Varios días después...La tensión entre Liah y Wendy va menguando a medida que pasan tiempo juntos elaborando un plan para encontrar la piedra, aunque todavía no han limado las asperezas por completo.Aquella tarde, ellos dos y Tom se reúnen en la biblioteca para organizarse e incluso dividirse en diferentes regiones, en caso de ser necesario. El plan es ir a los lugares donde el calor azota con más fuerza, por lo que han hecho una lista de dichos sitios.Entretanto, discuten acerca de la información que Wendy descubrió y que pensó que Liah había robado, cuando en realidad pertenecía a los miembros del antiguo pacto que fue disuelto más de dos décadas atrás.—¿Por qué quieren quemar las carpetas? —cuestiona Wendy, decepcionada.—Porque ya no son necesarias —responde Liah, cortante.—No quiero deshacerme de ellas; son las pruebas de que ustedes existen y...—Exacto —la interrumpe Liah—. Entiendo que algunas personas consideren este asunto trivial, ya que, para un humano, sería difícil
Las miradas cómplices entre Liah y Wendy se hacen recurrentes, sumadas al nerviosismo que muestran cuando están juntos. Esos días, la morena se la pasa en la casa con la excusa de que ha estado estresada en la biblioteca; sin embargo, su madre intuye que se debe a los celos que los coqueteos de Lulú con Liah le provocan.Y, aunque ha tratado de disimular que eso no la afecta, es muy obvia en su proceder cuando la criada aborda al rubio.—Este maldito calor nos va a derretir a todos —se queja Liah mientras observa lo nublado que está el cielo, lo que impide admirar la luna y las estrellas esa noche.—Ojalá llueva... —murmura ella mientras se abanica con las manos.—Creo que debemos entrar o nos sofocaremos. Por lo menos en el interior contamos con el aire acondicionado.—Esto es terrible, Liah. Ya ni tomar aire fresco se puede debido al calor exagerado que hace. Temo las repercusiones que estar encerrados nos pueda traer —comenta ella, preocupada.—Tienes razón. Cada vez el clima empeo
Ella corre lejos del rubio, quien la sigue y la ataca con el agua que sale de su palma. Pronto él la alcanza, pero en lugar de arremeterle con las gotas frías, la carga por la cintura y flota con ella en el aire.Las risas desaparecen y sus miradas se conectan de manera especial. Ella oculta el rostro en el pecho firme, pero un susurro en el oído la hace respingar.—Mira a tu alrededor... —le dice él con voz suave.Wendy no puede evitar tiritar cuando un escalofrío le recorre el cuerpo, debido al aliento cálido de Liah que le roza la piel de la oreja.La mulata obedece a su pedido y sus ojos se abren, maravillados, cuando nota que están a una altura desde donde pueden apreciar la ciudad mojada. Las luces hacen que las gotas de lluvia luzcan coloridas y le dan una apariencia fantástica al escenario nocturno.—¡Qué hermoso! —exclama fascinada, con el corazón latiéndole muy rápido.—Me alegra que te guste. —Esta vez él le habla sobre el cuello, lo que provoca que todo el cuerpo de la mul
Liah, quien está ceñido con vestimenta negra y de cuero, camina por las calles oscuras sin un atisbo de temor. En vez de mirar preocupado a los lados, debido a lo peligroso que luce aquel lugar, él se conduce con porte intimidante, como si fuera de él de quien se debiera huir.«Este lugar no cambia», piensa mientras hace una mueca despectiva.Los sollozos de una chica captan su atención, también las risas de unos tres hombres, si sus cálculos no son erróneos.—Demonios... —masculla con hastío. Pareciera una burla del destino, un juego macabro que evoca un recuerdo no deseado. Con pasos cautelosos, Liah camina en dirección a lo que parece ser un asalto, y se detiene cuando descubre una escena un poco similar a la que vivió en el pasado, con la diferencia de que la chica no ha sido ultrajada aún.—¡Vamos, perra! Demuestra que todas las mujeres como tú solo sirven para ser cogidas —se burla uno de los hombres que rodean a una joven mujer.Liah observa la escena a una distancia prudente,
