Aisha sentía cómo su mundo se tambaleaba con el simple roce de Sanathiel. Su presencia la envolvía, arrebatándole la voluntad y dejándola suspendida entre el deseo y el temor. Todo en su interior gritaba resistencia, pero su cuerpo no respondía. Estaba atrapada en un hechizo que no podía romper, una conexión que no podía negar.—Tu libertad vendrá cuando sepas quién eres en realidad, Aisha —susurró Sanathiel, con una voz suave, pero cargada de un poder que retumbaba en cada rincón de su ser.El sonido de su nombre, pronunciado por él, resonaba como un eco profundo en su mente. Algo dentro de ella despertaba, algo que había estado dormido desde siempre."¿Por qué no puedo resistirme?" pensaba mientras trataba de apartarse, luchando contra el vínculo invisible que parecía atarla a él.—Mírame, Aisha —ordenó Sanathiel.Sus manos se cerraron suavemente sobre su rostro, obligándola a enfrentar esos ojos dorados que la desnudaban por completo. La intensidad de su mirada la atrapó, y el calor
Aisha miraba las grietas en el lienzo destruido. Entre los trazos rotos, aún se distinguía el contorno de unos ojos dorados. Los mismos que la perseguían cada noche.—Un amor que te aplasta y te ahoga en pesadillas no puede ser amor… —murmuró, clavando las uñas en la cicatriz de su muñeca, aquella que le dejó el vidrio de la mansión en llamas.El susurro de Rasen la sacó del trance:—Aisha, ¿puedes venir un momento?Ella giró, pero entre ellos flotaba una sombra: el recuerdo de Rasen muerto en el accidente, de Steven desaparecido, de la sangre que jamás se lavó de sus manos.—¿Qué sucede? —preguntó, aunque ya sabía. La cicatriz ardía.Rasen sostenía un sobre con el sello de la Comunidad.—Sanathiel sigue vivo.Flashback: Escape de la mansión La niebla se disipaba, revelando la mansión derrumbándose. Steven, magullado y con la pierna perforada por las garras de Risas, arrastraba a Rasen hacia la ventana. Las enredaderas de ciclamen—flores violetas fuera de temporada—los rodeaban como u
El reencuentro en Sóleo:Un año después, en el Centro Arqueológico de Sóleo, los caminos de Aisha y Rasen volvieron a cruzarse. Ambos habían intentado seguir adelante, pero el destino tenía otros planes.Aisha, distraída por sus pensamientos, chocó con alguien en uno de los pasillos. Cuando levantó la vista, su corazón dio un vuelco.—Lo siento, no te vi —dijo rápidamente, sin reconocerlo de inmediato.Rasen intentó seguir caminando, pero las palabras de Aisha lo detuvieron.—¿Te conozco de algún lugar?Rasen se giró, y su expresión endurecida era un muro de emociones contenidas.—¿Por qué no sigues como si no me conocieras? —respondió con frialdad, su voz llena de resentimiento.Aisha quedó inmóvil, intentando recordar, pero antes de que pudiera responder, Steven irrumpió entre ellos.—¡Despierta de una vez! —gruñó, su voz teñida de rencor.Tomó a Aisha del brazo con fuerza, y sus palabras eran como cuchillas que la herían profundamente."—Tú… nos arrastraste a la muerte. A Rasen. A F
La noche estaba cargada de un silencio ominoso mientras Sanathiel seguía de cerca los movimientos de Arcángel. Sus pasos eran ligeros, pero cada uno pesaba en su mente como un eco del pasado. Arcángel, antaño su hermano de armas, ahora se movía como un enemigo cauteloso, ajeno al lobo blanco que lo acechaba.Para Sanathiel, este encuentro no era solo una cuestión de supervivencia; era un ajuste de cuentas que había esperado demasiado tiempo. Recordó los días en que luchaban juntos por ideales que ahora parecían sueños lejanos. Pero esos lazos habían sido cortados con la hoja afilada de la traición.—¿Por qué elegiste este camino, Arcángel? —pensó Sanathiel, mientras sus ojos seguían cada movimiento del otro hombre.Arcángel se detuvo al escuchar un crujido. Antes de que pudiera reaccionar, Sanathiel emergió de las sombras, su figura imponente brillando bajo la luz de la luna.—Nunca pensé que el día llegaría, Arcángel, —dijo Sanathiel, su voz baja pero cargada de intención—, el día en
