UGPEM. CAPÍTULO 30. ¡Suéltala, no la toques!"Todavía" y "Última marca".Parecían palabras simples pero para Marquet y Saínz, los dos exmarines que estaban en aquella camioneta, representaban mucho."Todavía" significaba que la teniente Jhonson no les daba permiso aun para intervenir."Última marca" significaba que debían seguirla de cerca y actuar cuando no tuvieran más remedio, esperando su última señal.Y por encima de todo, esas palabras significaban que estaba drogada pero no incapacitada, así que Marquet se puso al volante y siguió a la camioneta en la que se los llevaban, mientras Saínz preparaba todo el equipo de asalto.Salieron de la ciudad por una autopista bastante concurrida, pero una hora después se desviaron por un camino de tierra en el bosque.Max se desperezó con el rebote de la camioneta sobre los baches del camino, pero no abrió los ojos para no alertar a sus secuestradores. Relajó el cuerpo cuando la sacaron y la sentaron en una silla, atándole las manos a la espa
UGPEM. CAPÍTULO 31. Júrame que estás bienEl silencio en la habitación fue sepulcral, tal como la expresión de sorpresa en el rostro de aquel hombre muerto. En el mismo instante en que el tacón lleno de sangre salió de esa oreja se escuchó el rugido de Liam, levantándose con silla y todo y lanzándose hacia atrás con todas sus fuerzas. Su cuerpazo cayó sobre el hombre tras él, aplastándolo, mientras Max le daba un violento cabezazo al que tenía detrás, rompiéndole la nariz.Rodó por el suelo, pasando las manos atadas bajo sus piernas y pateando al tipo de la nariz rota lejos de ella mientras corría hacia la pistola.El otro hombre intentaba asfixiar a Liam, pero la silla se había roto y Max lo vio levantarse lleno de rabia, golpeando brutalmente a su agresor con la misma madera que todavía llevaba pegada a las manos.Él se volvió cuando escuchó el primer disparo y vio el arma en las manos de Max. Un tipo corría fuera de la habitación y de repente ella corrió hacia él, lanzándose sobre
UGPEM. CAPÍTULO 32. ¡Entonces me cargas!Liam estaba de pie junto a la única ventana de la cabaña, vigilante, con todos los sentidos alerta, tenía la adrenalina a tope y sentía como si el corazón le fuera a salir volando del pecho de un momento a otro. Pero el silencio en el bosque era tal que si un hombre hubiera pisado una rama a un kilómetro probablemente se habría escuchado.Mientras, Max buscó en el único armario. Había ropa con olor a guardado, pero estaba limpia, sacó algo que le serviría y por suerte encontró unas botas más chicas que los zapatos de Liam.Y como en toda cabaña de caza no podía faltar, había varias armas y cajas de balas en el fondo del armario.—Cálmate, la puerta está asegurada, estamos rodeados de rifles de caza y municiones —le dijo Max—. Además te garantizo que no nos van a encontrar.—¿Cómo estás tan segura? —murmuró Liam.—Porque para encontrarnos en la noche tendrían que saber rastrear, y esos apenas parecían capaces de masticar su propia comida —gruñó
UGPEM. CAPÍTULO 33. El hogar que te merecesMax sintió que su cuerpo se estremecía ante la idea y gimió aún más cuando él la penetró con un dedo, moviéndolo con habilidad dentro de ella.—¿Te gusta? —le preguntó Liam besando su cuello y Max no pudo responder, solo asintió débilmente mientras él la levantaba, haciéndola enredar las piernas en su cintura para luego apoyar su trasero en un pequeño muro que salía de la pared.La calidez de Max sobre su vientre era como un desafío a aquella erección feroz con que la rozaba hasta desesperarla.—¿Estás lista para esto, nena? —susurró Liam en su oído.—¡Por favor! —suplicó Max devorando su boca.—¿Qué? Dime —sonrió él.—¡Tú sabes! ¡Ahora! —gruñó ella a punto de golpearlo.—No, no lo sé. ¿Será... esto? —preguntó Liam y Max gimió fuerte cuando sus caderas la impulsaron contra la pared, penetrándola, haciendo que entrara despacio, centímetro a centímetro hasta perderse completamente dentro de su cuerpo.—¡Dios! —jadeó ella.—Pero mis amigos me d
