Narrado por Damián GoldsteinSu presencia es una distracción, y sus palabras son engaños. Desde que Leonora llegó a mi vida, nunca tuve que bajar la guardia ni ante su belleza, ni ante su espontaneidad, tampoco ante sus juegos infantiles. Las emociones son un lujo para la gente como yo. Querer sentir algo más allá de mi deber y propia preservación, se me está prohibido. Sus ojos, su calidez, su vulnerabilidad, deben ser una trampa. Nadie da nada sin un costo a cambio. Nadie actúa desinteresadamente y sin una agenda detrás de ellos. Pero… sus ojos, hay algo en sus ojos que me perturba, hay algo en su presencia que me impide concentrarme al estar ella presente. Era como si mi cuerpo tuviese memoria adherida a mis extremidades, como si mis manos quisieran tocarla; como si mis labios quisieran buscar los suyos. Pero en mi cabeza, en mi mente no hay recuerdos de nosotros siendo amantes por más que los quiera buscar. No hay nada. No importa de qué habla con el parásito, no importa las c
Nunca me he enamorado. Ni estoy enamorada de dos hombres al mismo tiempo. Tal presunción es una ridiculez que no tiene ni pies, ni cabeza. Pero si es así, ¿por qué me siento despechada de esta forma desde aquella fatídica mañana?Ha pasado una semana desde que Damián no me dirige la palabra, y ha hecho lo impensable, mudar mi escritorio de su oficina. ¿Impensable? No lo es. Impensable es que esta tontería me afecte. Yo no le fui “infiel” a Damián con Dan. Para comenzar, ni le debía fidelidad.A los únicos a los que le debía fidelidad, era a los Browns. A mí familia, y no estaba usando la información que Dan me daba de mala fe. Sólo era una herramienta para proteger a mi padre de Rowan. Con eso en mente, es que estoy citándome con el investigador con el que he estado trabajando. Lo invité a mi departamento para más privacidad.—Sobre Marisella, ha sido más simple encontrar información. Como puedes leer, allí está un resumen de lo que pude averiguar sobre sus últimos meses de vida — exp
Descubrir el pasado de mi padre, no estaba en mis cartas del año. No desde su propia boca, ni con semejantes revelaciones. Aunque no profundizó tanto en las explicaciones, la visión general me hizo comprender que mi corazón me decía la verdad. Mi padre no era un hombre malo, ni corrupto.Sin embargo, tampoco era un hombre cuerdo y al que le preocupase particularmente su seguridad. Saber que trabajó como agente, espía, carnada y que su retiro se dio por mi madre, me ha hecho sentir mareada. Muy mareada.—Entonces… ¿nadie de la familia sabe esto? — pregunto ya sentada en el balcón.Tuve que sentarme ante tales revelaciones. Hasta el momento sólo sabía que mi papá había sido la oveja negra de la familia, un rebelde sin causa y Marianne lo había reconvertido. El hombre que me crío siempre estuvo presente y tenía un trabajo rutinario, definitivamente no seguía siendo un personaje sacado de una película de acción.Él niega.—A excepción de tu madre, no. Parte del acuerdo de mi retiro, fue l
La música estridente, la gente saltando a mi alrededor y el alcohol que recorre por mis venas en esta fiesta no me hacen sentir como yo. Lo cual me fascina. ¡Esta es mi primera noche de locura y rebeldía! Acabo de graduarme de la universidad y estoy celebrando con mis amigas en este club playero en el corazón de Miami. —Estamos reunidas aquí para celebrar un momento triste y alegre al mismo tiempo. Nuestra Leonora abandonará el nido y se irá a trabajar a la ciudad que nunca duerme, Nueva York. A su salud — celebra Harper. Todas alzamos nuestros shots, los chocamos y bebemos hasta el fondo. Harper y Ava se ríen; a Sofía y Amy el tequila les está afectando. A mí solo me prende más, pido otra ronda de shots. —Lelo, ¿no crees que no deberías beber tanto? — aconseja Amy susurrándome al oído. Típico de Amy, mi mejor amiga y prima, cuidarme por ser la mayor. Pero lo que se le ha olvidado es que ya tengo 23 años de edad, soy una mujer legalmente y este es mi grito de libertad. —¡Quién ten