Sanathiel huía del orfanato, con las manos aún manchadas de sangre y el alma cargada de culpa. Los ecos de los gritos y el olor a quemado seguían persiguiéndome mientras avanzaba por el bosque. Los árboles parecían mirarlo con desaprobación, pero también lo ocultaban de un mundo que jamás entendería lo que acababa de hacer.Tropezó, exhausto, con el suelo húmedo. Su cuerpo temblaba, no solo por el frío, sino también por el miedo. "¿Qué soy?", se preguntó mientras veía sus manos, ahora vacías, pero aún manchadas con el recuerdo de la violencia que había desatado.Fue entonces cuando apareció él. Un hombre de porte imponente, con ojos calculadores y un aire de autoridad que no se molestaba en ocultar. Era Fallían.—¿Qué tenemos aquí? —murmuró, inclinándose para observar más de cerca.Sanathiel intentó retroceder, pero sus fuerzas lo traicionaron. Los lobos que lo habían acompañado hasta ese momento permanecieron inmóviles, observando a Fallían con respeto.Fragmento del Diario de Fallía
Mi suerte nunca ha sido ordinaria. Mica Jaldes: el hombre al que llaman cuando nadie más puede hacer el trabajo. La comunidad de los trece me ve como su mejor opción, pero no soy ingenuo. Sus promesas de poder y lealtad son tan frágiles como las máscaras plateadas que llevan.Entró en la sala de reuniones. Los símbolos grabados en las máscaras de los presentes reflejan sus rangos, y aunque sus rostros están ocultos, siento las miradas inquisitivas. Uno de ellos asiente hacia mí, rompiendo el silencio opresivo.—Mica, todos coincidimos en que serás quien traslade nuestra nueva reserva. —La voz del orador resuena con autoridad, pero también con la amenaza de lo que implica fallar.La oferta es clara: obedecer y recibir beneficios temporales o negarme y desaparecer como tantos otros antes que yo. Sin embargo, esta misión es más que un simple transporte; lo sé por la forma en que evitan detalles. Hay algo que no quieren que descubra.Para el viaje, le asignaron un auto con lunas polarizad
El frío de la noche envolvía el apartamento mientras Aisha se acurrucaba en su cama, buscando refugio en sus pensamientos. Había logrado escapar de las garras de Lionel, rompiendo el contrato que la ataba a él. Por primera vez en meses, sentía algo similar al alivio. Pero su mente no encontraba sosiego.Un mes en el anonimato. Había compartido un pequeño espacio con su compañera Alina, en un pueblo apartado, donde el frío congelaba más que los cuerpos. Intentaba convencerse de que estaba a salvo, aunque la sombra de sus perseguidores permanecía como un eco constante.Mientras sus dedos recorrían el papel de un ensayo recién publicado, una sensación extraña la invadía. La carta que había recibido días antes, aún sin abrir, pesaba más que cualquier decisión reciente. La escondió lejos del alcance de Alina, temerosa de que su contenido despertará el interés de quienes no debían saber de su existencia.En el silencio de su habitación, Aisha se preparó para dormir, aunque sabía que sus sue
Parte 1: “El antiguo señor” En una época perdida en el tiempo, antes de las guerras y los pactos oscuros, existía un hogar sumido en sombras. Allí, el miedo y el amor se entretejen de manera inexorable, envolviendo a nuestra madre, la mujer más pura de la región de occidente, en una existencia de sufrimiento que ella llamaba hogar.Narrador (Varek):El último de nosotros tres, Sariel, era el más amado por nuestra madre. Su nombre, elegido con devoción, significaba "Mandamiento de Dios". Nuestra madre, una mujer fuerte y decidida, siempre defendió nuestra existencia frente a un padre que solo veía en nosotros herramientas para sus oscuros fines.Pero incluso la fortaleza más férrea tiene sus límites. Con el tiempo, la tristeza y el descontento la consumieron. Cuando llegó su hora, nos dejó con una última promesa, susurrada mientras besaba nuestras frentes:"Varek, no dejes que nada malo les pase."Esa noche, mientras su aliento se desvanecía en un sueño eterno, nuestra condena comenzó