Capítulo 1 —Una despedida de soltero cualquiera
Narrador:
La música vibraba en el suelo y las luces danzaban como llamas entre la multitud. Ella entró al club nocturno junto a sus amigas, después de una larga semana en la oficina. No esperaba nada fuera de lo común. Solo quería beber algo fuerte, bailar un poco y olvidar que su vida estaba completamente programada.
Tenía veinticuatro años, era abogada, decidida, con una belleza que llamaba la atención sin que lo buscara. Llevaba un vestido negro que marcaba sus curvas con la elegancia justa para destacar, pero no parecer desesperada por hacerlo.
—Mira allá —murmuró una de sus amigas —Un grupo de hombres celebrando. Parece una despedida de soltero.
—¿Cuál será el afortunado? —preguntó otra con una sonrisa maliciosa.
Ella los observó. No se interesó en los que hacían ruido, en los que brindaban o se reían escandalosamente. Su mirada se detuvo en el hombre apartado del grupo, de pie junto a la barra. Llevaba la camisa blanca arremangada, el primer botón desabrochado, una copa en la mano y los ojos fijos en la pista. Su postura irradiaba seguridad. No se esforzaba por llamar la atención, pero la tenía.
—Ese no parece que esté celebrando su boda —dijo ella.
—Pues justo por eso deberías acercarte —le respondió una amiga con una sonrisa.
Ella se dirigió hacia la barra, con paso firme, pero sin apresurarse. Se colocó a su lado, fingiendo mirar el menú de bebidas.
—¿No deberías estar allá con tus amigos?
Él giró levemente la cabeza hacia ella. Sus ojos eran intensos.
—Estoy celebrando a mi manera. Me gustan más las cosas tranquilas.
—¿Y eso incluye quedarte solo mientras ellos te festejan?
—Incluye observar desde donde puedo elegir mejor con quién hablar.
Ella soltó una leve risa. Tenía encanto, pero también una voz grave que rozaba lo pecaminoso.
—¿Y qué te dice tu instinto esta noche?
—Que me alegra que te hayas acercado. —Pidió dos bebidas. Le entregó uno sin dejar de mirarla. —¿Y tú? ¿También estás huyendo de algo?
—Estoy escapando del aburrimiento. Hasta ahora lo estoy logrando.
Él levantó su vaso y la invitó a brindar.
—Por eso, entonces. —Después de unos tragos y un par de frases con doble sentido, él le ofreció la mano. —¿Bailas?
—Sí, claro
Colocó su vaso en la barra y lo acompañó a la pista.
Al principio hubo distancia. Movimientos suaves, ojos que se desafiaban. Pero pronto esa distancia se redujo. Sus cuerpos comenzaron a buscarse, como si lo hubieran hecho antes. Las manos de él se deslizaron por su cintura. La piel de ella se erizó. Él bajó la cabeza y le susurró
—Tienes algo en la boca.
—¿Ah, sí? —preguntó, divertida.
—Sí —dijo él, bajando un poco más la voz —Ganas.
Ella no respondió con palabras. Lo miró directo a los ojos y lo besó.
El beso fue lento, húmedo, lleno de intenciones. No fue casual. Fue el tipo de beso que no se da si no se planea llevar a alguien a la cama.
Cuando se separaron, respiraban agitados. Él la sostuvo por la cintura, con firmeza.
—Creo que tenías razón...
—No quiero pasar esta noche sin probarte completa —dijo, con una sinceridad descarada.
Ella lo miró sin pestañear.
—Entonces, no la desperdicies.
Él tomó su mano, y ella lo siguió. Una habitación de hotel, puertas cerradas, ropa deslizándose por la piel, bocas, manos, gemidos, una noche sin nombres, un pecado sin culpa. Solo después vendría el verdadero infierno.
La habitación olía a perfume, alcohol y deseo. Apenas cerraron la puerta, él la empujó suavemente contra la pared, y sus bocas se buscaron de nuevo, esta vez con hambre. La besó con fuerza, con lengua, con intención, devorándola como si quisiera memorizarle el sabor.
Ella abrió los labios, respondió con la misma intensidad, enredando los brazos en su cuello mientras él la alzaba apenas para apretarla más contra sí. Su lengua la acariciaba con movimientos lentos y profundos, como si ya estuviera dentro de ella, jugando, provocando, anticipando.
