La medianoche envolvía la mansión de Lionel con una luna llena que filtraba su luz fantasmal a través de los vitrales, proyectando el símbolo de Arceo como una sombra retorcida sobre la mesa. El café humeante y el jugo de ciruela —de un rojo oscuro, casi sanguíneo— contrastaban con la frialdad de la habitación. Lionel, sentado en un sillón de terciopelo negro, jugueteaba con un anillo grabado con el ojo de Arceo, su reflejo distorsionado en la superficie del líquido.—Llámame con más confianza —musitó Lionel, inclinándose hacia Aisha, sus ojos dorados captando cada microexpresión suya—. Después de todo, tú eres la llave que abre jaulas... incluso las propias.Aisha sostuvo su mirada, sus dedos temblorosos rozando el borde de la taza.—Si mi sangre vale tanto, ¿por qué no la tomas y terminas esto? —desafió, ocultando el miedo tras una voz firme.Lionel rió, un sonido frío como el crujir de hielo.—Prefiero cazar con trampas de seda que con garra —respondió, señalando el cofre dorado en
El día del funeral de Itzel amaneció lluvioso, como si el cielo compartiera el duelo de todos los presentes en el cementerio. Las figuras vestidas de negro se aglomeraban alrededor de la tumba, mostrando respeto y luto por la pérdida de la esposa de Enrique. Entre ellos, Sanathiel permanecía al margen, observando la escena con una mezcla de indiferencia y satisfacción.En la distancia, miembros de la Casa Verona se llevaban discretamente el cuerpo de Itzel para entregarlo a la Comunidad de los Trece. Entre los asistentes, Arceo, quien había asumido el rol de Sanathiel, observaba el proceso con una expresión fría e impenetrable.—Arcángel, lo hecho, hecho está. Ahora disimula y ocúpate de algo más. Tu cara de preocupación podría levantar sospechas sobre lo que le hicimos a Sanathiel —murmuró Risas, encendiendo una lámpara y sentándose con un aire despreocupado.Arcángel lo miró con una mezcla de frustración y pesadumbre.—¿Qué quieres que haga, hermano? —preguntó, alzando una ceja.—Ac
La memoria de aquel día oscuro en el "Albergue de los Bienaventurados" seguía atormentando a Sanathiel. El fuego devorando ese lugar, que ocultaba secretos atroces bajo una fachada de caridad, se había convertido en una cicatriz imborrable en su mente.Sanathiel recordaba con claridad el frío que se apoderaba de su cuerpo mientras sostenía a un niño en sus brazos, luchando por protegerlo de un destino cruel. La fachada de bondad de ese lugar se desmoronaba ante sus ojos, revelando un horror inimaginable: un sistema de explotación, abuso y perversión que involucraba a niños inocentes.El "Albergue de los Bienaventurados" no era un refugio, sino una prisión. Las donaciones y las sonrisas falsas ocultaban tratos oscuros con personas influyentes que buscaban satisfacer sus deseos más depravados. Los niños "elegidos" eran vendidos como objetos, mientras que los demás eran relegados a la servidumbre, esperando el día en que su belleza o juventud les condenara al mismo destino.Sanathiel rec
Parte 1: Sombras en el bosqueEl bolígrafo en los dedos de Aisha temblaba ligeramente, como si compartiera la incertidumbre que la atravesaba. La sala estaba sumida en un silencio opresivo, roto solo por el leve crujir de la silla de Lionel al inclinarse hacia ella. Su sonrisa era una máscara fría, calculadora, diseñada para desarmarla.—No tengas miedo, Aisha. Este es el primer paso hacia tu libertad. —La voz de Lionel era suave, pero cada palabra tenía un filo escondido.Aisha lo miró, esforzándose por mantener la compostura. Algo en su interior gritaba que no confiara en él. Y entonces, en el rincón más profundo de su mente, una presencia familiar emergió. Era como un susurro cálido, un eco distante que pronunciaba su nombre: Sanathiel."¿Por qué siento esto?" pensó mientras su corazón latía con fuerza. Las imágenes de sueños vagos, ojos dorados y noches bañadas por la luna invadieron su mente. Una conexión inexplicable la arrastraba hacia algo más grande que el contrato frente a e
