Capitulo 37

—Tienes hambre, ¿cierto?—Dijo el hombre rubio del cual aún no sabía su nombre.—Podemos ofrecerte una rica comida, es nuestra especialidad.

Seguramente mi mirada o mis acciones me delataron y el aprovechó para mostrar humanidad conmigo.

Pude negarme pero sabía que tarde o temprano no aguantaría más y cedería.

—Quiero comer pero eso no asegura que yo me quedaré con ustedes.

El hombre solo sonrió y afirmó con la cabeza. Para él era un punto y para mí solo tiempo ganado.

Comenzamos a caminar y pronto llegamos a una choza donde había varias mujeres cocinando. Me enamoré de la comida tan solo al entrar. El olor era lo primero que se mostró y me dejó maravillada con su hermosura.

Me dió más hambre pero ví tantos platillos en la mesa que casí quedo satisfecha con eso.

Al menos en eso no mintió. La comida se veía tan deliciosa que aún sin hambre, no me hubiera resistido en probarla.

—Puedes comer lo que gustes.—Me dijo invitandome a pasar con ambas manos.—Ya probaste la parte negativa de nuest
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