre, siempre llamados mugrosa, desgracias o malditos…. Casi cualquier nombre despectivos que ellos quieran. No hacía falta alzar la vista para saber q
2EvelynLas risas sofocadas y las miradas burlonas estaban ahí, como siempre. La gente quería seguir divirtiéndose a costa de la loba muda de la manada. Pero la ceremonia ya había comenzado, y se suponía que todos los lobos machos debían mantenerse al margen mientras las lobas se desnudaban y caminaban hacia lo profundo del bosque para buscar a sus posibles compañeros.Me sentía más sola que nunca. Hace diecisiete años, una familia de delta me encontró al lado del camino. Los primeros cuatro años fueron buenos... hasta que tuvieron que ir a la guerra y caí en la miseria.Todos me veían como una niña maldita y comenzaron a llamarme así. Cuando el antiguo alfa y la Luna murieron en un accidente, las cosas simplemente empeoraron.—¿Por qué mejor no te mueres? —me decían algunos aldeanos. —Eres una niña maldita, vete. No me toques —me espetó una compañera en el colegio.Siempre tuve que esconderme, vivir en los rincones como una rata... siempre en la oscuridad.Si los omegas eran e
3Evelyn5 años despuésUn dolor sordo en mi estómago me hizo doblarme en dos en medio de la sala de estar. Los papeles que tenía en la mano cayeron al suelo.—¡Mierda! —murmuré entre dientes, sin poder evitarlo.Sofía, que estaba a mi lado, me miró con preocupación.—Creo que mi hermano está con Serena —susurró en voz baja.Desde que me convertí forzosamente en la Luna, todo había cambiado entre Sofía, la princesa de la manada, y yo, una simple esclava. El consejo de ancianos exigió que cumpliera mi papel, aunque nunca hubo una ceremonia. Pero el Alfa ya me había marcado aquella noche de luna llena.Respiré hondo, tratando de ahogar el dolor. Nunca es tan fuerte, así que sé que no es sexo… pero igual duele, y mi corazón se resiente.—Estoy bien. Lleva los papeles a la oficina y habla con el Beta para que organicen la ayuda en la frontera —dije con una sonrisa forzada.Sin esperar respuesta, giré sobre mis talones y me dirigí al despacho de Magnus. El supuesto todopoderoso.
4 Magnus Lo vi irse, y por un momento, tuve el impulso de levantarme y salir tras ella. Pero no lo hice. Serena se acercó de nuevo, y aunque mi cuerpo me pedía apartarla, no pude. La sentí en mi regazo, cálida y familiar, como una constante en mi vida. Pero algo en mí no estaba bien. Algo me hacía retenerme. "Eres un idiota", refunfuñó Cerverus, mi lobo, su voz áspera y cargada de desaprobación. "Cállate", le respondí, apretando los dientes, sintiendo cómo su queja se esparcía por mi mente. "Serena es nuestro amor, siempre lo ha sido", le recordé, aunque sabía que mis palabras no eran suficientes para calmarlo. "Solo el tuyo", contestó de mala gana, retirándose a un rincón en el fondo de mi mente, como si no quisiera saber nada más. Pero su presencia seguía allí, incómoda, incompleta. —Estás distraído —ronroneó Serena, sus palabras suaves mientras se acomodaba sobre mí. Sentí cómo su cuerpo se pegaba al mío, buscando la cercanía que solíamos tener. Pero al intentar besarme