Sus manos viajaban sin permiso, subiendo por sus piernas, apretando su cintura, agarrándola por el trasero mientras la movía contra su cuerpo, sintiendo cómo su erección crecía con cada roce.
—Quiero tenerte—murmuró él entre jadeos, con la frente apoyada en la suya, sin dejar de acariciarla —Ahora.
Ella lo miró sin una pizca de duda.
—Hazlo.
No necesitaban más.
Él la giró con rapidez, empujándola hacia la cama. Mientras caminaba hacia atrás, ella fue quitándose el vestido, dejando que cayera a sus pies. No llevaba sostén. Su pecho firme se mostró sin pudor, y cuando él lo vio, soltó un suspiro cargado de lujuria.
—Joder…
Se desabrochó la camisa con desesperación, sin quitarle los ojos de encima. Ella lo miraba con una sonrisa satisfecha mientras se deslizaba sobre la cama, abriendo las piernas sin quitarse aún la tanga negra. Se tocó con un dedo justo por encima de la tela, provocándolo.
—¿Vas a venir o solo vas a mirarme?
Él se lanzó sobre ella. Se metió entre sus piernas y le mordió el labio inferior con una fuerza controlada. Sus lenguas se encontraron de nuevo, más salvajes, más profundas, sin delicadezas. La besaba como si quisiera dejarle la boca adolorida.
Sus manos bajaron rápido. Le corrió la tanga hacia un lado y deslizó los dedos por su humedad.
—Estás empapada.
Ella jadeó.
—Por ti.
—Mejor así...
Entonces, sin más palabras, la penetró de una sola embestida.
Ella arqueó la espalda, soltando un gemido profundo, cargado de placer y sorpresa. Él comenzó a moverse con fuerza, sujetándola de las caderas, hundiéndose en ella con cada estocada, llenándola, haciéndola suya.
Sus cuerpos chocaban con ritmo feroz. Cada embestida venía acompañada de jadeos, besos con lengua, caricias bruscas, manos que apretaban, que agarraban. Él la besaba mientras la follaba, con una lengua tan sucia como sus movimientos.
—Dios… —gimió ella, agarrando las sábanas con fuerza —Más fuerte…
Él obedeció. La tomó por el cuello con una mano, sin lastimarla, pero dominándola. Con la otra, la sostenía por la cintura mientras se hundía más profundo. La miraba a los ojos, y ella lo miraba de vuelta, completamente abierta, completamente suya. El clímax llegó como una ola violenta.
Ella gritó su orgasmo, con el cuerpo temblando bajo el suyo, con la espalda arqueada, mientras él seguía moviéndose hasta que no pudo más.
Terminó dentro de ella, con un gruñido grave, con el cuerpo tenso, con el deseo satisfecho pero no apagado. Aún quería más. Aún la miraba con hambre.
Cayeron uno al lado del otro, sudorosos, respirando agitadamente, y él la volvió a besar, esta vez más lento, pero igual de profundo.
—Esto no debió pasar —murmuró ella, con la voz ronca.
Él sonrió.
—No me arrepiento de nada.
