Liam entró al hospital con el corazón acelerado. Las paredes blancas y el olor a desinfectante parecían empeorar el nudo en su estómago. Mientras caminaba por el pasillo hacia la habitación de Nolan, no podía dejar de pensar en Alaia y en cómo todo se estaba desmoronando. Había venido a decirle a Nolan lo que iba a hacer, pero no estaba seguro de cómo reaccionaría él. Cuando llegó a la puerta de la habitación de Nolan, respiró profundamente antes de golpear suavemente. La puerta estaba entreabierta, y desde el umbral pudo ver a Nolan en la cama, su piel estaba pálida bajo las luces fluorescentes. Su hermano gemelo ahora estaba reducido a una sombra de lo que había sido, se veía frágil, pero aún así mantenía una expresión firme y decidida. Sus ojos, hundidos por la enfermedad, se entrecerraron al notar la presencia de Liam. —¿Qué haces aquí? —preguntó Nolan, con tono brusco y tenso. Liam se acercó y se sentó en la silla junto a la cama, sin desviar la mirada de su rostro dem
Liam estaba en pie, tenso, mientras escudriñaba la oscuridad fuera de la casa. La inquietud crecía dentro de él, y su instinto le decía que algo no andaba bien. No podía ignorar lo que había visto: esa sombra moviéndose rápida y furtivamente cerca de la ventana. Con un movimiento rápido, llamó a uno de los guardias de la manada que vigilaba cerca de la entrada.—Reúne a los hombres y peinen el área —ordenó Liam, manteniendo la voz baja pero firme—. No quiero que quede un solo rincón sin revisar. Hay alguien acechando.El guardia asintió y rápidamente se fue a cumplir la orden. Liam, por su parte, salió al porche y recorrió los alrededores de la casa con la vista, tratando de detectar cualquier movimiento o sonido que delatara la presencia de intrusos. Dentro, la tensión era palpable. Liam sentía el peso de la responsabilidad no solo sobre él, sino también sobre sus hijos, que dormían inocentes en el piso de arriba. Aún no podía sacudirse la sensación de peligro que flotaba en el air
Alaia entró al salón de la mansión con pasos rápidos y la respiración agitada. Apenas cruzó el umbral, se detuvo en seco al ver a Liam sentado en el sillón. Había algo diferente en su expresión; la preocupación dibujaba líneas profundas en su rostro, y Alaia, sabiendo que algo malo había sucedido, contuvo el aliento.—¿Qué ha pasado? —preguntó, adelantándose unos pasos.Liam levantó la vista y la observó, meditando sus palabras por un segundo antes de hablar.—Agnes atacó —dijo con un tono sombrío.El corazón de Alaia dio un vuelco. Sus pensamientos se dispararon inmediatamente hacia sus hijos. Un miedo visceral se apoderó de ella. —¿Pero cómo…?—Están bien, una especie de luz protectora los rodeaba. No les pasó nada —dijo él, con la mirada fija en otro punto del salón.El alivio fue inmediato, pero la confusión rápidamente lo reemplazó. ¿Una luz? Eso no tenía sentido. ¿Cómo era posible?Liam la miró con una ceja levantada, claramente desconcertado también.—¿Tienes algo que ver con
Alaia sentía que el mundo se desmoronaba a su alrededor mientras observaba a Nolan en ese estado, desplomado en el suelo del apartamento, su piel estaba pálida y el color en sus labios era apenas perceptible bajo una fina capa de sudor. La angustia la invadía, con una sensación abrumadora como si una mano fría le apretara el corazón, y su mente no podía dejar de preguntarse: ¿Será que ya está cansado de todo? ¿De la enfermedad, del dolor?La idea de que Nolan hubiera querido suicidarse le erizó la piel, y sintió que las lágrimas comenzaban a arderle en los ojos, mientras un nudo se formaba en su garganta, casi impidiéndole respirar.Sin perder tiempo, tomó su teléfono con manos temblorosas y marcó a emergencias, su voz era apenas un susurro desesperado mientras daba la dirección. Se arrodilló junto a él, colocó sus manos sobre el pecho de Nolan y comenzó a presionar, contando en voz alta mientras luchaba contra el pánico que amenazaba con desbordarla.—Vamos, Nolan, por favor… —murmu
