CAPÍTULO 10

Daniela miró de reojo cómo Víctor abotonó su camisa, y recogió su chaqueta. Ella aún temblaba, pero levantó la barbilla porque siempre quería parecer segura.

—No quisiera volver, pero tengo asuntos —Daniela asintió sin ninguna queja, y luego sintió cómo los dedos del hombre se esparcieron por todo su brazo.

—Quizás por la noche vaya a la casa de Titus…

—¿Titus? —ambos caminaron de forma lenta saliendo de aquel establo—. ¿Lo llamas así?

—Sí —Víctor miró hacia delante.

—¿No vives allí?

—Es mi casa también, pero tengo la mía propia, me gusta la extrema privacidad. Luego entenderás que no es tan cómodo vivir con tanta gente después de una semana, o menos.

—¿Tu madre…? —Llegando al auto, Víctor le abrió la puerta y Daniela se subió, y cuando estuvieron sentados mirándose el uno al otro, ella continuó—. Ella…

—Ella es la dueña de la casa prácticamente. Y si tu pregunta es, si duerme con mi padre también… —Víctor esbozó una sonrisa—. Siempre lo hace, incluso permite las noches con las otras.
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