15Evelyn Cuando me senté frente al hombre, él seguía en silencio, observándome con un brillo frío en los ojos. No aparté la mirada. El aire a nuestro alrededor olía a madera vieja, licor fuerte y algo más: un olor terroso, salvaje, con un matiz metálico que reconocí de inmediato. Un oso. Un cambiaformas de oso.—Estás lejos de casa, lobita —dijo con una voz profunda y rasposa, como si cada palabra le costara esfuerzo.No reaccioné. No podía permitirme mostrar debilidad.—Necesito información —respondí con calma, apoyando los codos sobre la mesa de madera gastada—. Me dijeron que eres el indicado.Sus labios se curvaron en una sonrisa que no me gustó en absoluto. Era la sonrisa de un hombre que disfrutaba jugando con su presa antes de destrozarla.—Toda información tiene un precio —dijo deliberadamente despacio.Tomó un trago de su bebida ámbar sin apartar su mirada de la mía. Lo observé con atención: al menos dos metros de altura, barba desaliñada, cabello enmarañado y unos o
16 Evelyn Desperté con un latido doloroso en la cabeza, como si alguien estuviera golpeando mi cráneo con un martillo. Diosa, esto duele. Intenté moverme, pero mi cuerpo estaba pesado, torpe. La boca me sabía a polvo, pastosa, seca. Tenía sed. —Fuiste drogada anoche —dijo una voz familiar. Parpadeé y vi a Fiorella, sentada a mi lado con los brazos cruzados y el ceño fruncido. —Le pusieron matalobos a la bebida para bloquear a tu loba. La información cayó sobre mí como un balde de agua helada. Mina. Cerré los ojos y traté de alcanzarla, pero solo sentí un vacío, una desconexión aterradora. —Mierda —susurré, pasándome una mano por la cara. Me incorporé con esfuerzo mientras Fiorella me pasaba uno de sus brebajes. Lo bebí sin cuestionarlo, y la niebla en mi cabeza comenzó a disiparse. —Ayer me vi con un cambiaformas —le expliqué con la voz rasposa—. Quería saber más de esos que me atacaron… y de los que quemaron la juguetería. Fiorella apretó los labios, con esa ex
17EvelynEl pasillo estaba silencioso y yo perdía mi paciencia.—Déjate de tonterías —dijo Magnus, y sus palabras nos dejaron a las dos sorprendidas. “Dos defensas en menos de un mes… ¡Nuevo récord!” pensé en silencio. —Pero Magnus… —quiso decir más, pero una mirada furiosa de Magnus la detuvo.—Bueno, si no hay nada más, me iré —dije, convencida de que estos dos solo traían problemas. Hice mi mayor esfuerzo por suprimir la conexión que, a veces, parecía inevitable y seguí caminando, decidida a alejarme de ellos.Mientras avanzaba, murmuraba para mí misma: —Solo traen problemas…Y fue entonces cuando me encontré con Orión. —Luna —dijo una voz a mi espalda, cargada de respeto, dirigiéndose a él. —Beta, Orión —agregué con un pequeño asentimiento, reconociendo la tensa complicidad entre nosotros.Sin embargo, cuando ya había pasado por su lado me detiene—Luna Evelyn —llama en voz baja y me detuvo, me giré para enfrentarlo. —¿Necesita algo, Beta Orión? —pregunté con voz suave, pe
18MagnusLa vi irse, y en ese instante algo en mi interior se removió. Sentí cómo Cerverus, mi lobo leal, se mostraba cada vez más gruñón. Cuanto más me alejaba de mi compañera, más notaba que Cerverus rechazaba a Serena con un aire de molestia. La observé, y ella se aferró a mi brazo, sus ojos buscando en los míos una respuesta.—¿Cerverus me está gruñendo? —preguntó Serena, parpadeando de forma coqueta.—Sí, aléjate mientras no pueda controlarlo —le dije en voz baja, apartándola suavemente de mí. La vi hacer pucheros, una mueca que mezclaba su habitual capricho con una pizca de frustración. Serena siempre había sido así, nunca satisfecha, y eso irritaba a Cerverus… y últimamente, también a mí.De pronto, una acusación rompió el tenso silencio:—Magnus, ayer esos renegados murieron de forma extraña. Creo que fue ella. Todo apunta a ella —escuché, y las palabras resonaron como un puñal en mi interior.Mi voz se volvió más gruesa, mis músculos se tensaron con el peso de la rabia conte
