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La pobre aldeana atormentada por la adicción al sexo

La pobre aldeana atormentada por la adicción al sexoES

Cuento corto · Romance
Ronaldo  Completo
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Resumen
Índice

Soy una mujer del campo, con una adicción al sexo insoportable. Mis recaídas frecuentes han inevitablemente afectado la cosecha de mi familia. Ya sin más opción, tuve que hacer que mi esposo buscara a un joven médico universitario recién llegado al pueblo para que me tratara. Sin embargo, su método de tratamiento me dejo mucho que pensar...

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Capítulo1
De camino a la consulta con mi esposo, me entró la histeria de nuevo. Sentía un picor insoportable en todo mi cuerpo. Tenía la mirada perdida y, con las piernas atadas, miré a mi marido para pedirle ayuda.Él me insulto en voz baja: —Perra.Las lágrimas bajaban por mis mejillas. Cuando empezó mi enfermedad, mi esposo estaba muy feliz, pero no pudo aguantar por mucho tiempo.Él rompió una mazorca bien gruesa y perfecta para su destino y me la entregó: —Hazlo tú misma.Entré al maizal. Rápidamente me bajé el calzón y me preparé para empezar.De repente, alguien me abrazó por detrás, yo pensé que era mi marido.Me di de vuelta, y abrí los ojos cuando me di cuenta que no era mi marido.Extendí la mano en un intento de apartarlo y estaba a punto de salir corriendo, pero él me agarró con fuerza. Tuve que gritarle a mi esposo para pedirle ayuda, pero no me respondió. ¿Cómo no pudo haber escuchado mis gritos, si no había nada de ruido en el maizal? De repente, recordé que, hace unos día
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Capítulo2
Se levantó y recogió un trozo de papel de la mesa.Me sentí muy avergonzada y enojada cuando vi al doctor limpiándose la humedad de las manos y la cara, ya que no pude evitarlo y terminé untándolo un poco.—Lo lamento, no quise hacer eso —me disculpé.—Esas reacciones son bastante normales. Mira, yo solo te veo como mi paciente —dijo el doctor Miles. Su voz era suave, y me relajé.Bajé las piernas y él dijo:—Deja las piernas arriba. El examen aún no ha terminado.No tuve más remedio que alzarlas de nuevo.Después de terminar de limpiarse, sacó su celular y comenzó a tomar fotografías de mi cosita.Al ver mi confusión, explicó:—Está demasiado oscuro. No puedo ver con claridad.Me dio tanta vergüenza que quería que la tierra me tragara. Pensé que con un poco de medicina sería suficiente, pero nunca imaginé que el examen sería así. De haberlo sabido, me habría afeitado en casa.Observó la foto un rato y, por fin, encontró la causa.—Tienes una infección fúngica causada por un trastorno
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Capítulo3
Y eso sí que no me lo esperaba. Nunca pensé que la herramienta de la que hablaba fuera esa.El doctor Miles se subió rápido el pantalón y volvió a su cara de siempre, todo serio.Esa mirada sin expresión hacía que pareciera otra persona.—En efecto, acabo de comprobarlo… ya vi que eres adecuada para el molde más grande —me dijo como si nada.También empezó a explicarme con toda la seriedad del mundo cómo debía usarlo y en qué tenía que fijarme.Pero yo, la verdad, solo podía pensar en su cosa. Esa verga se veía tan buena como la de un negro grandote. Hasta me arrepentí… si no hubiera levantado la cortina justo en ese momento, lo habría disfrutado bastante.Definitivamente, se sentía mejor que la de mi marido.Mientras pensaba en eso, empecé a sentir calor en todo el cuerpo y una sed terrible. Vi una botella al lado y la tomé.Pensé que era para mí, así que la abrí y bebí sin pensarlo.El doctor Miles volteó, me vio con la botella en la boca y su cara cambió de golpe.—¡No!Ya era tarde
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Capítulo4
