55EvaAmbos hombres me veian atonitos, casi como si no creyeran que yo estaba alli tan furiosa que podria matar a alguien.—¿Serena? —preguntó Orión.Mis ojos se fijaron en él y dio un paso atrás.—Búscala o dime dónde encontrarla —dije de malos modos.—Ya no vive en la casa de la manada, está en su mansión… ¿Me vas a decir qué sucede? —cuestiona Magnus perdido. Le lancé la carpeta directo a la cara.Su enojo por mi acto se transformó en desconcierto, y luego en asombro cuando vio lo que contenía.Me di media vuelta y caminé directo a la mansión Riverwood.—Esto me lo vas a pagar, perra. —murmuré con paso decidido mientras escuchaba la explosión de palabras tras de mí.El temperamento de Magnus había estallado detràs de mì y, por primera vez, no estaba allí para calmarlo.Mi objetivo era otro.Menos de diez minutos de caminata no hicieron nada para calmar mi rabia. Si acaso, la avivaron.Este odio, que había hervido a fuego lento por más de una década, ahora era odio con sed de veng
56EvaLa miré con todo el odio que sentía en mi interior. Si bien no podía matarla sin un debido juicio, sí podía hacerla sufrir un poco.La incredulidad en el rostro de Serena era digna de ser inmortalizada. El entendimiento de que Magnus la había abandonado se instaló en su pecho como un puñal, y la misma certeza se reflejó en los ojos de todos los presentes.Mis guerreros me observaban con preocupación, pero la manada… La manada me miraba como si me notaran por primera vez, después de años y años de condena de su parte. Les devolví la mirada fría y hueca que ellos mismos ayudaron a moldear.—Lo… siento. No debí… —balbuceó Serena.—Las disculpas llegan tarde —la corté de inmediato—. Mis hijas están marcadas por ese incendio, y alguien debe pagar.—No hubo víctimas fatales —intervino Nicolás, el tío de Serena.Lentamente, giré la cabeza hacia él y le dediqué una mirada gélida.—Nadie pidió su opinión, señor Riverwood.—No puedes hacer esto —refutó Olga Riverwood.Mi ceja se alzó con
57EvaNo le di una respuesta. Me zafé de su agarre y me fui de allí sin mirar atrás.Cuando llegué, Orión y Liam me esperaban en la entrada.—¿Qué harás con ella? —preguntó Orión con cautela.—Un juicio. Ya lo dije.—Sabes que es la heredera de la farmacéutica más grande del mundo —me recordó, y me detuve en seco.Giré levemente el rostro y levanté una ceja con una sonrisa que no tenía ni un ápice de calidez.—¿Entonces por eso debe salir de rositas mientras marca a mis hijas?—No es eso lo que quise decir…—Ve a descansar, Orión. Ya es tarde —le corté antes de que siguiera.Él asintió, entendiendo que estaba cruzando un límite peligroso. Mis hijos eran mi punto de inflexión.Cuando se marchó, Liam habló por primera vez.—No la vas a dejar así no más, ¿verdad? —dijo en voz baja—. Dañó a las princesas.Le sostuve la mirada con calma y luego sonreí de lado antes de darme la vuelta para caminar hacia las celdas. Liam me siguió como una sombra silenciosa.Los guardias nos dejaron pasar s
58Magnus—Se desmayó, Alfa —dijo un guerrero con urgencia.Me acerqué de inmediato, observando el cuerpo tendido en el suelo. Algo no estaba bien.—Llévenlo al hospital —ordené con firmeza, pero no me aparté.—Magnus... no está sanando —la voz de Eve llegó hasta mí, tensa, preocupada.Fruncí el ceño y me incliné, inspeccionándolo de cerca. Era cierto. A pesar de su regeneración, la herida permanecía abierta, supurando un líquido oscuro. Y lo peor...El olor.Dulce, pero químico. Veneno.—¡Llévenlo de inmediato! —gruñí, perdiendo la paciencia.—Luna Eva, podemos ayudar —dijo un hombre a mi espalda.Me giré y encontré a uno de sus guerreros mirándome con seriedad.—Es cierto, son los mejores rastreadores —afirmó Eve.Si Eve lo decía, entonces era verdad.—Vamos —dije sin dudar.Un anciano se acercó y me entregó las riendas de un caballo. Los carros no podían atravesar esta parte del territorio, así que cabalgar era la única opción. Extendí la mano hacia Eve, esperando que la tomara.Du
