—¿Qué fue lo que dijiste? — cuestionó Aurora a Armani, mientras daba una mirada cargada de dolor y decepción a su esposo.Todos habían dejado de hablar o de murmurar, y un silencio sepulcral se había instaurado en el lugar. Las lágrimas de Aurora se resbalaban en sus pálidas mejillas, y sus ojos enrojecidos por el llanto le lanzaban mil cuestionamientos a Massimo.—No es lo que tu piensas, Aurora. — dijo Massimo intentando hablar con su esposa.—¿Qué no es lo que ella piensa?, ¿Dice que usted no ordenó que esos hombres nos persiguieran por toda la ciudad para que nos hicieran arrestar? — dijo Armani caminando hacia Aurora. — Hija, tú sabes cuál es la verdad de todo esto, nosotros hicimos mal en mentirte sobre la enfermedad de tu madre, pero el único culpable aquí de la muerte de ella, es Massimo Bensiali. — dijo.Aurora se quedó petrificada en silencio, mirando a su esposo que repentinamente parecía haber enmudecido.Los ojos azules y fríos de Massimo, rodaron al mirar al hombre entra
—¡Llamen al doctor García! — gritó una enfermera que corría junto a la camilla en donde Aurora iba recostada, con Massimo detrás de ella.El personal de aquel lujoso hospital, recibía a la pelirroja quien había sufrido un desmayo, y una vez instalada en una habitación privada, los doctores y enfermeras se apresuraron a atender la emergencia.—Tiene amenaza de aborto. — dijo el llamado doctor García, quien le indicaba a Massimo salir de la habitación para atender apropiadamente a su esposa.Massimo, completamente asustado y desesperado, miró como su esposa aún seguía inconsciente, mientras los doctores intentaban salvarla tanto a ella como a su hijo. Tomando al doctor por los hombros, el rubio magnate con suplica lo miró a los ojos.—Por favor, doctor, dígame que ella estará bien…y que mi hijo también podrá estarlo. — suplicó Massimo con los ojos llenos de lágrimas.El doctor negó. — No puedo asegurarle nada, señor Bensiali, pero le puedo jurar que haremos todo lo humanamente posible p
Aquella noche, Massimo entró a la habitación de hospital en donde su esposa estaba descansando. Aurora, le sonrió a Massimo.—Massimo…todo, está bien. — le dijo la hermosa pelirroja a su esposo.Massimo sonrió y asintió.—Lo sé, mi amor… — dijo Massimo sentándose a su lado para tomar su mano. Aurora, se sintió reconfortada y se recargó junto a él. — ¿Sabes que tendremos un niño? — le preguntó a su esposa.Los ojos de Aurora brillaron intensos, y luego, sus ojos verdes se le llenaron de lágrimas de alegría.—Tendremos, ¿Un hermoso niño? — cuestionó ella realmente dichosa.Massimo le asintió. —Si, mi hermoso petirrojo…seremos padres de un niño. — respondió.Aurora, emocionada y feliz, se abrazó de su esposo sentada en su cama. Massimo acaricio el hermoso cabello de fuego de su esposa, y dejó un beso casto en su frente.—Aurora, creo que ya es tiempo de conozcas a alguien importante. — dijo Massimo a su esposa, y luego, acercándose a la puerta de la habitación, la abrió permitiendo que A
Tres meses habían pasado.Aurora, lucia ya muy embarazada, y Massimo les había anunciado a todos sus parientes que pronto nacería su hijo, por supuesto, eso no gustó a Enzo Bensiali, quien se vio forzado a desistir de todo intento de hacerse con la fortuna de su primo…aunque no sin prometer que aquello, no se quedaría así. El, había decidido ser sincero con Aurora, y le había confesado todo, incluido el testamento y condición impuesta por su padre. Sorprendentemente, ella ya lo sabía, puesto que fue la persona que cuidó de Mauro Bensiali en sus últimos momentos.Aurora había cambiado mucho, ahora era una distinguida dama de sociedad, que era bien recibida en todos los círculos, aunque, ella sabía, que aquello no eran más que hipocresías de la gente adinerada. Las fotos que habían circulado de Massimo con Juliana Hancock, habían desaparecido de todas partes sin dejar rastro, y casi al mismo tiempo en que los Hancock abandonaron la ciudad. Para la gran sorpresa de muchos, se había anunc