El hospital olía a antiséptico y miedo. Alaia caminaba por el pasillo con pasos vacilantes, con sus ojos enrojecidos y la mente hecha un torbellino de pensamientos oscuros.Apenas unos minutos antes, el doctor Melrose había hablado con ella en la sala de espera, su expresión era grave al soltar las palabras que ahora se repetían en su cabeza como un eco sombrío.—Nolan está muy débil —había dicho algo menos formal—. Necesita cuidados constantes. Sería prudente considerar contratar una enfermera para que lo asista en estos... en estos últimos días.Las palabras "últimos días" la golpearon como un puño cerrado en el estómago, dejándola sin aliento. Sus ojos se llenaron de lágrimas antes de que pudiera detenerlas, y cuando el doctor hizo una pausa, Alaia no pudo contener el sollozo que brotó de su pecho, un sonido ahogado y desesperado.—No… no puede ser —susurró, sintiendo cómo las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas, sin control—. No puedo… no puedo permitir que Nolan termin
Alaia miró a Nolan, buscando alguna señal, algo que le confirmara que todo era un error, pero lo único que encontró fue la mirada extenuada de alguien que estaba al límite, pero no por voluntad propia.Las lágrimas volvieron a llenar sus ojos, esta vez por la confusión y la culpa que comenzaban a invadirla. ¿No había intentado suicidarse? ¿Entonces qué había pasado? —Nolan —dijo con voz suave, pero decidida—. ¿Qué era ese bote vacío que vi cuando te encontré?Nolan cerró los ojos un segundo antes de responder. Su rostro mostraba agotamiento, no solo físico, sino algo más profundo, como si estuviera cansado de una batalla que llevaba peleando demasiado tiempo.—Se me acabó el medicamento —explicó, sin rodeos—. Me sentía mal y... intenté levantarme para ir al botiquín. Pero las piernas no me respondieron, y caí.Alaia sintió un alivio inmediato al escucharlo, como si una pesada nube que cubría su pecho comenzara a disiparse. Al mismo tiempo, una sensación de vergüenza la invadió. ¿Cóm
El salón de reuniones del consejo de ancianos de la manada Silver Moon estaba impregnado de una tensión palpable. Las luces de la lámpara en las paredes arrojaban sombras vacilantes sobre los rostros de los presentes, creando un ambiente que parecía agobiar a todos menos a uno: Liam, quien se mantenía firme en el centro de la sala, con los hombros rectos y el rostro decidido. Frente a él, los miembros del consejo lo miraban con severidad, sus ojos estaban cargados de expectativas y desconfianza. Roldán, el lobo más antiguo y líder del consejo, fue el primero en romper el silencio, su voz grave resonó en la cámara como un trueno distante.—Liam, hijo de Silver Moon —comenzó, con su tono formal y frío—, este consejo te ha llamado a cuentas para que restablezcas el orden en la manada y recuperes a tu Luna. Agnes es nuestra Luna y, como alfa, es tu deber mantener la estabilidad.Liam alzó la vista, encontrándose con los ojos agudos de Roldán. La presión era casi tangible, pero su coraz
—No, no andamos juntos —replicó Nolan con frialdad—. Y te agradecería que te metieras en tus propios asuntos, Rebeca.La asistente parpadeó, sorprendida por la dureza de su respuesta, y retrocedió un paso, sintiendo el aire entre ellos volverse más denso.—Disculpe, doctor Nolan —musitó la asistente, azorada—. A veces soy muy imprudente.Alaia se disculpó en voz baja, ignorando la punzada en su pecho. Se despidió de la titubeante chica, tratando de alcanzar a Nolan.Cuando finalmente llegaron a la casa, el ambiente entre ellos era tenso, pero una vez dentro, Alaia comenzó a recorrer el lugar como si estuviera en su casa.—¿Qué crees que haces? —Nolan levantó una ceja al verla dirigirse a la cocina, con una desconfianza natural asomando en sus ojos.—Me encargaré de la cena —respondió ella, encogiéndose de hombros.Nolan se frotó la sien, sintiendo el martilleo de un dolor de cabeza que había estado ignorando durante horas. El cansancio era evidente en cada línea de su rostro.—Eres un