Capítulo dieciocho 18

En el pueblo, las chicas estaban inquietas, con la mirada fija en Hermes. Este, al percatarse de que lo observaban, colgó la llamada con un gesto preocupado y guardó el teléfono en el bolsillo. Fue entonces cuando Ava, incapaz de contenerse, dio un paso al frente y preguntó con voz firme:

—¿Qué te dijo tu hermana?

—Dafne está bien. Me informó que no le dio tiempo de agarrar el autobús y que encontró un lugar donde quedarse en la ciudad —respondió él, con la mirada afligida.

—No te preocupes por ella, si es como tú, sabrá cuidarse sola. Lo importante es que esta noche consiguió un techo donde dormir sin peligro —Ella lo abrazó como un gesto de apoyo. Al separarse, él le dijo:

—Gracias. Ahora me voy; mi mamá me espera en casa.

—Ve tranquilo, Hermes. Recuerda que mañana te esperamos en el local —murmuró Sofía con los labios curvados, mientras se acercaba para despedirse con un abrazo.

Hermes sonrió, se despidió y caminó hacia el otro extremo de la plaza, perdiéndose en la oscuridad.

—Qué
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