Capítulo 3: Sé que tiene potencial

--- Ana Teyssier ---

August Dominik Müller era considerado un hombre muy atractivo por todas las asistentes que trabajábamos para su compañía. No puedo negar que sí, coincido con ella, prácticamente el hombre es la fiel cara de la empresa, rasgos muy bien definidos, ojos verdes y claros, labios eran gruesos y llamativos, cabello corto, quebrado, rubio y muy bien peinado, aportaba un toque de elegancia y sofisticación.

Muchas agradecían cada vez que el hombre venía a la compañía, ver la cara bonita de la empresa, nunca estaba de más, es más, se extrañaba.

Se dice por los pasillos que, el hombre tiene un carácter difícil, incluso aquellos rumores han aumentado luego de su estrepitoso divorcio.

Profesionalmente, he tenido oportunidad de revisar con él, algunos temas de trabajo y a mí, personalmente, me ha dado la impresión de ser un hombre amable y hasta amigable.

Dominik como le dice mi jefe y la mayoría en la compañía, he de ser sincera, sí, efectivamente, se me hace un hombre atractivo, ni yo podría negarlo, aunque no creo que sea de mi tipo, ya que no me encantan los hombres tan güeros.

Hoy todo el mundo hablaba de su visita y no era para menos, hoy venía con la misión de seleccionar a la candidata perfecta para la vacante de asistente del CEO.

En fin, haciendo de lado todos aquellos cuchicheos del corredor, me enfoco en mi agenda, al parecer, el día de hoy pinta para ser muy tranquilo, lo cual no me agrada, los días tranquilos para mí son un suplicio.

Mil veces prefiero tener la cabeza llena de pendientes, que tener tiempo libre, ya que ese tiempo libre me da la oportunidad para traer a la mente recuerdos de mi vida con Diego. Evitando ello, me obligo a hacer cosas que por ahí he ido dejando pendientes.

El día se pasa un poco más rápido, de pronto, casi ya por terminar mi jornada, el teléfono suena y al contestar, mi panza siente una punzada que no logro descifrar.

El departamento de R.H. me acaba de pedir que vaya a la sala de juntas donde se encuentra Dominik Müller. 

Por alguna extraña razón me pongo nerviosa, tomo mi folder con la hoja de mi vida, llevo mis manos sudorosas y mi panza hecha un lío.

Antes de ir, decido pasar al tocador, la idea es lavarme las manos y revisar nuevamente mi apariencia, llegando ahí, me topo con algunas de las asistentes, la mayoría está cuchicheando como le fue en la entrevista, me ven y una de ellas me pregunta con curiosidad.

- ¿Ya pasaste?

- No… Apenas voy… - Respondo con un poco de nervios.

- ¡Suerte! A todas nos ha ido bien, por lo que no podemos decir quién será la afortunada, así que ¡Suerte! – Dice una de ellas, aunque sé que no es verdad.

- ¡Gracias! – Respondo amablemente.

La verdad es que solo voy por cumplir con la obligación, ¡Por Dios! Solo es cuestión de verme, yo no soy el tipo de chica que contratarían para ese puesto, no tengo una figura envidiable, piernas largas y cara de modelo de las demás asistentes.

Hoy he hecho un esfuerzo sobre humano para ocultar mis ojeras, mi piel marchita y reseca, no tendría cómo competir contra las ellas. Solo basta ver a la de finanzas o de administración, ellas sí que son una belleza ándate, incluso podrían pasar por modelos de pasarela.

La mayoría de las chicas que estaban en el tocador, salieron enamoradas de aquel hombre, no niego que es atractivo, para más de una es su amor platónico. Yo llevo años tratándole y le considero atractivo, pero repito, no es mi tipo.

Aunque hoy en específico, no entiendo por qué me siento tan nerviosa, es como si una parte de mí, quisiera que le fuera bien, pero la otra me dice, ni lo sueñes, corazón.

Al principio no le di mucha importancia al correo de R.H., pero el fin de semana me dio el tiempo para divagar e imaginar, ¿Cómo sería una vida en Nueva York? ¿Cómo sería volver a comenzar? ¿Cómo sería que nadie te conozca?

Si me fuera del país, podría poner una considerable distancia entre el recuerdo de Diego y yo. ¡Qué demonios estoy pensando! Esas cosas no le pasan a una chica como yo…

--- Dominik Müller ---

- ¿Y bien? ¿Has encontrado alguna candidata que se adapte a tus necesidades? – Me pregunta Mauro con gran interés.

Miro a mi amigo tratando de encontrar una respuesta que satisfaga su curiosidad.

- Sabes que soy un hombre complicado, la que elija, debe entender muy bien lo que necesito y el tipo de compañía que busco. — Respondo pensando en lo difícil que soy.

