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Capítulo 2: Tenemos que hablarlo para soltar.

--- Ana Teyssier ---

— ¿Ana Isabela Teyssier? – Escucho la voz de una mujer.

— ¡Sí! ¡Soy yo! — Respondo, levantándome del asiento para entrar al consultorio.

— ¡Pasa, querida, pasa! — Dijo la mujer frente a mí.

Entro y observo un consultorio lleno de plantas, lo cual me parecía un poco extraño, pero supongo que así son estos lugares donde pagas para que te escuchen.

Luego de la gran humillación que me permití vivir, mi madre habló seriamente conmigo, me pidió encarecidamente que buscara ayuda o ella misma lo haría por mí. Sé que para mi madre verme así, le duele y lo menos que trato es de notificarla, por esa razón, tal vez nunca le contaré todo. ¿Cómo le dices a tu madre que lo que ella nunca permitió, tú sí?

He sido pisoteada, humillada y muchas otras cosas más, según yo, en nombre del amor, uno en donde soy yo, el lado que más amó…

Cuando mi madre me vio en casa de Diego, supe que había tocado fondo, aún recuerdo que solo cogí la mano de mi madre y decidí que, desde ese día, haría todo lo que estuviera a mi alcance para olvidarme por fin de él. Habían sido al menos 7 años en los que, en mi mente, solo mantuve la esperanza de que Diego algún día me amaría, perderlo y significo, perderme a mí misma.

Regresando a mi cita con la psicóloga, no sabía por dónde comenzar, ¿Qué parte de mi vida debía comenzar a contarle? Así que, en un acto de sinceridad, finalmente hablé.

— Doctora, ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo decir? No tengo idea de por dónde comenzar…

— Vamos por el principio, ¿Por qué estás aquí, Ana? — Dijo ella sentándose y acomodándose una libreta en las piernas para escribir o tomar notas.

— Estoy aquí porque mi familia creer que necesito ayuda… — Digo un poco apenada.

Decir aquello me dolía, luego del escándalo en casa de la familia de Diego, las personas cercanas a mi familia o familiares cercanos piensan que soy una desequilibrada o simplemente me toman como una mujer obsesiva. De pronto sé que, culpan a mi madre, eso me molesta, ¡Por Dios, tengo 25 años! Yo sola me metí en este problema, no es necesario que la señalen por mis errores. - Pienso.

— ¿Por qué necesitas ayuda? – Pregunto ella con curiosidad.

— Bueno… La verdad es que… Me cuesta un poco hablar de lo que pasa, no sé ni por dónde comenzar.

- Cuéntame Ana, tenemos que platicarlo para soltar, sé que es difícil, pero si ya diste el primer paso, lo demás vendrá solo.

— ¿Por dónde comienzo?

- Por la parte que te sea más fácil.

Al decir aquello, lo medito un poco, luego, comienzo a hablar de aquello que sucedió hace un mes, aquí es cuando me doy cuenta de lo rápido que ha pasado el tiempo.

Luego de una hora contando todo tal como yo lo había vivido, termino hecha un mar de lágrimas, aún no puedo creer que todo haya escalado a tal grado.

— ¡Lamento mucho haber ido ese día! No sabe cuánto lo lamento, hoy día mi familia está preocupada por mí, no somos una familia de dinero, tengo un trabajo medianamente bueno; sin embargo, la madre y la novia de mi ex, me demandaron. – Digo sintiendo demasiada vergüenza.

— ¿Cómo? – Dice ella sorprendida.

— Ellas pusieron una demanda en mi contra por irrupción en propiedad privada e intento de homicidio, son abogadas y no se dé cuanta cosa más le agregaron a la acusación. Una de mis primas es abogada y como pudo tramito un amparo para que no lleve el proceso en libertad. – Digo llevándome las manos a la cara y soltándome a llorar aún más fuerte de lo que ya lo había hecho.

— Ana, todo tiene solución, sé que por el momento te sientes acorralada, pero no hay mejor remedio que hablarlo para soltarlo. Sé que ahora se ve todo gris, pero ya verás que conforme vayas soltando la pesada carga, poco a poco irás encontrando diversas puertas que puedas tomar. – Dijo mi ahora doctora, queriendo sonar comprensiva.

— Mi único error fue haber creído en Diego nuevamente, ¡Fui una completa idiota! ¿Verdad? – Digo con gran rabia en mi corazón.

- No, decir que eres idiota suena muy fuerte y no está bien decirlo, es solo que no has sabido cómo canalizar tu dolor, no has sabido cómo aprender a discernir lo bueno, de lo malo. Debemos trabajar, debes aprender a decir no y, debes aprender a decir adiós cuando así sea necesario.

--- Dos semanas después ---

Han pasado ya unos días desde que comencé las terapias, la doctora Enedina no ha resultado una loca, al contrario, parece ser una persona de confianza, aunque siendo sincera, en las sesiones me ha costado un poco hablar de Diego.

Si soy totalmente honesta, no he querido hablar sobre él, ¿La razón? Me da pena aceptar todo lo que viví a su lado. Diego fue un caballero para reconquistarme, no puedo negarlo, cuando nos volvimos a ver hace un año, yo era una mujer fuerte, me sentía orgullosa de mis pequeños logros, pero aún era muy crédula.

Fui una completa estúpida, solo bastó un café romántico, una larga charla, unas simples disculpas y palabras de arrepentimiento, para que yo le perdonara. No supe que en ese preciso momento, yo le estaba abriendo las puertas de mi vida y de mi corazón, al mismo demonio que me haría descender al infierno.

