CamilaEstaba guardando mis cosas en el bolso, lista para salir de la oficina lo más rápido posible.El día había sido largo, entre el trabajo y ese pasante, Joaquín, que seguía rondando por mi cabeza más de lo que quería admitir. Pero no tenía tiempo para pensar en eso.Amy y Nathan me esperaban en casa, y después del desastre del desayuno, al menos quería arreglarles la cena.Justo cuando estaba a punto de salir, sentí una presencia incómoda detrás de mí; Ramiro. Mi estómago se revolvió automáticamente.Me giré, encontrándolo con su típica sonrisa de medio lado, esa que siempre me daba escalofríos. El tipo no conocía los límites, y yo ya estaba cansada de sus constantes insinuaciones.—Camila —dijo, su voz impregnada de esa falsa amabilidad que usaba cuando quería algo, —vamos a tomarnos unos tragos con los muchachos. ¿Por qué no te unes? Te haría bien relajarte un poco.Lo miré, negando con la cabeza casi de inmediato. Ni en sueños. La idea de compartir una mesa con Ramiro, de tene
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