Daniela sentía que la respiración le pesaba en el pecho, con cada fibra de su cuerpo, aun estremeciéndose ante el baile con Víctor. No importaba cuántas veces intentara convencerse de que no debía reaccionar así, su cuerpo tenía otros planes.Víctor no se alejó de inmediato. Sus dedos, que segundos antes habían rozado su espalda desnuda, ahora recorrían su brazo, toqueteaba su piel, y eso solo le pasaba imágenes en su cabeza de ellos dos teniendo sexo la noche pasada.Daniela tragó saliva, obligándose a respirar con calma mientras lo miraba y luego negó.—La verdad es que, no quiero saber nada.Víctor le sonrió en el momento, y la apretó más a su cuerpo.—¿Segura?—Sí… No quiero saber nada de ti.Hubo una sacudida, y ella literalmente sintió su erección dura en su estómago.—Pero no es lo que yo quiero. Además, tu nota…—Tú comenzaste. Me trataste como una puta.Víctor frunció el ceño.—Uhggg… no, no, definitivamente no. Pero perdiste tu virginidad con un hombre desconocido.—Y eso es
—Estás loco… —ella se soltó de su agarré y comenzó a caminar rápidamente. Sin embargo, sintió los pasos de Víctor detrás de ella.Podía imaginar como la miraba mientras por sus piernas, resbalaba la evidencia de que había caído en sus manos de nuevo, y eso hizo que sus mejillas se calentaran y volviera a tener la respiración agitada.Su cuerpo aún ardía, y aunque intentaba calmarse, la huella de cada palabra, cada toque, estaba grabada en su piel.Cuando ella salió al jardín, sintió la mirada de sus nuevas “hermanas” de Antonella, y la de la madre de Víctor, como si en su frente tuviese un letrero con las huellas de su oscuro hermanastro sobre ella. Sin embargo, cuando giró hacia su madre, ella parecía embelesada por una cantidad de palabras que Titus le susurraba.Ella pasó un trago, pero por alguna razón, la atmósfera en la mansión se volvió opresiva, como si la casa misma estuviera viva, porque un murmullo, movimientos agitados, y algo extraño comenzó a envolver todo el panorama. L
Daniela sintió que el aire se volvía denso en la habitación. Víctor la miraba con una mezcla de diversión y algo más oscuro, algo que le erizaba la piel y la dejaba sin aliento. Sus manos se aferraron a los tirantes de su mochila, pero el peso de su mirada la clavó en el sitio.La distancia entre ambos era ahora inexistente. Daniela sintió su respiración agitada, y su pulso acelerado quizás la delataba ante su externa y supuesta tranquilidad. Podía sentir la calidez de su cuerpo, el peso de su mirada sobre ella y, sobre todo, esos dedos que levantaron su mandíbula para hacer que lo mirara.Su mano trazó su rostro e hizo que su piel se erizara. Su pulgar rozó suavemente la línea de su mandíbula, mientras su otra mano se deslizaba lentamente por su cintura. Daniela contuvo el aliento, sin saber si debía empujarlo o dejarse llevar por la corriente de su presencia.Y ya sabía lo que este hombre le hacía y las marcas que dejaba.—¿Tienes miedo? —preguntó él en un susurro, con su rostro tan
Daniela corrió con todas sus fuerzas, sintiendo el aire frío golpear su rostro. Sus pies apenas tocaban el suelo mientras se adentraba en el campo abierto, sin importarle hacia dónde iba. Solo quería alejarse de Víctor, de su control, de todo lo que representaba.Pero entonces, algo la hizo detenerse en seco.Ante ella, un paisaje de ensueño se desplegaba: una caballeriza de madera rústica con puertas entreabiertas, permitiendo ver caballos libres pastando bajo la luz del sol. La brisa mecía la hierba alta y dorada, y el sonido del viento acariciaba el ambiente con una calma imposible de ignorar. Daniela sintió su respiración entrecortada por la belleza del lugar y no entendió nada en lo absoluto.Detrás de ella, los pasos de Víctor se acercaron con lentitud, hasta que lo sintió justo a su lado.—Es hermoso, ¿verdad? —susurró él con la voz más suave de lo que esperaba.Daniela tragó saliva y asintió sin apartar la vista del paisaje. El corazón aún le latía con fuerza, pero ya no por m
Daniela miró de reojo cómo Víctor abotonó su camisa, y recogió su chaqueta. Ella aún temblaba, pero levantó la barbilla porque siempre quería parecer segura.—No quisiera volver, pero tengo asuntos —Daniela asintió sin ninguna queja, y luego sintió cómo los dedos del hombre se esparcieron por todo su brazo.—Quizás por la noche vaya a la casa de Titus…—¿Titus? —ambos caminaron de forma lenta saliendo de aquel establo—. ¿Lo llamas así?—Sí —Víctor miró hacia delante.—¿No vives allí?—Es mi casa también, pero tengo la mía propia, me gusta la extrema privacidad. Luego entenderás que no es tan cómodo vivir con tanta gente después de una semana, o menos.—¿Tu madre…? —Llegando al auto, Víctor le abrió la puerta y Daniela se subió, y cuando estuvieron sentados mirándose el uno al otro, ella continuó—. Ella…—Ella es la dueña de la casa prácticamente. Y si tu pregunta es, si duerme con mi padre también… —Víctor esbozó una sonrisa—. Siempre lo hace, incluso permite las noches con las otras.