En ese momento, perdió la paciencia.Esta vez, fue brusco y rápido, como si me estuviera usando nada más para desahogarse, como si yo fuera un simple juguete.Pero ni así quedaba satisfecho. De verdad, se tardaba mucho. Mi marido tocó la puerta varias veces para apurarlo, y yo me tapé la boca por miedo a que se me saliera un grito.Al final, mi marido no aguantó más y ya estaba a punto de entrar al consultorio, así que, de mala gana, él se subió los pantalones.Yo me sentía débil, como si me hubiera pasado un camión por encima. Me costó bastante recuperarme antes de poder salir.Mi marido me preguntó por qué me había tardado tanto, y yo me inventé una excusa.Me sentí aliviada cuando vi que no me hizo más preguntas.A diferencia de mi consciencia culpable, el doctor Miles se veía tranquilo, como si no hubiera sido él el que me acababa de exigir tanto.—Su esposa está bien. Ya le expliqué el plan de tratamiento. Si lo sigue, en diez días o, máximo, en quince, va a estar mejor —dijo él,
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Capítulo5
Grité pidiendo ayuda, y él me soltó.—¿Por qué estás tan obsesionado conmigo? Estoy vieja, podría ser tu madre.—No hagas preguntas que no debes. Estaré ahí cada vez que me llames.Parecía que el tipo planeaba usar ese video como amenaza para manipularme.Pero si yo estaba disponible cuando él quisiera… entonces ¿cuál era la diferencia entre yo y una prostituta?Aunque es guapo y puede hacerme sentir bien rico, yo tengo principios. Sé lo que está bien, lo que está mal y lo que da vergüenza.No puedo convertirme en la esclava sexual de nadie.Aunque estaba aterrada, le advertí:—¿Sabes que esto es un delito, o no? ¡Borra ese video ya o voy a llamar a la policía!—¿La policía? ¿Y no te da miedo que quite el pixelado del video? ¿Y si toda la gente del pueblo empieza a hablar de ti?Mucha gente que conoces vio tu "actuación" hoy. Hasta Casilda le preguntó al alcalde qué zorra sería tan fácil como para hacer eso…No esperaba que no le tuviera miedo a la policía.El doctor Miles no solo era
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Capítulo6
En la clínica, después de leer mi informe médico, el doctor levantó la vista y me miró:—¿Ha tomado alguna medicina recientemente?—No.Siendo sincera, siempre he sido una persona sana. Normalmente ni la fiebre ni los resfriados me afectan. Se me quitan solos en un par de días, sin tomar pastillas ni jarabes.Pero los síntomas de hoy fueron tan raros y dolorosos que vine al hospital porque ya no podía aguantar más.Inesperadamente, el doctor me miró con una expresión seria:—¿Está segura de que no tomó nada? No me mienta, si no me dice la verdad, no voy a poder ayudarla.—Se lo juro, no he tomado nada —respondí.Al verme tan firme, el doctor ya no insistió, pero seguía con cara de duda.—"Su examen muestra una reacción provocada por el uso prolongado de estimulantes para el deseo sexual" —leyó en voz baja.—¿Qué dijo? ¿Cómo puede ser eso? —le arrebaté el informe, y sí… en la parte de conclusiones decía que había rastros de afrodisíacos.No lo podía creer.—Doctor, por favor, revíselo o
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Capítulo7
En su diario estaba escrito:Si no me hubieras abandonado, no habría caído tan bajo ni me hubieran pegado el SIDA cuando era casi un niño.Si esa zorra no te hubiera alejado de mis brazos, podríamos haber vivido felices para siempre.Son ustedes dos los que arruinaron mi vida.Me voy a vengar con todas mis fuerzas, y haré que te entierren conmigo. Así no estaré solo en mi camino al infierno."Entonces supe que no solo odiaba a mi marido, sino también a mí.Y para acabarla, ni siquiera era un practicante universitario. Su nombre y su identidad eran falsos.Primero, me dio esas drogas sin que yo lo supiera, para hacerme creer que tenía una adicción. Luego tuvo relaciones conmigo.Después de la primera vez, aprovechó un chequeo para sacarme sangre y hacerme una prueba.Descubrió que yo no estaba infectada, así que volvió a amenazarme, esta vez para acostarse conmigo otra vez y así contagiarme.Su plan era enfermarme a mí primero… y que luego yo se lo pasara a mi marido. Así, él terminaría
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