Dante la ayudó a girarse. Alzó su camisa hasta el principio de la columna vertebral y se maldijo al ver los moretones dispersos por su espalda. Colocó la pomada en sus manos y comenzó a esparcirla, recorriendo cada parte con cuidado. No pudo evitar estremecerse al sentir la suavidad de su piel. Su mente se nubló y sus ojos se oscurecieron, sintiéndose como un lobo hambriento ante su presa.Posteriormente, la ayudó a girarse para que se recostara. En el movimiento, sus frentes chocaron, quedando demasiado cerca. Sus miradas se conectaron. Dante se inclinó más hasta que la punta de su nariz rozó la de ella, y entonces la besó suavemente en los labios.Ava abrió los ojos grandemente por la sorpresa, pero no se alejó. Al contrario, cerró los ojos, dándole permiso para que continuara. Dante acercó sus labios aún más, invadiendo su boca. Su lengua rozó la de ella, y Ava respondió con suavidad, creando un baile íntimo entre ambos que arrancó un leve jadeo de él. Durante unos instantes, el mu
Al día siguiente, Ava regresó al restaurante. Sofía, al verla entrar, le dio un efusivo abrazo y comenzó a ponerla al día sobre todo lo sucedido durante su ausencia: los nuevos clientes, las historias que cada uno traía consigo. Pasaron el día conversando entre risas y anécdotas, por un momento un pensamiento cruzó por la mente de Ava, recordando a su salvador.—¿Has visto a la persona que me salvó el día del robo? —preguntó, con un deje de inquietud en la voz—. ¿Ha aparecido por aquí? Quiero conocerlo y darle las gracias.Sofía, ladeó la cabeza de un lado a otro y respondió.—No ha venido al restaurante, pero una vez cerré tarde y lo vi caminando cerca de la plaza. Estaba lejos y no logré alcanzarlo.—Entonces, ¿me acompañas después de cerrar a buscarlo? me urge conocerlo.Al caer la tarde, después organizar todo en el local, cerraron y se encaminaron hacia la plaza. Caminaban cuando Sofía se detuvo abruptamente, agarró a Ava del brazo y le susurró con entusiasmo.—¡Ava! Creo que el
Dafne llegó al edificio con la respiración entrecortada, frotándose los brazos en un intento de mitigar el frío. Sacó su teléfono móvil de la cartera y, justo cuando marcaba para llamar a su hermano, un golpe repentino la alcanzó por la espalda, haciendo que soltara el teléfono. Este cayó al suelo en tres partes: la pila, por un lado; la tapa, por otro; y el cuerpo del teléfono en el centro, esparciéndose por el frío pavimento.Se quedó sorprendida por su desgracia. Se agachó rápidamente, apoyando las rodillas en el suelo, y comenzó a recoger lo que quedaba del teléfono.—¿Se encuentra bien? —preguntó una voz, interrumpiendo su desesperación por juntar las piezas del teléfono.Dafne, frustrada colocó la pila, pero el teléfono seguía sin encenderse. Enojada, le dio pequeños toques, pero nada. Pensó para sí misma: «¿Cómo le aviso a Hermes que no voy a llegar y que tranquilice a mamá?»—Señorita, no sea maleducada, al menos conteste. Los jóvenes de hoy ya no saben ser educados —comentó a
En el pueblo, las chicas estaban inquietas, con la mirada fija en Hermes. Este, al percatarse de que lo observaban, colgó la llamada con un gesto preocupado y guardó el teléfono en el bolsillo. Fue entonces cuando Ava, incapaz de contenerse, dio un paso al frente y preguntó con voz firme:—¿Qué te dijo tu hermana?—Dafne está bien. Me informó que no le dio tiempo de agarrar el autobús y que encontró un lugar donde quedarse en la ciudad —respondió él, con la mirada afligida.—No te preocupes por ella, si es como tú, sabrá cuidarse sola. Lo importante es que esta noche consiguió un techo donde dormir sin peligro —Ella lo abrazó como un gesto de apoyo. Al separarse, él le dijo:—Gracias. Ahora me voy; mi mamá me espera en casa.—Ve tranquilo, Hermes. Recuerda que mañana te esperamos en el local —murmuró Sofía con los labios curvados, mientras se acercaba para despedirse con un abrazo.Hermes sonrió, se despidió y caminó hacia el otro extremo de la plaza, perdiéndose en la oscuridad.—Qué
