Início / Romance / Un CEO en apuros / Capítulo 8: Misión de infiltración
Capítulo 8: Misión de infiltración

Joaquín

Me levanté temprano, mucho antes de que el sol saliera, y caminé hacia la oficina con una sola cosa en mente: descubrir quién estaba saboteando a la empresa desde dentro.

El día anterior había sido un desastre, con Felipe riéndose en mi cara cuando le mencioné que varios empleados llegaban tarde y otros parecían más interesados en charlar que en trabajar.

"Esa es tu misión, pasante, descubre al traidor", me había dicho, con esa sonrisa molesta que me dejaba con ganas de golpear la mesa cada vez que hablaba con él.

Y así, había decidido tomarme el asunto en serio.

Muy en serio.

Entré a la oficina a las 7:30 en punto, antes que nadie, y me acomodé en un escondite improvisado.

Pero ese día, no iba a ser un simple pasante.

Ese día era un espía encubierto.

Sacudí el polvo de una vieja libreta que había encontrado en el cajón y un bolígrafo que había robado del escritorio de Ramiro (por alguna razón, me daba satisfacción haberle robado algo, aunque fuera una tontería).

Hoy comenzaba la misión.

Me quedé cerca de la puerta, lo suficientemente lejos para no ser obvio, pero con una vista perfecta de la entrada. Saqué la libreta, abrí la tapa y escribí en la primera página, subrayando el título varias veces para darle más dramatismo:

"Operación Traidor."

Y así, esperé.

8:00 am.

Los primeros empleados comenzaron a llegar. Laura, del equipo de contabilidad, fue la primera en aparecer, con una taza de café en la mano y la cara de alguien que no había dormido bien. Me incliné sobre la libreta y anoté:

Laura - a tiempo. Bebiendo café como si no hubiera dormido. Sospechoso.

8:15 am.

Un pequeño grupo de empleados de ventas llegó juntos, riéndose y comentando algo sobre la noche anterior.

Anoté:

Grupo de ventas - potenciales saboteadores. Risas sospechosas.

Empezaba a notar que, si bien la mayoría llegaba a tiempo, muchos de ellos parecían demasiado relajados. Como si esto fuera un club social, no una oficina.

8:30 am.

Ya había pasado media hora desde la hora oficial de entrada, y mi atención estaba al máximo. Mis ojos volaban de un lado al otro, buscando cualquier señal de mal comportamiento. Fue entonces cuando llegó Ramiro, con esa sonrisa arrogante de siempre, saludando a todo el mundo como si él fuera el jefe de la oficina.

—¿Qué tal, pasante? —me dijo con una palmadita en la espalda que, si fuera más fuerte, me habría tirado de la silla.

Lo vi pasar hacia su escritorio, donde se acomodó con una facilidad pasmosa. Anoté rápidamente:

Ramiro - a tiempo, pero con exceso de confianza. Posible traidor.

8:45 am.

Ya empezaba a notar un patrón. La mayoría de los empleados llegaban a tiempo, o al menos lo intentaban, pero algunos tenían esa energía de "estoy aquí solo porque me pagan". Y justo cuando estaba a punto de cerrar la libreta para enfocarme en otra cosa, la puerta se abrió, y vi a Camila entrar.

Miré el reloj.

Cuarenta y cinco minutos tarde.

Me enderecé en mi silla, mirando cómo Camila se deslizaba hacia su escritorio con la misma actitud tranquila y despreocupada que había visto el primer día.

Ni siquiera parecía apurada, como si llegar tarde fuera algo perfectamente normal para ella. Eso, definitivamente, era un problema.

Saqué la libreta de nuevo y anoté con una letra grande y clara:

Camila - SIEMPRE TARDE. Posible espía… ¿O simplemente mala para los horarios?

Estaba tan concentrado en lo que escribía que no me di cuenta de que Felipe había aparecido detrás de mí.

—¿Qué haces? —me preguntó, su voz demasiado cerca de mi oído.

Di un salto en la silla, tratando de disimular la libreta, pero ya era demasiado tarde. Felipe había visto todo.

—¿Es una lista de empleados? —preguntó, claramente divertido.

Cerré la libreta de golpe y la metí en el cajón más cercano.

—Es... un seguimiento —respondí, intentando sonar profesional. —Estoy... observando. Vigilando quién podría estar... saboteando la empresa.

Felipe se echó a reír, una carcajada tan fuerte que varias personas en la oficina levantaron la vista. Me sentí como un idiota, pero no iba a retroceder. Esto era serio. O al menos lo era para mí.