El auto avanzaba por el camino oscuro y sinuoso, la silueta de la mansión de Sanathiel emergiendo en el horizonte como un coloso oscuro que parecía devorar la luz. Aisha apenas podía moverse, las esposas apretaban sus muñecas mientras la mordaza silenciaba cualquier protesta.Lionel, con su aire de control absoluto, miraba a Aisha con una mezcla de posesión y arrogancia.—Eres mía, Aisha. Y nadie, ni siquiera Sanathiel, podrá cambiar eso —susurró, acariciando su rostro con una familiaridad que ella despreciaba.A medida que se acercaban, Aisha sentía un cosquilleo en la base de su cuello, un calor inexplicable que la invadía. Era él. Lo sabía. Sanathiel estaba cerca. Aunque sus recuerdos seguían fragmentados, había algo en su alma que reconocía su presencia, como si siempre hubiera estado ahí, esperando su regreso.Cuando el auto se detuvo, el viento frío sacudió las ramas de los árboles, susurrando advertencias. Lionel tiró de la soga que la mantenía atada, arrastrándola hacia la ent
Sin tiempo para recuperarse, Aisha fue arrastrada y arrojada a una celda. Su respiración era errática, y el cabello enmarañado le caía sobre el rostro. La venda fue arrancada de sus ojos de manera brusca, dejando que la luz tenue revelara su entorno: paredes de piedra húmedas, barrotes oxidados, y en celdas cercanas, los rostros heridos y agotados de Rasen y Steven.El latido de su corazón se aceleró al verlos allí, una chispa de esperanza iluminando la oscuridad de su mente.—¡Déjenlos en paz! —gritó, su voz temblorosa pero cargada de una resolución feroz.Antes de que nadie pudiera responder, una presencia inundó la habitación. No era física, sino un peso en el aire, un eco profundo que parecía venir de todas partes y de ninguna a la vez. La voz resonó en su mente, grave y envolvente, como un susurro cargado de poder: "Pídelo de nuevo".Aisha tembló al reconocerlo. Sanathiel.Era más que un eco en su mente; era una fuerza envolvente que sincronizaba su latido con el de él. Una conex
Aisha sentía cómo su mundo se tambaleaba con el simple roce de Sanathiel. Su presencia la envolvía, arrebatándole la voluntad y dejándola suspendida entre el deseo y el temor. Todo en su interior gritaba resistencia, pero su cuerpo no respondía. Estaba atrapada en un hechizo que no podía romper, una conexión que no podía negar.—Tu libertad vendrá cuando sepas quién eres en realidad, Aisha —susurró Sanathiel, con una voz suave, pero cargada de un poder que retumbaba en cada rincón de su ser.El sonido de su nombre, pronunciado por él, resonaba como un eco profundo en su mente. Algo dentro de ella despertaba, algo que había estado dormido desde siempre."¿Por qué no puedo resistirme?" pensaba mientras trataba de apartarse, luchando contra el vínculo invisible que parecía atarla a él.—Mírame, Aisha —ordenó Sanathiel.Sus manos se cerraron suavemente sobre su rostro, obligándola a enfrentar esos ojos dorados que la desnudaban por completo. La intensidad de su mirada la atrapó, y el calor
Aisha miraba las grietas en el lienzo destruido. Entre los trazos rotos, aún se distinguía el contorno de unos ojos dorados. Los mismos que la perseguían cada noche.—Un amor que te aplasta y te ahoga en pesadillas no puede ser amor… —murmuró, clavando las uñas en la cicatriz de su muñeca, aquella que le dejó el vidrio de la mansión en llamas.El susurro de Rasen la sacó del trance:—Aisha, ¿puedes venir un momento?Ella giró, pero entre ellos flotaba una sombra: el recuerdo de Rasen muerto en el accidente, de Steven desaparecido, de la sangre que jamás se lavó de sus manos.—¿Qué sucede? —preguntó, aunque ya sabía. La cicatriz ardía.Rasen sostenía un sobre con el sello de la Comunidad.—Sanathiel sigue vivo.Flashback: Escape de la mansión La niebla se disipaba, revelando la mansión derrumbándose. Steven, magullado y con la pierna perforada por las garras de Risas, arrastraba a Rasen hacia la ventana. Las enredaderas de ciclamen—flores violetas fuera de temporada—los rodeaban como u