Todos los capítulos de LOS HEREDEROS DE LA MAFIA. Legado de la mafia.: Capítulo 41 - Capítulo 50
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Capítulo 41. La voluntad quebrada.
TrinaEl frío del suelo de concreto se filtraba a través de mi ropa rasgada, pegándose a mi piel como una segunda capa de miseria. Llevaba tres días encerrada en aquella celda, tres días en los que el tiempo se había vuelto una tortura lenta y agonizante. El olor a humedad y podredumbre era constante, mezclado con el hedor de mi propio sudor y la sangre seca que se había quedado pegada a mis heridas. Cada respiración era un recordatorio de que estaba viva, aunque a veces me preguntaba si eso era una bendición o una maldición.Los guardias no me trataban como a un ser humano. Me lanzaban la comida al suelo, como si fuera un animal, y se reían cuando me veían arrastrarme para recoger los trozos de pan duro y los restos de agua sucia que dejaban caer. Para bañarme, simplemente arrojaban cubos de agua fría a través de los barrotes, riéndose mientras yo me estremecía bajo el chorro helado. No me daban suficiente para comer, apenas lo necesario para mantenerme con vida, pero no para mant
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Capítulo 42. Sabes elegir bien, pajarito.
Trina—Nadie te tocará de nuevo —siseó, su voz, un susurro cargado de promesas oscuras—. Lo juro.Pero yo no quería sus juramentos, no los creía, tampoco deseaba su protección. Lo único que quería era venganza. Vengarme de él por todo lo que me había hecho, por todo lo que me había quitado. Y Dominic, aunque no lo sabía, acababa de darme la herramienta para conseguirlo.—No necesito que me protejas —susurré, mi voz ronca, pero firme—. Ahora solo necesito que te apartes de mí camino.Dominic no respondió de inmediato. Sus ojos oscurecieron, clavándose en los míos con rabia. Finalmente, asintió, un gesto casi imperceptible.—No voy a suplicarte, Trina, no ha nacido la primera persona a quien yo me le arrodille y no voy a empezar contigo. Más bien agradece que te salvé de esos hombres, porque de lo contrario habrían abusado de ti —murmuró malhumorado.—¿Es en serio, Dominic? Agradecerte a ti es como si un pájaro le agradeciera a quien lo enjauló. Así que no vengas a darte de héroe para m
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Capítulo 43. No obedezco a nadie.
Caminé por el pasillo con el corazón latiendo a toda velocidad, mis pasos resonando en el silencio opresivo de la mansión. Lo que acababa de ver me había dejado con una sensación extraña, una mezcla de rabia, incomodidad y algo más que no quería reconocer. Las imágenes de Dominic con esas mujeres se repetían en mi mente, como una película que no podía detener. Los gemidos, los cuerpos entrelazados, la crudeza de la escena... todo se mezclaba en mi cabeza, creando un caos que no sabía cómo manejar.Cerré los ojos por un momento, apoyándome contra la pared fría. Por un instante, me imaginé a mí misma en el lugar de esas mujeres, sintiendo las manos de Dominic en mi piel, su respiración caliente en mi cuello. La idea me sacudió como un golpe, haciéndome abrir los ojos de golpe y negar con fuerza.—Estás loca, Trina —murmuré para mí misma, apretando los puños—. Nunca... nunca estarás con ese idiota.Me dije tratando de convencerme a mí misma.Pero la imagen con él persistía en mi cabeza,
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Capítulo 44. Otra jugada en su juego.
DominicMe quedé en la habitación, fumando en silencio mientras miraba la ciudad a través de la ventana. La escena que Trina había presenciado seguía dando vueltas en mi mente, como un eco que no podía silenciar. No debería importarme. Por supuesto que no debería importarme lo que ella pensara o sintiera. Pero lo hacía. M4ldita sea.Apreté el cigarrillo entre mis dedos, sintiendo cómo el calor quemaba mi piel. No podía permitirme distraerme. Trina era solo una pieza de mi venganza, a quien debía doblegar como fuera. Sin embargo, había algo en ella, algo que me atraía de una manera que no podía explicar.Cerré los ojos, tratando de concentrarme en el plan. Tenía que quebrarla, tenía que hacerla entender quién era el verdadero dueño de este infierno. Pero no iba a ser fácil. No con ella.Con un suspiro, apagué el cigarrillo y me alejé de la ventana. ¿Qué estaría buscando ella en esta habitación? Me sonreí al imaginar lo que estaría pensando, después de todo era solo una niña mimada, q
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Capítulo 45. Tu palabra vaya por delante.
TrinaEl beso de Dominic era como una tormenta, arrasándolo todo a su paso. Sus labios, duros y exigentes, me obligaban a responder, a rendirme a una fuerza que no podía controlar. Mis labios ardían, la furia y el deseo chocaban como dos titanes dentro de mi pecho. Dominic besaba como si estuviera reclamando algo que ya le pertenecía, como si el universo mismo lo hubiera convencido de que yo era suya.Y durante un segundo, m4ldita sea, casi lo creí.El calor de su cuerpo me envolvía, su mano firme en mi cintura, la otra sujetándome la nuca con la fuerza de un amo que no aceptaba desafíos. Su lengua rozó la mía con una agresividad que me hizo jadear, y en ese instante, sentí cómo mi voluntad vacilaba.Incluso, por un momento, me dejé llevar. Mi cuerpo, traicionero, se inclinó hacia él, mis manos aferrándose a su camisa como si fuera la única ancla en medio de un mar embravecido. Sentí su mano deslizarse hacia mi trasero, apretándolo con firmeza, acercándome más a él. Cada movimiento
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Capítulo 46.  ¿Cuánto valía su palabra?