—Vigilando, claro... —dijo, dándome una palmada en el hombro. —Bueno, pasante, suerte con eso.

Lo miré con el ceño fruncido mientras se alejaba riendo.

"Sí, claro, Felipe, ríete todo lo que quieras." Pero si nadie más se estaba encargando de descubrir quién estaba traicionando a la empresa, lo haría yo.

Volví a abrir la libreta, decidido.

Camila seguía siendo la más sospechosa, sobre todo porque no había mostrado ninguna preocupación por llegar tarde dos días seguidos. Y ahora que la observaba con más atención, me di cuenta de que no solo llegaba tarde, sino que también parecía demasiado relajada, como si no tuviera nada de qué preocuparse. Eso me intrigaba.

9:00 am.

El día seguía, y mi libreta ya estaba llena de pequeños detalles. Nadie era inocente en mi lista. Estaba claro que algo raro pasaba en esta oficina, y yo iba a descubrir qué era.

Mientras tanto, observaba de reojo a Camila, anotando cada pequeño detalle. Y aunque no quería admitirlo, había algo en ella que no encajaba con el resto. Y no solo por sus llegadas tarde.

Operación Traidor seguía en marcha, y aunque Felipe se había reído de mi "investigación", yo no pensaba tomarlo a la ligera. Después de todo, alguien estaba saboteando la empresa, y si nadie más lo veía, era mi deber descubrir quién.

Mi enfoque volvió a Camila. Era la única que había llegado tarde ese día. Eso la hacía, sin lugar a dudas, la principal sospechosa. Además, me inquietaba su habilidad para actuar como si nada le afectara. Mientras los demás corrían de un lado a otro, ella se movía por la oficina con esa calma suya, como si estuviera en su propio mundo.

10:15 am.

Camila estaba sentada en su escritorio, concentrada, o al menos eso parecía. La observé de reojo mientras ella revisaba unos papeles. No había hecho comentarios sobre su llegada tardía, y nadie parecía mencionarlo, lo que solo aumentaba mis sospechas.

Camila - Increíblemente tranquila después de llegar tarde. Posible agente doble.

Anoté en la libreta, convencido de que estaba en algo.

De repente, vi algo. Camila abrió el cajón de su escritorio, sacó algo pequeño y lo puso rápidamente en su bolso. ¿Contrabando?

Me incliné hacia adelante, intentando ver mejor.

¡Era una manzana! Solté el aire que había estado conteniendo.

Camila - Contrabando de comida. Muy sospechoso.

—¿Qué haces, Joaquín? —dijo una voz a mi lado. Laura de contabilidad estaba parada frente a mí, con una carpeta en la mano. Me sobresalté, cerrando la libreta de golpe.

—Nada —dije, demasiado rápido.

Laura frunció el ceño, desconcertada por mi comportamiento.

—¿Estás anotando cosas? —preguntó, mirando hacia la libreta como si intentara ver a través de la tapa.

Me incliné hacia atrás, tratando de sonar despreocupado.

—Solo... notas para el trabajo —respondí, con una sonrisa que ni yo me creí.

Ella me miró por un momento más, sin entender qué estaba pasando, y luego encogió los hombros y se fue.

"Eso estuvo cerca." No podía permitir que los empleados descubrieran mi misión.

Necesitaba ser más discreto.

Abrí la libreta con cuidado, mirando alrededor para asegurarme de que nadie estuviera cerca, y anoté en letras pequeñas y rápidas:

"Comprar equipo de espía. Buscar cámaras ocultas, micrófonos pequeños y bolígrafos con grabadora."

Me detuve un segundo y volví a subrayar la palabra "discreto" varias veces, porque obviamente, esto ya estaba tomando otro nivel.

Si alguien llegaba a descubrirme, la operación sería un fracaso. Felipe se reiría de mí, y Camila seguramente haría algún comentario irritante, algo como "te dije que el pasante era raro".

Volví a cerrar la libreta con un golpe suave, satisfecho con mi plan. Esto ya no era un simple trabajo.

Esto era una misión de infiltración de alto riesgo.

Y si iba a hacerlo bien, necesitaría las herramientas adecuadas. Tal vez una de esas gafas con cámaras espía... ¿y si también agregaba un reloj con láser?

Sí, un verdadero espía necesitaba el mejor equipo.

—Ya verás, Felipe, seré el mejor pasante-espía que has visto —murmuré para mí mismo, con una sonrisa de satisfacción.

Continue lendo no Buenovela
Digitalize o código para baixar o App

Capítulos relacionados

Último capítulo

Digitalize o código para ler no App