La brisa fresca levanta las hebras doradas mientras el aroma a frutas se cuela en sus fosas nasales, entonces el niño pequeño ríe y sus ojos verdes brillan satisfechos.¡Lo ha encontrado!El chiquillo da un salto; se sostiene del tronco de un árbol blanco y sin ramas, o eso parece, a menos que estas estén tan cerca de las nubes que él no pueda verlas.Ante un árbol como ese, ¿quién es él? Podría comprarse a un pequeño insecto o un pajarillo que solo busca un fruto, ese que le dará la victoria por encima de sus hermanos.Dado que ese árbol bloquea las habilidades zollebs, es casi imposible poder escalarlo, porque también su textura es resbaladiza y la altura una locura.Él no debería estar allí, pero decidió colarse para obtener la atención de su padre, quien solo lo engendró, pero nunca se ha molestado siquiera en visitarlo.El pequeño Liah escala hasta la cima, donde las nubes cubren cuatro ramas carentes de hojas, pero con un fruto redondo en la punta de cada una. Él se apresura a c
Liah observa a la mujer, que tiene entre sus brazos, y lo único que se le ocurre es llevarla a su tráiler, ya que es todo lo que posee en ese lugar y lo que considera ser su hogar temporal. Debido a que no confía en las autoridades de aquella ciudad ni siquiera contempla entregarla a ellos, puesto que está seguro de que, si la deja allí, estos podrían aprovecharse de la vulnerabilidad de la chica.Al día siguiente, Liah sale por un desayuno para dos y, al regresar, nota que la mujer está despertándose. Su cabello rojizo luce demacrado con la luz solar, al igual que la piel blanca cubierta de moretones. Cuando ella abre los ojos, él se queda embelesado con el tono ambarino que refleja tristeza y confusión. Mientras tanto, la mujer, de apariencia esquelética, lo observa sin disimulo, analizando cada detalle de él.De repente, ella se levanta de golpe al darse cuenta que está en una cama que no es la suya. Sin embargo, enseguida recuerda que la casa donde vivió ya no es su hogar, y no pu
Varias décadas más tarde… (Actualidad)La chica flota por los aires con acrobacias hábiles, tan grácil y libre como si de un ave se tratara. Sus ojos se tornan grises y muy cristalinos, y de sus manos empieza a fluir una simple brisa que se va transformando en viento, hasta que un tornado se instala alrededor de sus piernas. Las fuertes brisas empiezan a mover los árboles con gran ímpetu, y el cielo se nubla.—¡Suficiente! —vocifera Liah desde la superficie de gramas plateadas.Legna cierra los ojos. La fuerza del tornado va menguando hasta desaparecer, al mismo tiempo en que ella desciende despacio. Pronto las plantas de sus pies descalzos tocan el suelo de las gramas, que, pese a su apariencia puntiaguda, se sienten suaves como la tela de algodón.—¿Cómo lo he hecho? —inquiere, emocionada y a la expectativa de su respuesta. Para ella es muy importante la opinión del rey de los zollebs, ya que siempre ha admirado su poder y habilidades.Su abuelo, un hombre de tez tersa y joven, con
Continente de los humanos«El calor es abrumante, aunque ya la noche está avanzada», piensa Liah mientras usa su mano derecha para secarse las gotas saladas que le humedecen la frente.El olor a poder zolleb le da a entender que su intuición estuvo correcta al ir él mismo a aquella misión. Con los datos reflejados en un aparato electrónico, él busca la ubicación del hombre que una vez fue su aliado, pero a quien tuvo que liberar de la carga del acuerdo porque los humanos se convirtieron en seres poco confiables.Un suspiro deja sus labios.Él había evitado regresar al territorio humano después de lo acontecido veintitrés años atrás, cuando una guerra sin sentido terminó de separarlos por completo.De nuevo se seca el sudor de la frente y maldice por lo bajo el terrible calor que azota a aquel continente, y que lo hace sentir sucio e irritable.—Bueno, si no encuentro la maldita piedra, el territorio humano se irá al demonio. ¡Qué puto calor! —se queja mientras camina por las calles so