Capítulo 35. La molestia de Dante.
DanteEl pasillo olía a pólvora y mentiras. Apreté el teléfono contra el oído, la quinta llamada fallida a mis contactos. Nada. Ni rastro de Trina en los registros de vuelo, ni en los muelles, ni en las cloacas donde solíamos esconder a los traidores. El zumbido del tono de espera se mezcló con el crujir de botas acercándose. —¿Y? —pregunté a punto de explotar de furia —No me importa cuánto cueste, quiero información sobre Trina, y la quiero ya —gruñí, mi tono cargado de impaciencia—. Se suponen que son los expertos, los más experimentados, y una párvula se les desapareció en las narices. ¡Son unos idiotas!“Con todo respeto, pero Trina no es cualquier persona, es la hija, hermana, nieta de los mafiosos más peligrosos que he conocido, no la subestimes”, respondió Nikolai “Yo estaría preocupada por la persona que piense que va a poder con ella, es fuerte e ingeniosa”.Sus palabras me golpearon como un puño en el estómago. Tenía razón, maldit4 sea. Trina era más peligrosa de lo que ap
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