69. Tomar aire.

El campamento es un caos.

Gritos. Gruñidos. Miradas afiladas como cuchillos.

Los lobos se dividen en dos grupos, como un río que se parte en dos direcciones. Unos se colocan a mi lado, instintivamente, con la lealtad reflejada en sus posturas tensas. Otros rodean a Natan, listos para lanzarse sobre mí con la primera orden.

Rita sigue detrás de mí. Puedo oír su respiración entrecortada. No me atrevo a girarme para mirarla, no ahora. No cuando un solo movimiento en falso podría sellar nuestro destino.

Me mantengo firme.

Natan me observa con esa sonrisa despectiva, como si toda esta situación le divirtiera.

—Siempre con el discurso heroico, hermano. —Su voz es una mezcla de burla y veneno—. ¿No te cansas?

Lo ignoro.

—Escuchen —levanto la voz—. Esto es una estupidez.

Algunos parpadean. Otros tensan las mandíbulas.

—Tenemos algo más grande de qué preocuparnos. Nos están cazando.

Silencio.

Veo las dudas en algunos. Los lobos más jóvenes, los que han sentido la presencia de los cazadores per
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