Capítulo 29

Lo primero que hizo Dante al despertar fue dar la orden de que sacaran a todos de las mazmorras. Luego de ver a Svetlana en esas condiciones, no creyó sensato seguir manteniendo a Olivia y a Enzo en esas condiciones. Unas semana ya era suficiente para un escarmiento. Fiorella era otro caso, pues con esta última tenía un asunto pendiente.

—Tráiganla ante mí —ordenó con voz firme mientras se acomodaba en su despacho, con los codos sobre la mesa y los dedos entrelazados.

Su cabeza aún palpitaba con el peso de todo lo ocurrido. La imagen de Svetlana, rota y vulnerable en sus brazos, le perseguía con una insistencia insoportable.

Cuando la puerta se abrió y Fiorella hizo acto de presencia, ya estaba bañada y vestida, pulcra, como si nada hubiera sucedido. Se detuvo a unos pasos de su escritorio e inclinó levemente la cabeza en un gesto de respeto, pero sus ojos destilaban altivez.

Dante no perdió el tiempo.

—¿Qué fue lo que sucedió? —preguntó sin rodeos, su voz como un látigo en el aire.

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