Capítulo3
Y eso sí que no me lo esperaba. Nunca pensé que la herramienta de la que hablaba fuera esa.

El doctor Miles se subió rápido el pantalón y volvió a su cara de siempre, todo serio.

Esa mirada sin expresión hacía que pareciera otra persona.

—En efecto, acabo de comprobarlo… ya vi que eres adecuada para el molde más grande —me dijo como si nada.

También empezó a explicarme con toda la seriedad del mundo cómo debía usarlo y en qué tenía que fijarme.

Pero yo, la verdad, solo podía pensar en su cosa. Esa verga se veía tan buena como la de un negro grandote. Hasta me arrepentí… si no hubiera levantado la cortina justo en ese momento, lo habría disfrutado bastante.

Definitivamente, se sentía mejor que la de mi marido.

Mientras pensaba en eso, empecé a sentir calor en todo el cuerpo y una sed terrible. Vi una botella al lado y la tomé.

Pensé que era para mí, así que la abrí y bebí sin pensarlo.

El doctor Miles volteó, me vio con la botella en la boca y su cara cambió de golpe.

—¡No!

Ya era tarde
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