19MagnusHabía llegado bañado en sangre, ignoré a todos y me bañé para caer desplomado en mi cama...La luna iluminaba la cabaña, filtrándose a través de las cortinas desgarradas. Yo estaba sentado en el borde de la cama, observando a Evelyn dormir. Su respiración era tranquila ahora, pero no podía olvidar lo que había pasado.Su loba Mina había tomado el control cuando la encontré inconsciente en la frontera, su cuerpo impregnado con el olor de esos malditos. El deseo de sangre había sido inmediato, pero la necesidad de protegerla fue más fuerte.Evelyn se removió entre las sábanas, su frente fruncida en una expresión de incomodidad. No lo pensé y alargué la mano, apartando un mechón de su rostro.—Estás a salvo. —Mi voz fue un susurro, aunque sabía que ella no podía escucharlo en su estado.De repente, los ojos plateados de Evelyn se abrieron de golpe. No estaba despierta del todo, pero su mirada se clavó en él, como si sintiera su presencia incluso en sueños.—Magnus… —Su voz fue
20EvelynEstuve encerrada con las niñas en mi cuarto, sin permitir que nadie entrara salvo Annie, quien venía de vez en cuando a traernos comida. Mientras acomodaba a las pequeñas, escuché que se acercaba la voz de Annie, trayendo una bandeja llena de galletas de avena con chispas de chocolate para la merienda.—¿Siguen afuera? —pregunté, con cierta inquietud.—Siguen afuera… el alfa Nyx está tratando con ellos, pero… —Annie bajó la mirada, y en un susurro algo tembloroso me explicó.Su tono y su nerviosismo me hicieron sentir que algo muy malo estaba a punto de suceder. No pude contener la ansiedad. Me levanté, dejé a las niñas a salvo en su rincón y me acerqué a Annie, con el rostro marcado por la preocupación.—La turba exige que el alfa te rechace y te exilien de la manada —me dijo en voz baja, casi como si temiera ser escuchada.—Creo que… creo que debo alejarme. Si me exilian, me alejarán de las niñas, y ¿quién las va a proteger de esa maldita Serena? —Mi mente giraba a mil por
21MagnusUn dolor punzante me despertó, dejándome jadeando en la penumbra. Con un esfuerzo desesperado intenté levantarme de la cama, pero la debilidad me traicionó y caí al suelo, sintiéndome miserable. Arrodillado, jadeaba, suplicando oxígeno, mientras mi lobo en mi mente rugía, adolorido y enfurecido.Dentro de mi mente resonaban las palabras: “¡Eres un imbécil, idiota!” me regañaba totalmente fuera de sí.El eco de ese grito interno me dejaba sordo, como si cada palabra perforara mi ser.Entre la agonía, apenas pude pronunciar un débil: —Evelyn… Sin comprender del todo lo que sucedía, el peso de la traición se hacía insoportable. Nos rechazó… Mina se había ido, y mi lobo, como un cachorro perdido, lloriqueaba con voz quebrada: “Te odio…”Horas transcurrieron en esa penumbra de dolor y soledad, hasta que, finalmente, logré recomponerme un poco. Fue en ese silencio, cuando el dolor parecía haber cedido su manto, que escuché, casi imperceptible, el golpeteo de alg
22EvelynMe sentía cansada, pero por las niñas era mejor continuar. Ya habíamos cruzado dos límites de manadas de lobos y, si mis cálculos no fallaban, estábamos cerca de los límites de otra. Sin embargo, esta era bastante hermética y desconocida por todos, así que debíamos ser cautelosos.—¿Cuánto falta para la próxima manada? —preguntó Annie.—Al menos unos doscientos kilómetros —respondí, apoyándome en un árbol.Las niñas jugaban felices cerca de un arroyo. Nos abastecimos de agua y decidimos descansar unas horas.—¿Crees que nos estén buscando? —preguntó con algo de cautela.—No lo creo, no somos tan importantes —me encogí de hombros—. Deben estar de fiesta.Cuando estábamos por irnos, el crujir de ramas secas llamó mi atención. Una mujer mayor emergió tambaleante de entre los árboles, con la ropa hecha harapos, el cabello mugroso y el rostro cubierto de suciedad. Sus pies descalzos dejaban un rastro de sangre en la tierra.Tropezó y cayó pesadamente al suelo.—¡Ayuda...