CAPÍTULO 40

Carlo sintió que se le cerraba la garganta mientras veía a Aitana alejarse a paso rápido, y Fabio llegó hasta él, sosteniéndolo porque parecía que se iba a desmayar de un momento a otro.

—¿Tú también oíste lo que dijo…? ¿Lo escuchaste…? —dijo apoyándose en la pared mientras palidecía.

—No —dijo su hermano—. No pude escuchar nada pero ¿qué te dijo Aitana?

—Dijo que no había querido lastimar a mis hijos… ¡a ninguno de los tres! —exclamó Carlo y Fabio abrió mucho los ojos.

—¡Santa m13rd@! —se espantó Fabio—. De todos los momentos ¡¿tenía que ser ahora?!

Carlo se mesó los cabellos, desesperado.

—Tenemos que sacarla ya, Fabio. No puedo dejarla ni un minuto más con esa gente.

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