—Se terminó esto —advirtió Víctor con voz cortante.La mujer, todavía pálida, apretó los labios y se dio la vuelta, alejándose con paso firme, pero apresurado, y sus hijas, excepto Amelia, la siguió.—Víctor, ¿podemos hablar?—No ahora —ella asintió y le dio una mirada larga a Daniela cuando Marcela habló.—Víctor, siento esto… yo… —Él no la dejó hablar, salió de la casa dándoles la espalda, mientras Daniela, todavía estaba temblando.Verle la espalda y después desaparecer, le hizo sentir que su pecho se oprimía.—Siento esto —escuchó a su madre—. Pero no puedo ser débil ante ellas. Debo ganarme mi puesto.Daniela negó rápido.—¿Cómo puedes pensar así, mamá? ¿Cómo te metiste en esto?—No hay vuelta atrás, estamos aquí.—Y me arrastraste contigo. Dime, ¿qué es lo que no sé?—No tengo cabeza, voy a prepararme, Titus llegará pronto y lo más seguro es que tenga que dar una explicación —Daniela se quedó sola en medio de la mesa con la boca abierta, y luego dio dos pasos hacia atrás.Se abr
Daniela sintió su respiración entrecortarse cuando se bajaron del auto y ella notó otra casa enorme ante sus ojos.Podía sentir el temblor de su cuerpo, y se preguntaba: ¿Cómo había llegado hasta aquí? Definitivamente, su vida se había convertido en una locura de la noche a la mañana.Su mano, tomada por esos dedos que se enredaron en los suyos, y que, sin decir una palabra, la guio hacia el interior.—Bienvenida —Daniela se abrazó a su propio cuerpo. Tenía el rostro caliente por los tragos, y luego escuchó la música, además notó que las luces de la sala se bajaron al instante—. Continuaremos la fiesta aquí —él tomó su cintura por detrás y comenzó a besar sus hombros.—¿Te acuestas con cualquiera? —Ella se giró—. No quiero tener una especie de enfermedad después de esto.Ella pensó que él se iba a reír, pero no lo hizo. Su mirada era muy seria, ni siquiera contestó su pregunta y se retiró de su lado para ir a servirle una copa para ofrecérsela.Daniela ni siquiera preguntó qué era, de
Daniela sintió que la ansiedad se apoderaba de su cuerpo mientras esperaba en la sala principal de aquella clínica, donde habían ingresado a su madre hace unas horas.Entonces sintió que alguien le tocó el hombro y al levantar la mirada, vio a Titus delante de ella.—Deberías irte a descansar…Ella se levantó rápidamente.—¿De qué está hablando? Es mi madre, y no hemos visto a nadie venir a decirnos que tiene.—Ya hablé con el médico.—¿Qué? ¡Yo soy su hija! —De un momento a otro, Titus tomó su brazo con fuerza y la zarandeó.—Daniela, aquí las cosas se manejan de otra manera. Tu madre tiene gastroenteritis, comió algo que le hizo daño. Los mariscos parece que también le crearon una reacción alérgica, y ahora está dormida, siendo hidratada y con los medicamentos correspondientes.Daniela abrió los ojos y sintió que también se le nublaron.—Ella nunca se enferma, nada le cae mal. Esto es muy extraño. Y así me arranque el brazo, no me moveré de aquí. Voy a verla, a esperar y hablar con