Diego Sánchez, podría ser todo un caballero para conseguir lo que quería, pero una vez que lograba su cometido, la fecha límite era de 3 meses, luego de ahí, él se convertía en un elegante y atractivo demonio, uno que se dedicaba a robarme el alma cada día. Incontables veces fueron las que él me humilló, me hizo menos, abusó de mí y sí, no puedo ocultarlo, me levantó la mano cada vez que no hacía lo que él quería.

Vergüenza, me da aceptar o reconocer que, desde que él se fue, mis días se volvieron planos, se pintaron de color gris. Me levanto por obligación, trabajo porque no tengo opción, me duele respirar, me cuesta vivir, lloro todas las noches abrazando su pijama, la cual aún conserva su aroma ligeramente.

Me duele en lo más profundo de mi ser, realmente me duele, no poder odiarlo, no poder olvidarlo, anhelo su presencia, anhelo el tiempo que pasamos juntos, no debería, pero lo hago. 

Extraño nuestras largas charlas donde la tarde noche se hacía corta y al final terminaba pidiéndole que se quedara. Adoraba nuestras pláticas de almohada, no era nada sexual, eran pláticas interesantes donde, con la oscuridad de esta alcoba, desnudábamos nuestra alma.

Estoy parada frente al espejo, veo mi semblante, luce cansado, demacrado, parece que me han caído como 10 años encima o más, me duele la cabeza, supongo que es el efecto de tanto llorar.

En días como hoy me digo, ¿Dónde ha quedado la mujer de 23 años que salió de su casa para ser independiente? De esa, no quedaba nada, ahora me daba miedo hacer las cosas que antes hacía sola, ir al cine, ir al café, comer sola, hacer el súper, realmente sí que soy una completa idiota e inútil.

Al llegar al trabajo, revisé mi correo y veo que R.H. notificaba que se había abierto una vacante como asistente del CEO con sede en Nueva York. Medio leí el correo, ya que siendo completamente honesta, de todas las asistentes, yo soy la más fea, ¿Quién contrataría a una asistente fea?

A la hora de la comida, mi amiga Soila pasa por mí y el tema de conversación es el correo enviado a todas las asistentes de gerencia.

— ¡Chiquita! ¿Qué pasa? ¿No te gusta la comida?

— ¡Estoy bien! La comida está bien... — Respondo, aunque la respuesta no la deja satisfecha.

— ¡Te noto pérdida! — Me dice con evidente preocupación.

— Estoy un poco cansada, no he podido dormir bien…

— ¿Ya preparaste tu hoja de vida? — Me pregunta, tratando de cambiar de tema.

— ¿Para? — Digo con duda.

— Amiga, el correo que mando R. H.

— ¡Ah! Si me pareció ver el correo, pero no estoy interesada.

— Chiquita, no es que quieras, es obligatorio, al parecer todas las asistentes de las diversas direcciones debemos participar.

— Mmm…

Cuando entre a esta compañía, esperaba que en algún momento se abriera una vacante en el área creativa, para que pudiera demostrar mis conocimientos como diseñadora gráfica, pero, aunque han existido oportunidades, nunca me han tomado en cuenta.

— ¿Realmente es obligatorio? — Pregunto a Soila un tanto dudosa.

— La orden viene desde el CEO en Nueva York y vaya que le va a cambiar la vida a quien sea seleccionada.

— Mmm… — Doy como respuesta a lo que mi amiga dice.

— Ana, sé que no estás pasando por un buen momento y te preocupa la demanda de esas mujeres. Pero ya verás que, en un tiempo, tú y yo, nos estaremos riendo de lo que estás viviendo ahora, seguramente nos burlaremos de Diego y de lo idiota que fue por dejarte.

— ¡Ojalá! Créeme que quisiera que el tiempo pase más rápido y ya hubieran transcurrido años, muchos años.

— Ya verás que cuando menos lo imagines, estarás conociendo a alguien más…  Prepara tu hoja de vida, no importa lo que pienses ahora, Ana, preséntate en la entrevista. ¿Quién sabe? ¡Tal vez tú podrías ser la afortunada!

— ¿Con mi suerte? ¡No lo creo! Si eso me pasara, ese mismo día me compro un boleto de lotería.

Llegando a mi lugar, busco el correo que habían enviado los de R.H. y si, efectivamente, la participación a la entrevista era obligatoria. Elabore mi hoja de vida lo más detallada posible, trabajar para mi jefe era duro, pero ahora que lo veía, me había dado la oportunidad de adquirir conocimientos en varios campos, esa hoja de vida ya no se veía tan escueta como cuando era practicante.

Hoy era viernes y después del trabajo fui a mi terapia, ahí por fin pude hablar un poco de Diego, le conté a Enedina como fue que comenzamos a vivir juntos y los montones de planes que habíamos hecho a futuro.

Le conté de cómo fue que de un día para otro él y su madre se apoderaron de mi apartamento, para Margarita, yo siempre fui menos, nunca fui suficientemente buena para su hijo, mi apartamento lo consideraba una pocilga. Tontamente, eso, cambió cuando Diego le dijo que ese apartamento él lo estaba pagando, yo no lo corregí porque en su momento justifiqué aquello con el hecho de que seguramente quería defenderme.

Le hable de que, actualmente, no me veía en una nueva relación, el solo hecho de imaginarme a lado de otro hombre, me dolía. Él pensar en que otro hombre me besara o tocara, me provocaba una gran tristeza, me daba la sensación de un gran vacío en mi corazón.

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