- Dominik, tu padre fue claro, debes elegir a una candidata que no te quieras coger, la última resultó ser toda una fichita y te demandó. – Dice mi amigo en tono de advertencia.

Mauro se la pasa recordándome aquel incidente, sinceramente, lo que sucedió, fue por despecho, fue porque aún no he podido superar mi separación con Martina. Tal vez quise darle celos, quise que viera que estaba siguiendo con mi vida, así como ella lo está haciendo.

- ¡Esa mujer…! Prefiero no recordarla, ya que de solo hacerlo, mi furia se dispara. Mira que inventarse un embarazo, contárselo a mi madre y padre, para luego decir que la golpeé para que perdiera al niño. Eso me metió en serios problemas con mi familia y ni se diga con mi exmujer. - Digo sin pensar dos veces en mi respuesta.

- Dominik, ¿Por qué le sigues dando explicaciones a Martina? Llevas 2 años divorciado.

La respuesta de mi amigo me deja con mal sabor de boca, sé que tiene razón, ya no debería darle explicaciones y ella no debería exigírmelas, pero así es nuestra relación.

Hay días en que se acerca como si nada hubiera pasado, como si no estuviéramos divorciados, incluso hasta hemos vuelto a dormir juntos en ocasiones, pero luego cambia de opinión, me aleja, me llama idiota, me dice que soy una m****a y que no tengo valor en su vida.

- Aún no supero nuestra separación… - Digo con sinceridad.

- ¿Por esa razón caíste muy rápido con tu asistente? - Pregunta Mauro tratando de parecer comprensivo.

- Ashley fue un momento de debilidad, no volverá a suceder… - Respondo apenado.

- ¡Claro que no! Ahora la asistente debe pasar por el escrutinio de tu padre, ¿Ya has podido pensar quién podría ser? – Pregunta con interés.

Soy un hombre de 40 años, divorciado y sin familia, que necesita de una asistente para sobrevivir, eso para mi padre, es la receta perfecta para el desastre.

- Tal vez tengo a una en mente, aunque aún me falta entrevistar a tu niña. - Digo inconscientemente.

Sé que sacar a relucir a Ana Teyssier, le molesta, pero para mí es una pequeña venganza a sus comentarios.

- ¿Ana? - Responde seriamente, sé qué di en el clavo.

Ana es una chica inteligente y servicial, sé que tiene potencial, pero por alguna extraña razón, no ha tenido oportunidad de mostrarlo.

- Sí, Ana, ¡Tú, Ana! – Digo seriamente.

- No creo que ella esté capacitada para el puesto, solo entrevístala por cortesía, aunque no creo que tenga lo que buscas…

Desde hace tiempo me he dado cuenta de que mi amigo, se siente atraído por Ana Teyssier, aunque no lo admite.

- Dices tú… Debo encontrar a una asistente a la que no me quiera coger, Ana para mí es una niña, tal vez podría funcionar…

- ¡Pues entrevístala! Pero dudo mucho que cumpla con tus expectativas.

- La entrevistaré y veremos qué pasa.

- Terminando esto, ¿Qué? ¿Vamos a cenar?

- ¡Claro! Ya solo entrevisto a tu niña y termino el día.

Al ver cómo mi amigo sale, me quedo pensando en algo que dijo y que se tiene razón. Ya no debería darle explicaciones a mi exmujer, pero aún siento como si fuera mi deber.

Martina ya tiene pareja, lleva año y medio, viviendo con alguien más, en ocasiones no logro entender cómo es que ella y yo a veces dormimos juntos. Ella tiene pareja, pero se acuesta conmigo, a veces, me pregunto:

- “¿Acaso habrá hecho lo mismo cuando estuvimos casados? ¿Acaso fue por ello por lo que decidió terminar lo nuestro así de la noche a la mañana?”

Yo sentía que todo iba bien, no supe ni el motivo, solo supe que ella ya no era feliz y, como no era feliz, era el momento de irse, al menos eso fue lo que me dijo.

Nuestro divorcio se llevó una parte de mí, se llevó mi alma, mi corazón y mi deseo de formar una familia, Martina era mi mundo, mi vida, mi todo.

Me duele creer que ella solo me usó, me duele pensar que se aguantó, solo para tener la residencia, fueron unos 5 años llenos de buenos momentos, o al menos, así lo veía.

Estaba perdido en mis recuerdos y remordimientos, cuando un par de toques en la puerta me devolvieron a la realidad.

- ¡Adelante! – Digo rápidamente.

- Ho… Hola, ¿puedo pasar? – Pregunta Ana educadamente.

- Adelante, toma asiento. - Digo mientras me acerco a ella.

Esa niña me recuerda a un conejo asustado, lo que me lleva a sonreír para mis adentros.

- Bien, Ana, veamos qué tienes. - Digo extendiendo mi mano para tomar su hoja de vida.

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