Capítulo 38. La mataré yo mismo.

Elizaveta

El frío del cañón de la pistola contra mi sien me heló la sangre. Dante estaba despierto, y no solo eso, estaba furioso. Sus ojos, oscuros como la noche, brillaban con una ira que prometía muerte.

Sus manos, fuertes y callosas, apretaban mi garganta con una fuerza que me hacía ver estrellas. Intenté hablar, pero solo logré un sonido ahogado, un gemido que se perdió en el aire cargado de tensión.

—Dante... —Logré rasgar, mi voz, apenas un susurro roto—. No... no estoy aquí para lastimarlos...

El acero de la pistola contra mi sien se sentía como si estuviera al borde de la muerte.

A pesar de mis palabras, Dante tenía la mirada inyectada de furia, sus pupilas dilatadas por la rabia y el dolor acumulado.

Aún no estaba completamente recuperado, pero eso no le restaba letalidad. Su mano me impedía respirar con normalidad.

—¡Cállate! ¿Crees que te voy a creer? —gruñó, cortándome antes de que pudiera seguir hablando.

Su dedo se tensó sobre el gatillo. Intenté hablar de nuevo, ten
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