De pronto, un niño más grande que yo apareció, con un sombrero de paja, que ocultaba sus pronunciadas pecas, vestido de pantalones con tirantes.. —No se alarmen, no soy de quien cuidarse. Estoy aquí para ayudarles a adaptarse al pueblo. Era sociable, nos incluyó poco a poco con los aldeanos, a cambio Varek, le enseñó a cazar y cómo aprendió a escribir y leer, le enseñó al niño. Sus visitas se hicieron constantes, con cestas de frutas, mantas, era bueno. —Hola... amiguito. Extendió una fruta para dársela, pero Sariel la dejó caer, aplastando al contacto del suelo. —¡Sariel! Varek dejó de cortar las verduras. —Niños... un error sin importancia Varek. La cabaña comenzó a llenarse de sombras, tanto literales como figurativas. Los niños del pueblo desaparecen misteriosamente, y pronto descubrí que Sariel estaba detrás de los crímenes.—¿Te gusta mi hermano?, no es así. —Sariel preguntó insidiosamente. El muchacho bebió un sorbo de su bebida y decidió cambiar de tema. —Digamos que
Sanathiel se encontraba inmerso en una noche sin estrellas, donde la luna llena brillaba con una intensidad que parecía escudriñar cada rincón de su alma. El frío de la madrugada envolvía su cuerpo, pero su mente ardía con recuerdos fragmentados y un peso que no lograba identificar. Noah, siempre a su lado, preparaba el ritual necesario para desatar aquello que había sido sellado dentro de él.—Sanathiel, voy a devolverte tus recuerdos y tus dones —dijo Noah con solemnidad—. Solo cierra esa puerta detrás de ti y cruza el umbral.En el espejo frente a él, una puerta roja resplandecía con un brillo ominoso. Reflejado en el cristal, un niño pequeño lo miraba con ojos inquisitivos mientras sostenía la mano de una figura cálida: Zaira, su cazadora.Sanathiel extendió la mano hacia el espejo, intentando alcanzarla, pero su tacto solo encontró vacío. De pronto, el reflejo cambió. Todo a su alrededor comenzó a arder: el bosque, las caras conocidas, los recuerdos felices. Una cacofonía de grit
El coche avanzaba por la carretera rumbo a la iglesia, cuando una niebla los envolvió. Rasen no necesitaba promesas ni flores; ver a Clear a su lado era suficiente. Su mano cálida, su risa... todo parecía anunciar un futuro por fin alcanzable. Pero en los rincones más oscuros de su mente, el nombre de Aisha seguía brillando como una herida mal cerrada.—¿He sido la primera chica en tu vida? —preguntó Clear, medio en broma, aunque su mirada pedía otra cosa.Rasen respondió con una sonrisa traviesa.—¿Y tú recuerdas cuando dijiste que nunca te casarías?Ella rio, ajustándose el velo improvisado. Pero el instante se rompió. En el retrovisor, un par de ojos dorados entre los árboles.—¡Rasen, cuidado!El impacto fue brutal. El coche giró. Humo. Cristal roto. Un medallón lunar cayendo. Luego, oscuridad.“Aullidos…”El coche destrozado. Las ruedas aún están girando. Sirenas desgarrando la madrugada. El amanecer llegó entre sangre y silencio.Rasen despertó en el hospital. El desinfectante le
En su refugio, Sanathiel sostenía el medallón lunar entre sus dedos, el frío metal recordando las promesas rotas y los secretos de su linaje. La llegada inesperada de Noah trajo consigo un desafío aún mayor: la presencia de Aisha, traída contra su voluntad.—"¿Algún rastro de Salomón o de los Nevri, Noah?", preguntó Sanathiel.—Simples movimientos en Losare, y un descubrimiento extraño, lobos de gran tamaño, pude sentir algo diferente…el humano con Aisha. —respondió Noah.—Tu amo el desterrado, debe estar metido en esto, es siempre generoso, cuando algo le compete."Lo sé, Sanathiel", asintió Noah.—¿Qué tienes para mí? —preguntó insidiosamente Sanathiel, sosteniendo el medallón.—Es una sorpresa, aquí tiene la llave. —Pronunció Noah, ofreciéndole el seguro.2:30 a.m.Sirviéndose una copa de champán, se colocó el medallón lunar ya completo, sobre su cuello, asomándose a mirar el cielo oscuro. Con la música encendida, saboreo su bebida. Se giró lentamente, en dirección a la puerta, cua