En mi estómago se mezclan los nervios usuales de un nuevo trabajo y las ansias por aprender lo más que pueda parada aquí, frente el gran rascacielos de Goldstein Investments. Entro en una recepción que no parece tener final y al anunciarme a la recepcionista me da un pase de entrada provisional que guindo de mi cuello. Llego al piso de recursos humanos y me dirijo a la oficina de la reclutadora, no sin antes darle una sonrisa breve a Amy. Ella me pica el ojo para continuar con lo que está haciendo en su escritorio, trabaja aquí, y fue quien me avisó que estaban buscando a más personal. Entro en la oficina, no soy la única nueva. Hay cuatro personas más junto a las que tomo asiento después de dar los buenos días. Desde aquí la reclutadora que se llama Natasha nos da una charla introductoria de la empresa, y su historia. Después habla independientemente con cada uno de los nuevos. Los asigna a que vayan a un piso diferente y hablen con los encargados. Yo soy la última que queda con ell
Bueno, actualización. Estoy en la calle actualmente después de haber sido escoltada por dos guardias de seguridad de la oficina de Damián Goldstein. El impacto de haber sido escoltada de un sitio como ese, es muy grande como para procesarlo rápido. La mirada del resto de los empleados viéndome con pena mientras todo esto ocurría y yo aguantándome las lágrimas, está para ese rincón de mi memoria en el que almacenamos los momentos más vergonzosos de la vida. En pleno shock es que he pedido un taxi, y en pleno shock es que la gente me pasa por el lado sin importarle a nadie quién soy. Nadie aquí sabe que soy Leonora Brown y que vengo de la familia que vengo. Chequeo la app para ver por dónde va mi taxi y viene tan lento por el tráfico, que me pongo a caminar para acercarme yo a él. Quise pensar por estos días que esa noche no había acontecido, que no me había acostado así de fácil con un desconocido y dejado seducir con palabras obviamente falsas de amor. Quise seguir con mi vida sin r
Se suponía que estaría abriendo mis alas en una nueva vida. No encogiéndolas ante la terrible vergüenza e ira que me está consumiendo. Ver al hombre con el que pase la noche más mágica que hubiese tenido, poniendo un rostro de absoluto pánico al recordárselo. El cambio de sus expresiones es tan drástico, que es doloroso. —Déjanos a solas — pide Damián imponente a Natasha. Si pienso que ella se negará, eso queda desestimado muy rápido. Natasha ya se está parando y esquivándonos para salirse de su propia oficina sin chistar. —Tómense el tiempo que quieran — se despide. Veo la puerta por la que se fue, después veo a Damián que va a sentarse a la silla de Natasha. Como si esta fuese su oficina, aunque si Rowan es su abuelo, y él tiene un puesto tan grande para la edad que aparenta, eso hace más sentido. No le calculo más de 30. —¿Todos tus empleados te temen? ¿Qué clase de jefe eres? — pregunto desconcertada. —Uno que no quieres tener. ¿Para qué la insistencia? — responde de mal hum
La vida corporativa no debería ser una novela. Es la única certeza que tengo en la cabeza mientras veo cómo esta mujer grita y se esfuerza para que no la saquen de la oficina. Ya no es un solo empleado, son dos los que la están jalando de la cintura para que no entré. Estoy, paralizada. —Muévete, yo llamaré — me gruñe Damián quitándome el teléfono de la mano y marcando — Suban, sáquenla ya. ¡No es a la señorita Leonor, es a otra más! ¡Apúrense! Ni puedo recordarle a mi odiado jefe que ese no es mi nombre, la mujer en cuestión demuestra tener la fuerza de un caballo. Se suelta de los hombres y viene a aferrarse a mi brazo. —¡Tienes que ayudarme! ¡Mi hijo no tiene la culpa de los errores de su madre! —Disculpa, pero yo no puedo ayudarte… — digo intentando que me suelte. Si espero que mi maravilloso jefe me saque a esta mujer de encima, me equivoco, él se levanta de la silla y nos da la espalda. Parece que se la pasa con migraña. —¡Sí puedes ayudarme! ¡Convéncelo de que se haga la