TrinaMe quedé sentada en la cama, con la vista clavada en la puerta rota, sintiendo una mezcla de rabia e incertidumbre. Sabía que había jugado con fuego, que mis palabras habían sido un desafío directo, pero no me arrepentía.No le iba a dar el poder de doblegarme.Aun así, el miedo se instaló en mi pecho como una sombra implacable.Sus últimas palabras resonaban en mi cabeza como un eco perverso. "Qué conste que tú lo pediste."No sabía qué significaba, pero cada fibra de mi ser me decía que no era nada bueno.Esa noche no dormí.No podía.No solo porque su amenaza seguía clavada en mi mente como una espina envenenada, sino porque la puerta destrozada era un recordatorio constante de lo vulnerable que estaba aquí. Cualquiera podía entrar. Cualquiera podía hacerme lo que quisiera.Me senté en la cama, con las rodillas dobladas contra el pecho y los brazos cruzados sobre ellas, mirando la puerta con los ojos abiertos de par en par.Mi orgullo me impedía admitirlo, pero estaba asustad
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Capítulo 47.  Un dios del caos.
TrinaDominic recorrió mi rostro como buscando algo, yo no le bajé la mirada, lo observé de manera retadora.Por un momento, pareció dudar, como si no supiera qué hacer conmigo. Pero entonces, esa duda se desvaneció, reemplazada por una determinación feroz.—Vas a aprender, Trina —dijo, su voz baja, pero llena de promesas oscuras—. Vas a aprender quién manda aquí, ya que no lo quisiste hacer por las buenas, lo harás por las malas. Vas a terminar suplicándome piedad.—Ya veremos, Dominic —respondí, mi voz llena de desafío—. Ya veremos quién termina aprendiendo de quién.Él me miraba como si esperara algo.Como si estuviera esperando que me rindiera.Sonrió, con diversión.Y supe en ese instante que él pensaba que iba a suplicarle.Que iba a arrodillarme frente a él como esas mujeres.Que iba a rogarle.La rabia explotó en mi pecho como dinamita.Pero estaba equivocado. No iba a darle ese placer. Nunca.Así que me sonreí con malicia a carcajadas, la risa se me escapó de los labios antes
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Capítulo 48. Un demonio disfrazado de hombre.
TrinaEstaba anonadada con todo lo que estaba pasando; en su expresión no solo brillaba la furia, sino también un atisbo de diversión.Él estaba disfrutando esto.Se levantó de su asiento con la elegancia letal de un depredador acechando a su presa.Las sumisas a su alrededor se hicieron a un lado, bajando la mirada como si no quisieran ser testigos de lo que venía.Mis piernas se sintieron de repente débiles. No por miedo, sino por la intensidad de la mirada que me taladraba desde el otro lado de la habitación.Dominic descendió los escalones con calma, sin apartar sus ojos de mí.Pasó junto a los cadáveres sin siquiera pestañear, como si fueran nada más que muebles rotos.Yo, en cambio, no podía apartar la mirada de los cuerpos.La sangre se extendía sobre el suelo como un río oscuro, brillante bajo las luces del lugar.El rubio con el cuchillo en el ojo aún se movía levemente, espasmos involuntarios recorriendo su cuerpo mientras la vida se le escapaba en un último suspiro.—¿No ib
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Capítulo 49. Dilo o me detendré aquí mismo.  
TrinaLa oscuridad era mi única compañera. La venda sobre mis ojos me mantenía sumergida en un mundo sin forma, donde cada sonido, cada roce, se convertía en una amenaza. Podía olerlo. Estaba segura de que era Dominic, aunque se negara a hablar. Su aroma a cuero y colonia cara se mezclaba con el aire, envolviéndome en una nube que no podía evitar inhalar. Era un olor que ya asociaba con el peligro, con la dominación, con él. Pero se negaba a emitir una palabra, aunque no había necesidad. Su presencia era suficiente para hacerme sentir vulnerable, expuesta.Escuché el crujido del colchón cuando se recostó a mi lado. Enseguida sentí su calor cubriendo mi cuerpo. No me dio tiempo a reaccionar cuando sujetó mis manos y las ató con unas esposas a la cabecera de la cama.No pude evitar tensarme, y un ligero temor se abrió paso en mi interior. Intenté moverme, tratando de liberarme, pero las esposas no cedieron. El frío del metal se clavó en mis muñecas, recordándome que no tenía escapator
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Capítulo 50. La caída del pajarito.
DominicMierda. Mierda. Mierda.La palabra resonaba en mi cabeza como un eco, pero no podía detenerme. No quería detenerme. La sensación de su cuerpo alrededor del mío era demasiado perfecta, demasiado intensa. La estrechez de su interior, esa barrera que acababa de romper, confirmó lo que ya sabía desde el principio, Trina era virgen. Y ahora, era mía.Gruñí, un sonido bajo y gutural que escapó de mi garganta sin permiso. El placer que sentía era casi doloroso, como si cada embestida me estuviera desgarrando por dentro. Pero no me importaba. Nada importaba excepto ella, excepto este momento, excepto la forma en que su cuerpo se ajustaba al mío como si hubiera sido hecho para mí.A pesar de mi tamaño y que era su primera vez, solo se quejó cuando entré, pero luego fue como si encajara perfectamente conmigo. Cuando las mujeres con las que yacía se quejaban del dolor que le producía cuando entraba en ellas.—Mía —murmuré contra su cuello, mis labios rozando su piel mientras mis caderas
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