UGPEM. CAPÍTULO 33. El hogar que te merecesMax sintió que su cuerpo se estremecía ante la idea y gimió aún más cuando él la penetró con un dedo, moviéndolo con habilidad dentro de ella.—¿Te gusta? —le preguntó Liam besando su cuello y Max no pudo responder, solo asintió débilmente mientras él la levantaba, haciéndola enredar las piernas en su cintura para luego apoyar su trasero en un pequeño muro que salía de la pared.La calidez de Max sobre su vientre era como un desafío a aquella erección feroz con que la rozaba hasta desesperarla.—¿Estás lista para esto, nena? —susurró Liam en su oído.—¡Por favor! —suplicó Max devorando su boca.—¿Qué? Dime —sonrió él.—¡Tú sabes! ¡Ahora! —gruñó ella a punto de golpearlo.—No, no lo sé. ¿Será... esto? —preguntó Liam y Max gimió fuerte cuando sus caderas la impulsaron contra la pared, penetrándola, haciendo que entrara despacio, centímetro a centímetro hasta perderse completamente dentro de su cuerpo.—¡Dios! —jadeó ella.—Pero mis amigos me d
UGPEM. CAPÍTULO 34. AcurrucadosLiam abrió los ojos despacio, envuelto en aquella somnolencia cansada, y sonrió cuando lo primero que vio frente a él fue el rostro sereno de Max. No podía explicar los sentimientos que le provocaba aquella mujer, habían sido muchos y muy variados desde que la había conocido, pero definitivamente todos habían desembocado en una espiral de deseo y ternura que él no había experimentado nunca antes, al menos no por la misma mujer.Le acarició un mechón de cabello que le caía sobre la cara y se lo apartó, era una mujer muy hermosa, con un cuerpo de infarto y un carácter muy difícil, y todo eso estaba empezando a gustarle demasiado. Solo quería que estuviera bien y feliz.Por desgracia una idea llevó a la otra y a la mente de Liam volvió el maldito secuestro y las palabras de aquellos hombres diciendo que iban a violar a Max hasta que la mataran. Su cuerpo se tensó de impotencia y la estrechó con fuerza.—Todo está bien, muñeco —la escuchó murmurar contra su
UGPEM.CAPÍTULO 35. ¡Tiene que decirle la verdad!—Necesitamos poner un par de argollas de hierro sobre esta cama —ronroneó Max cuando él se inclinó sobre ella para besarla.—Ya lo creo que sí —susurró Liam en su oído mientras empezaba a acariciarla y la ropa se les perdió en un instante.Los gemidos de Max en aquella habitación se escuchaban más hermosos que en cualquier otro lugar del mundo, y mientras aquel clímax los arrastraba a ambos, Liam se dijo que se aseguraría de que aquella cama solo fuera para los dos a partir de aquel momento.Al día siguiente él no estaba muy animado para ir a la oficina, pero Max lo arrastró fuera de la cama, conquistándolo con lo sexy que se veía en corbata y que solo ella sabía la fiera hambrienta que había debajo.Liam se sumergió en el trabajo apenas llegó a la oficina y Max salió directamente a ver a Garret Grissom a su despacho.—¿Para esto te contraté? ¿No me dijiste que ibas a mantenerlo a salvo? —gruñó el viejo apenas la vio entrar.—Para empez
UGPEM. CAPÍTULO 36. ¿¡Me vas a dejar así?!Liam podía haber puesto mil "peros" a esa decisión tan unilateral de Max de ponerlo a entrenar, pero lo cierto era que no quería, porque cada vez que cerraba los ojos todavía podía ver a aquel infeliz manoseándola y eso le revolvía el estómago más veces al día de las que ya era capaz de soportar.Si hablaba vulgarmente, la realidad era que sentía que no tenía derecho a follarse a una mujer a la que no podía proteger, ni se merecía tener a una esposa que pasara media vida salvándole el trasero, porque al final él sí llevaba la cuenta y ya iban dos veces que Max estaba en peligro por su culpa.Decir que era sencillo entrenar con Lyon era una burda mentira. El exmilitar tenía su altura y su complexión pero era como si el instinto le viniera de fábrica. Sabía dónde golpear y cómo, evidentemente eran muchos años más de entrenamiento, pero Liam ponía todo de su parte y aguantaba los golpes sin protestar.Habían limitado la oficina a las mañanas. Al