UGPEM. CAPÍTULO 34. AcurrucadosLiam abrió los ojos despacio, envuelto en aquella somnolencia cansada, y sonrió cuando lo primero que vio frente a él fue el rostro sereno de Max. No podía explicar los sentimientos que le provocaba aquella mujer, habían sido muchos y muy variados desde que la había conocido, pero definitivamente todos habían desembocado en una espiral de deseo y ternura que él no había experimentado nunca antes, al menos no por la misma mujer.Le acarició un mechón de cabello que le caía sobre la cara y se lo apartó, era una mujer muy hermosa, con un cuerpo de infarto y un carácter muy difícil, y todo eso estaba empezando a gustarle demasiado. Solo quería que estuviera bien y feliz.Por desgracia una idea llevó a la otra y a la mente de Liam volvió el maldito secuestro y las palabras de aquellos hombres diciendo que iban a violar a Max hasta que la mataran. Su cuerpo se tensó de impotencia y la estrechó con fuerza.—Todo está bien, muñeco —la escuchó murmurar contra su
UGPEM.CAPÍTULO 35. ¡Tiene que decirle la verdad!—Necesitamos poner un par de argollas de hierro sobre esta cama —ronroneó Max cuando él se inclinó sobre ella para besarla.—Ya lo creo que sí —susurró Liam en su oído mientras empezaba a acariciarla y la ropa se les perdió en un instante.Los gemidos de Max en aquella habitación se escuchaban más hermosos que en cualquier otro lugar del mundo, y mientras aquel clímax los arrastraba a ambos, Liam se dijo que se aseguraría de que aquella cama solo fuera para los dos a partir de aquel momento.Al día siguiente él no estaba muy animado para ir a la oficina, pero Max lo arrastró fuera de la cama, conquistándolo con lo sexy que se veía en corbata y que solo ella sabía la fiera hambrienta que había debajo.Liam se sumergió en el trabajo apenas llegó a la oficina y Max salió directamente a ver a Garret Grissom a su despacho.—¿Para esto te contraté? ¿No me dijiste que ibas a mantenerlo a salvo? —gruñó el viejo apenas la vio entrar.—Para empez
CAPÍTULO 1. El dolor de la traición.Alejandra sonrió mientras saludaba amablemente a todos los invitados de su boda. Había más de quinientas personas, casi todas celebridades o gente importante de la industria chocolatera del mundo. Y era que a su modo, Alejandra Sanromán era también una celebridad.Era una rica heredera de California, y a pesar de haberse quedado huérfana a los catorce años, había crecido para ser una mujer fuerte y trabajadora. A sus veintidós años dirigía con éxito la empresa de sus padres, y acababa de casarse con el hombre que amaba.Lo tenía todo, su vida era perfecta, pero en cuanto se puso a buscar a su marido, Alberto, ni siquiera imaginaba lo pronto que aquella sensación de felicidad desaparecería.Alejandra lo buscó por toda la mansión, sin embargo se quedó petrificada al pasar frente a la habitación de su prima Claudette. Adentro se escuchaban los gemidos y jadeos característicos de dos personas teniendo sexo, y de repente su prima mencionó un nombre que
CAPÍTULO 2. Una mujer que quiere venganza.Un año después.Alexa Carusso era una mujer hermosa y lo sabía, pero más que eso, era una mujer determinada, fuerte y con una voluntad de arrasar con todo a su paso, por un simple motivo: había perdido todo, y venía dispuesta a recuperarlo.Precisamente por eso había pasado un año preparándose, un año tejiendo sus hilos para ganarse aquel puesto como analista en el departamento económico de Hamilton Holding Enterprise, más conocido como el grupo HHE. Era la empresa más poderosa en el área de la tecnología, y su dueño era el único hombre que a Alexa le interesaba en el mundo: Scott Hamilton.El señor Hamilton era un hombre escurridizo, al punto de ocultarle exitosamente su rostro a los medios, y eliminar cualquier noticia privada o foto suya de internet. Sin embargo todos los que lo conocían estaban de acuerdo en algo: Era un hombre despiadado, feroz, horrible... ¡y Alexa estaba allí para conquistarlo!Manejó su discreta camioneta Honda hasta