Capítulo 030

Los niños no paraban de correr emocionados por los senderos de gravas que eran rodeaban por flores de todo tipo: rosales, margaritas amarillas y lavandas moradas.

—¡Cuidado, niños! ¡Pueden caerse! —les advirtió Natalia, tratando de darle alcance a su trío de cervatillos.

Al ver que sus advertencias no surtían ningún efecto, Fabián se apresuró a alcanzar a los pequeños antes de que se cayeran o se enredaran con alguna de las ramas circundantes.

—Obedezcan a su madre —les habló con firmeza, haciendo que los trillizos se girarán rápidamente en su dirección y se detuvieran en el acto.

Natalia suspiró.

Sabía perfectamente que en parte lo que sus hijos necesitaban era de una figura de autoridad.

Roberto solía serlo, al menos las pocas veces que los visitaba, porque eso era precisamente lo que hacía: visitarlos.

El recordatorio de que su relación fue una mentira, hizo que Natalia se sintiera inesperadamente enferma.

Últimamente, pensar en Roberto tenía ese efecto.

Antes, cuando evocab
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