UGPEM. CAPÍTULO 37. Una mujer… embarazada—¿Y qué quieres? ¡Todavía hay gente en la oficina!Liam la atrapó rápidamente y le dio la vuelta, pegando la pequeña espalda de Max a su pecho. Entrelazó los dedos con los suyos y la hizo apoyar las manos en el escritorio mientras él apretaba aquella erección feroz contra sus nalgas y le hablaba en el oído.—Bueno, entonces déjame contarte lo que va a pasar cuando toda esta gente se vaya —murmuró en su oído con una voz tan ronca que Max jadeó de anticipación—. Cuando no quede nadie voy a cerrar esas cortinas, y te voy a poner aquí, en esta misma posición mientras te abro la blusa... quiero ver lo duros que se van a poner tus pezones cuando los acaricie, cuando me los meta en la boca y los chupe...—¡Liam...!—...Y los muerda. —Liam sintió cómo el cuerpo de Max se tensaba y sonrió para sus adentros—. Voy a poner mi mano en el medio de tu espalda y te voy a obligar a apoyarte en esta mesa, con el trasero en pompa solo para mí. Te voy a levantar
CAPÍTULO 1. El dolor de la traición.Alejandra sonrió mientras saludaba amablemente a todos los invitados de su boda. Había más de quinientas personas, casi todas celebridades o gente importante de la industria chocolatera del mundo. Y era que a su modo, Alejandra Sanromán era también una celebridad.Era una rica heredera de California, y a pesar de haberse quedado huérfana a los catorce años, había crecido para ser una mujer fuerte y trabajadora. A sus veintidós años dirigía con éxito la empresa de sus padres, y acababa de casarse con el hombre que amaba.Lo tenía todo, su vida era perfecta, pero en cuanto se puso a buscar a su marido, Alberto, ni siquiera imaginaba lo pronto que aquella sensación de felicidad desaparecería.Alejandra lo buscó por toda la mansión, sin embargo se quedó petrificada al pasar frente a la habitación de su prima Claudette. Adentro se escuchaban los gemidos y jadeos característicos de dos personas teniendo sexo, y de repente su prima mencionó un nombre que
CAPÍTULO 2. Una mujer que quiere venganza.Un año después.Alexa Carusso era una mujer hermosa y lo sabía, pero más que eso, era una mujer determinada, fuerte y con una voluntad de arrasar con todo a su paso, por un simple motivo: había perdido todo, y venía dispuesta a recuperarlo.Precisamente por eso había pasado un año preparándose, un año tejiendo sus hilos para ganarse aquel puesto como analista en el departamento económico de Hamilton Holding Enterprise, más conocido como el grupo HHE. Era la empresa más poderosa en el área de la tecnología, y su dueño era el único hombre que a Alexa le interesaba en el mundo: Scott Hamilton.El señor Hamilton era un hombre escurridizo, al punto de ocultarle exitosamente su rostro a los medios, y eliminar cualquier noticia privada o foto suya de internet. Sin embargo todos los que lo conocían estaban de acuerdo en algo: Era un hombre despiadado, feroz, horrible... ¡y Alexa estaba allí para conquistarlo!Manejó su discreta camioneta Honda hasta
CAPÍTULO 3. ¡Tú!Y como no existe nada más fuerte que la voluntad de una mujer que quiere venganza, Alexa se llevó el trabajo a casa, apenas durmió, pero cuando estaba amaneciendo por fin aquel error se reveló ante ella.—Alguien lo está robando —sonrió Alexa y corrió a preparar café mientras Howard salía de su habitación medio dormido.—¿Qué pasa? ¿Por qué gritas como gata en celo? —protestó.—¡Alguien está robándole a Scott Hamilton! —exclamó Alexa emocionada—. ¡Nadie es invulnerable en la vida, y alguien le está robando al ogro, así que ya tengo mi camino abierto hacia él!Sin embargo muy pronto Alexa se daría cuenta de que aquella alegría era demasiado prematura. En cuanto le dijo al señor Malcovich que había encontrado problemas en los números, el supervisor le quitó los documentos sin siquiera preguntarle dónde estaba el problema.—¡Oiga, yo debería hablar con el señor Hamilton de esto! —sentenció ella sin saber las intenciones de Malcovich.—Esto está muy por encima de su nivel