En el hospital de Palermo, Aurora recargaba su mano en el cristal de aquella incubadora, en donde su pequeño Mauro se debatía entre la vida y la muerte debido a su prematura llegada al mundo hacía ya cuatro días. Lágrimas se derramaron desde sus ojos verdes, mientras miraba como su hijo luchaba por sobrevivir…aquello, no era justo.Sintiendo como tanto la condesa Virgilia de Capua, Virma, y Martha, la esposa de su padre, le hablaban, la pelirroja salió de su estupor doloroso, y derramó más lagrimas aun mientras elevaba una oración más para pedir por su amado hijito.—Tienes que ir a descansar, Aurora, recién acabas de parir, ya verás que todo saldrá bien, mi niña, el pequeño Mauro va a sobrevivir. — dijo Martha intentando consolar a Aurora.La hermosa pelirroja lucia ojerosa y demacrada; apenas había podido levantarse de la cama, y había caminado a duras penas a las incubadoras sin querer ya regresar a tomar un descanso, para permanecer junto a su hijo.—Tu madre tiene razón, Aurora,
Después de lo que le parecieron horas interminables, Massimo, finalmente, aterrizo en Palermo, y de inmediato ordenó que lo llevaran al hospital, luego de más de doce horas sin saber nada de Aurora y de su hijo. Lagrimas se le derramaban desde los ojos de zafiro, y sufriendo, su corazón le dio un vuelco en su sitio, al divisar el hospital…una vez allí, corrió tan rápido como le permitieron sus fuerzas a pesar de los regaños de los médicos y enfermeras, hasta llegar a la habitación de su esposa.—¡Aurora! — gritó angustiado, y lo que vio, lo dejo paralizado en el marco de la puerta.—Shh…vas a despertarlo. — dijo Aurora arrullando en sus brazos a su hermoso hijo.Massimo se recargó un momento en la pared, sintiendo como el alma le regresaba al cuerpo, después de ver como su hermosa esposa, sostenía a su bebé recién nacido y lo arrullaba con amor.—El… ¿El esta? — cuestionó el rubio magante con voz trémula.Aurora le sonrió.—El esta bien, completamente fuera de peligro…ven a mirarlo…es
—Ella es una chica hermosa…y la quiero para mí. — decía el adolescente Massimo Bensiali mirando por el ventanal de su estudio a Aurora Bianco.Aquella jovencita limpiaba la maleza de los jardines junto a su padre, y su bonito rostro estaba manchado con barro. Sus cabellos eran rojos como el fuego que llevaba por dentro, y sus ojos eran de un verde esmeralda que siempre miraban a Massimo con desprecio desde que eran solo unos niños y por razones desconocidas. Tocándose la mejilla golpeada, Massimo Bensiali sonrió. Esa chica, nuevamente, acababa de rechazarlo.—Ella es solo la hija de un par de viejos sirvientes y es dos años más joven que usted, no está a la altura del heredero Bensiali. Su deber es casarse con una mujer de su mismo rango y posición, y ya se hablado de ello; la señorita Juliana Hancock será su prometida; Juliana ha nacido en la cuna de una poderosa familia estadounidense que traerá mayor prestigio aun a los Bensiali, así que cuando tenga edad suficiente… ——Cuando tenga
—Lo lamento, señor Bensiali, pero no tengo nada que celebrar con usted. Con su permiso. — respondió Aurora a Massimo, cuando esté la tomó abruptamente de la mano.—¿Quién es el? — cuestionó Massimo mirando a aquel joven de cabellos negros y ojos grises que lo miró a cambio extrañado.Aurora, con discreción y esperando que nadie hubiese notado aquella conducta tan cuestionable de Massimo, le sonrió y se acercó a él.—Eso no es de su incumbencia, señor. Me retiro, y le pido sea lo que el señor Mauro esperaba que fuera, mantenga la compostura propia del heredero Bensiali. No debe olvidar que yo solamente soy la hija de los sirvientes, como bien usted me lo recordó cuando éramos niños, así que no pierda la calma por causa de una mujer insignificante. — respondió Aurora sagaz, dejando a Massimo con una expresión de enojo marcada en su rostro.—¿Vas a dejarme aquí viviendo mi luto en soledad?, ¿Cuánto tiempo más vas a estar enojada por eso? Pasó hace tantos años que ya no tiene la mayor impo