La habitación era un santuario de sombras. En el centro, Aisha yacía encadenada en una jaula metálica, su respiración contenida entre el miedo y el orgullo. Frente a ella, Sanathiel.—Desde que la traje en secreto, han pasado dos días. —La voz de Noah sonaba lejana, casi ceremonial—. Hubiera preferido que la vieras en otras condiciones, Sanathiel… pero aquí tienes las llaves.Sanathiel no respondió. Caminó hacia la jaula, abriendo el candado con un clic seco. La tela que cubría el rostro de la mujer resbaló entre sus dedos. Cabello castaño hasta la cintura. Labios suaves. Ojos verdes que no eran los de Zaira… pero ardían igual.—¿Qué tienes tú que ver conmigo, cazadora? —murmuró, agachándose para observar de cerca.El medallón lunar colgaba de su cuello. Sanathiel lo arrancó de un tirón, provocando que ella despertara con un gemido ahogado. La jaló de las esposas, forzándola a arrodillarse.—Tienes agallas —susurró, levantándole la barbilla—. Pero definitivamente… no eres ella.El arom
La habitación estaba en silencio.Aisha abrió los ojos lentamente. El techo era blanco, las paredes lisas. Una lámpara tenue colgaba del techo, parpadeando como si compartiera su desconcierto. El aire olía a alcohol, polvo… y lavanda.Trató de incorporarse, pero el movimiento la hizo gemir. Dolía todo. Su cuerpo parecía no ser suyo.—Tranquila… —dijo una voz suave a su lado.Lionel estaba sentado en una silla, las ojeras marcadas bajo sus ojos grises. Llevaba la misma chaqueta desde hace días. Cuando Aisha intentó hablar, solo salió un jadeo.—Estás a salvo. Por ahora.Ella lo miró en silencio. Las palabras se le quedaban atrapadas en la garganta, como si el miedo aún tuviera garras dentro de ella.Se incorporó con esfuerzo. Sentía la piel caliente, pero no por fiebre. Era otra cosa. Una vibración. Un fuego suave, latente.Un nuevo latido.—¿Dónde estamos? —murmuró.—Refugio temporal. Un sitio sin nombre. Nadie nos encontrará por ahora.Aisha bajó la vista. Sus muñecas aún tenían marca
No era momento de retroceder. Lionel había cruzado la línea, desafiando a su hermano Sanathiel, y las consecuencias serían graves, marcando su hermosa y fría piel, con cicatrices como castigo. A pesar de eso, su mente no podía dejar de revivir la imagen de Aisha, rota y humillada, después de haber sido sometida a los crueles caprichos de su propio hermano.—¡Aisha! —gritó mientras corría hacia la jaula.Para su sorpresa, Sanathiel apareció en la entrada, cruzado de brazos, observando la escena con desdén.—¿Te atreverás a ayudar a mi prisionera en mi presencia, Lionel?Lionel lo miró de reojo, sus ojos encendidos de ira.—¿Qué clase de líder deja a alguien en este estado? ¿No estás rompiendo tus propias reglas, lobo blanco?Sanathiel sonrió, burlón.—¿Y qué importancia tiene ahora esa humana, Lionel? Dímelo tú, ¿qué significa esta persona para ti?Lionel ignoró la pregunta y siguió sus instintos. Respiró hondo, sabía lo que debía hacer. En la puerta trasera, con la luz de la luna ilumi
Rasen llevaba horas conduciendo sin un rumbo fijo. La culpa por la muerte de Clear lo corroía, y el constante golpeteo de la lluvia contra el parabrisas parecía reflejar su estado mental. La tarde se oscurecía rápidamente, y el mundo a su alrededor se tornaba un borrón gris.De repente, creyó ver a Clear de pie en la acera, su silueta inconfundible bajo el paraguas. Su corazón dio un vuelco, y frenó bruscamente el auto, bajando sin pensar.—¡Clear! —gritó, pero al acercarse, la figura no era quien esperaba. Era Aisha, empapada bajo la lluvia, con una expresión mezcla de sorpresa y agotamiento.Sin decir una palabra, Rasen la tomó del brazo y la abrazó, recostando su mentón en su cuello.—No debí dejarte ir así… —dijo con la voz quebrada—. Yo, Aisha... aún duele. Duele tanto.Ella intentó apartarse, pero él la abrazó con más fuerza.—No puedes irte. No puedes dejarme de nuevo.Los ojos de Aisha se entrecerraron, confundida y cautelosa.—Te ves mal, Rasen. Deberías ir a casa.—Solo si v