CAPÍTULO 41 MARCAS…

MARCAS…

Alana se sintió fría, completamente ida y desajustada del mundo cuando entendió todo lo que significaba esto.

Incluso era también su sangre, y solo de sentir y pensar lo que pudo haber pasado Ivy o el mismo Ángelo, le removió todo.

Ella negó todo el tiempo y luego notó como Ángelo se alejaba un poco de ella para desabotonarse la camisa.

El atardecer estaba cayendo, y se estaban viendo los últimos rayos de sol.

—Esa noche, tuve muchas peleas. Y casi toda la semana peleaba hasta querer morirme —Ángelo sonrió y luego se quitó la camisa—. Puedes ver las cicatrices en las letras. Él sigue siendo mi sobrino. Siempre lo será.

Alana apretó su boca y luego le quitó la mirada.

—Con razón nos odias tanto… —ella lo dijo en susurro y luego sintió sus lágrimas en las mejillas—. Tienes toda la razón.

—Mírame, cara… —él le alzó la barbilla—. Odio es una palabra sencilla.

Alana se estremeció y luego asintió, entonces cuando Ángelo iba a ponerse de nuevo la camisa, ella le tomó la mano.

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