59EvaEl alfa de la manada Polvo de Luna estaba muerto. El consejo ya estaba en camino, y mientras esperábamos noticias del médico, un peso denso se instaló en mi pecho. No era nuestra jurisdicción, pero algo en mi interior me decía que esta muerte y la desaparición de Sofía estaban conectadas. —No me gusta esto —murmuré, frotando mis brazos, intentando disipar el frío que no venía solo del clima. Magnus, a mi lado, me observó en silencio por unos segundos antes de dar un paso más cerca. Su calor era una presencia innegable, una tentación que no debía permitirme sentir. —A mí tampoco —respondió en voz baja—. Pero lo resolveremos. No respondí. No quería admitir que estaba preocupada, no solo por la niña, sino por la sombra oscura que parecía envolverlo todo. —¿Por qué desapareció así? —pregunté en un susurro, casi para mí misma. —No lo sé —su voz era tensa, como si odiara no tener respuestas—, pero la encontraremos, Eva. No estaba segura de si hablaba de Sofía o de otra persona
1 Evelyn Hoy comienza el mes más importante del año para nuestra especie, los hombres lobo. Incluso para nosotros, los esclavos, es un tiempo de cambio… aunque no siempre a nuestro favor. —Evelyn, vamos, apúrate o nos van a castigar si nos retrasamos —me urgió Olga, otra de las esclavas con la que compartía cuarto. Su voz era un susurro nervioso, pero el miedo en sus ojos hablaba por sí solo. Apenas tuve tiempo de cepillarme los dientes antes de salir corriendo con ella, bajando las escaleras de piedra fría que conducían al gran salón. El aire estaba cargado de tensión, como si todos aguardaran algo. O alguien. —Allí estás, esclava —escupió una voz áspera y llena de desprecio— deja todo impecable, mugrosa —dijo de forma despectiva. Mi cuerpo se tensó de inmediato. No me llamaban por mi nombre, los esclavos no tenían nombre, siempre llamados mugrosa, desgracias o malditos…. Casi cualquier nombre despectivos que ellos quieran. No hacía falta alzar la vista para saber q
2EvelynLas risas sofocadas y las miradas burlonas estaban ahí, como siempre. La gente quería seguir divirtiéndose a costa de la loba muda de la manada. Pero la ceremonia ya había comenzado, y se suponía que todos los lobos machos debían mantenerse al margen mientras las lobas se desnudaban y caminaban hacia lo profundo del bosque para buscar a sus posibles compañeros.Me sentía más sola que nunca. Hace diecisiete años, una familia de delta me encontró al lado del camino. Los primeros cuatro años fueron buenos... hasta que tuvieron que ir a la guerra y caí en la miseria.Todos me veían como una niña maldita y comenzaron a llamarme así. Cuando el antiguo alfa y la Luna murieron en un accidente, las cosas simplemente empeoraron.—¿Por qué mejor no te mueres? —me decían algunos aldeanos. —Eres una niña maldita, vete. No me toques —me espetó una compañera en el colegio.Siempre tuve que esconderme, vivir en los rincones como una rata... siempre en la oscuridad.Si los omegas eran e
3Evelyn5 años despuésUn dolor sordo en mi estómago me hizo doblarme en dos en medio de la sala de estar. Los papeles que tenía en la mano cayeron al suelo.—¡Mierda! —murmuré entre dientes, sin poder evitarlo.Sofía, que estaba a mi lado, me miró con preocupación.—Creo que mi hermano está con Serena —susurró en voz baja.Desde que me convertí forzosamente en la Luna, todo había cambiado entre Sofía, la princesa de la manada, y yo, una simple esclava. El consejo de ancianos exigió que cumpliera mi papel, aunque nunca hubo una ceremonia. Pero el Alfa ya me había marcado aquella noche de luna llena.Respiré hondo, tratando de ahogar el dolor. Nunca es tan fuerte, así que sé que no es sexo… pero igual duele, y mi corazón se resiente.—Estoy bien. Lleva los papeles a la oficina y habla con el Beta para que organicen la ayuda en la frontera —dije con una sonrisa forzada.Sin esperar respuesta, giré sobre mis talones y me dirigí al despacho de Magnus. El supuesto todopoderoso.