Al día siguiente, Ava despertó con una sensación de vacío en el corazón. Recordó que había dormido sola; Dante no había regresado a casa esa noche. Se vistió apresuradamente, tratando de ignorar el nudo en su estómago, y se dirigió al restaurante para despejar la mente.Al llegar, Sofía notó de inmediato la expresión abatida de su amiga.—Ava, ¿qué te pasa? —preguntó preocupada, dejando lo que hacía para acercarse a ella.Ava suspiró profundamente, sintiendo que su pecho se encogía, y finalmente habló:—Amiga, Dante y yo discutimos anoche. Se fue de casa y no volvió. Lo llamé antes de salir para acá, pero no contestó. Estoy preocupada, Sofía. No me conviene que se arrepienta de nuestro acuerdo, pero no sé qué hacer. —La voz de Ava se quebró al final, cargada de incertidumbre.Sofía no lo dudó un segundo. Se acercó y la abrazó con fuerza, acariciándole la cabeza.—Tranquila, Ava —le susurró—. Seguro está ocupado con el trabajo. Ya verás que hoy regresa a casa, más tranquilo. Entonces p
Ava estaba en la cocina pelando papas cuando sonó el teléfono. Inquieta, soltó el cuchillo y estiró la mano para tomarlo del mesón donde reposaba. Al ver en la pantalla que era su hermana, su rostro se desencajó. Tenía las esperanzas de que fuera Dante. Con un suspiro, aceptó la llamada y contestó:—¿Cómo está la hermanita más linda del mundo?—¡Hermanita, pero bien que te lo tenías guardado, eh! ¿Casarte con un multimillonario? —exclamó Olivia sin siquiera saludar—. Eso sí que será un golpe duro para papá —Desde que había visto el nombre de su hermana en las noticias, no había podido contener la curiosidad. Marcó su número inmediatamente, con un tono entre alegre y acusador.Ava suspiró al otro lado de la línea, agotada emocionalmente después de todo lo que había pasado en las últimas horas.—Olivia, no estoy para bromas, Mi esposo es un simple chofer —respondió con voz tensa, sujetando el móvil con una mano mientras se masajeaba las sienes con la otra.—¿Bromas? ¿Cómo crees? ¡Estoy
Dante, al leer el mensaje, esbozó una sonrisa. Sabía que en ese momento su esposa era una fiera, decidida a desafiarlo. Sin perder tiempo, marcó el número de recepción y, con voz grave y firme, dio la orden:—Susana, deja pasar a la joven que está allí. Indícale el piso presidencial y comunícale que la estoy esperando.La recepcionista, sorprendida por la llamada directa de su jefe, asintió rápidamente, mientras su mente trataba de procesar la información.—Como ordene, señor —respondió, colgó el teléfono y salió del mostrador. Caminó hacia Ava, con una mezcla de sorpresa y vergüenza, y expresó con voz baja.—Señora, puede pasar. Marque el piso 16, presidencia. El señor Dante la está esperando.—Gracias. —Soltó con indiferencia. Ava caminó hacia los ascensores con el corazón desbocado. Su mente estaba llena de preguntas y rabia “¿Qué explicación le daría ese hombre?” Al llegar al piso correspondiente, recorrió un largo pasillo hasta encontrarse frente a un escritorio donde una mujer
Ava sintió el auto detenerse y observó con atención cómo Dante salía del vehículo. Su mente era un torbellino de emociones. Ese hombre, que hasta hace unas horas no era más que un chofer, ahora resultaba ser el CEO de una de las empresas tecnológicas más poderosas. La ansiedad comenzó a invadirla, oprimiéndole el pecho."¡Dios mío! ¿Qué hago ahora? ¡Fui yo quien se insinuó una y otra vez! Y encima me molestaba cuando no me prestaba atención." pensó, desesperada.Dante rodeó el coche y abrió la puerta trasera. Se inclinó, extendiendo la mano para ayudarla a salir, pero al notar su resistencia, la tomó con firmeza. Ava forcejeó, intentando aferrarse al asiento, negándose a moverse, pero él no estaba dispuesto a discutir. Con un gesto decidido, la levantó con facilidad y la acomodó sobre su hombro otra vez.Uno de sus guardaespaldas abrió la puerta principal de la mansión sin decir palabra, y Dante entró con paso firme, sin detenerse ni un segundo—¡Bájame! Eres un patán —gritó enojada a