Capítulo 2 —Aquella nocheNarrador: El silencio en la habitación estaba roto apenas por el sonido de sus respiraciones entrecortadas. La sábana a medio cubrir, la piel húmeda, el cuerpo aún vibrando del orga*smo. Ella yacía boca arriba, con los ojos en el techo, mientras él, a su lado, seguía mirándola como si aún no pudiera creer lo que había pasado.—Aún no me has dicho tu nombre —murmuró él, con la voz grave y cargada de deseo contenido.Ella giró el rostro hacia él, con una sonrisa ladeada, aún sin aliento.—¿Y tú el tuyo?Él estiró la mano y le retiró un mechón de cabello de la frente.—Damas primero.—Lucía —dijo ella, sin pestañear.—Daniel—respondió él, después de un segundo de pausa, como si saboreara la idea de decirlo solo para ella.—Encantada, Daniel —susurró, con una sonrisa pícara —Aunque creo que ya nos conocemos bastante bien, asi que nada de apellidos.—Todavía no lo suficiente —murmuró él mientras se inclinaba sobre ella otra vez.La besó, lento al principio. Su le
Capítulo 3 —La invitaciónNarrador:El sonido de las llaves al caer sobre la mesita de entrada fue lo único que anunció su llegada. La joven cerró la puerta de su apartamento y se quitó los tacones como si le pesaran siglos. Aún tenía las mejillas encendidas y los labios sensibles. Se pasó los dedos por el cuello, allí donde él la había besado con fuerza, dejando marcas que no se borraban tan fácil.—¿Dónde demonios estabas? —preguntó su amiga Margot desde el sofá, con una taza de café en la mano y cara de curiosidad insatisfecha.Desirée soltó un suspiro mientras caminaba directo a la cocina.—No me lo vas a creer.—¿Te fuiste con uno de la despedida de soltero?Desirée se quedó en silencio, tomó una botella de agua y se la llevó a los labios. Cuando volvió a mirar a Margot, tenía una sonrisa maliciosa pintada en el rostro.—No solo me fui con él... me lo follé como si el mundo se fuera a acabar esta noche.Margot abrió los ojos como platos y se enderezó en el sofá.—¡No jodas! ¡¿Des
Capítulo 4 —Regreso a casaNarrador:Desirée se sentó frente al espejo y comenzó a peinarse. Intentaba parecer tranquila, pero había una inquietud que no podía explicar. Un nudo en el estómago. Como si algo no terminara de encajar.—Me da igual. Solo quiero cumplir, sonreír, tomarme un par de copas y desaparecer.—Claro… como la noche del club.Desirée la miró por el reflejo. Margot alzó su copa con una sonrisa cínica.—No te preocupes, Desirée. Es solo una boda más… ¿qué podría salir mal?El motor del auto zumbaba con suavidad, y el paisaje se deslizaba por la ventana como si no quisiera ser visto. Desirée conducía con una mano en el volante y la otra apoyada sobre su muslo, los dedos tamborileando con impaciencia. El vestido rojo colgaba cuidadosamente en el asiento trasero, protegido con una funda plástica, como si fuera más importante que todo lo que sentía en ese momento. No había música. Solo el sonido del camino y sus pensamientos.Hacía años que no veía a su madre. Ni llamadas
Capítulo 5 —Sí, soy yoNarrador:El salón estaba decorado con una elegancia casi asfixiante. Blancos, dorados, velas flotando en columnas de cristal, pétalos esparcidos por el pasillo principal. Desirée caminaba despacio, sintiendo cómo cada paso la acercaba más a un lugar donde no quería estar. Vestía el rojo que Margot le había insistido que usara. Estaba preciosa. Impecable. Irradiando seguridad… aunque por dentro sentía un nudo que no se iba.Los invitados murmuraban en pequeños grupos. Muchos la observaban con curiosidad, preguntándose quién era esa mujer con la espalda recta y la mirada altiva que llegaba sola, sin sonreírle a nadie.La ceremonia aún no comenzaba. Se acercó al altar, como si eso pudiera hacerla sentir parte de algo. No lo logró, todo era ajeno, distante. Y, aun así, ahí estaba.Una voz la hizo girar la cabeza. Una risita entrecortada, pasos y entonces lo vio; era él.Vestido de traje oscuro, camisa blanca, el cabello perfectamente peinado hacia atrás. Caminaba c
Capítulo 6 —El infierno no era rojo... era ella.Narrador:El aire afuera estaba más frío que adentro, pero Desirée no lo sentía. Caminaba rápido, con el vestido rojo ondeando tras sus pasos, el corazón golpeándole el pecho y los dientes apretados de pura rabia. No podía soportarlo ni un minuto más. El aplauso de los invitados, las risas, el brindis. Las manos de su madre sobre el brazo de él. Sobre su brazo.Ese hombre, ese maldito hombre con quien se había acostado, ese cuerpo que había saboreado con su lengua, esa voz que había susurrado su nombre falso mientras la hacía gritar de placer. “Daniel” ¡Claro que Daniel no existía! Era Cédric. Y ahora era su padrastro, legal y asquerosamente.Desirée abrió la puerta del coche con manos temblorosas, pero antes de poder subir, una figura la detuvo. Fuerte y determinada. Su sombra cubrió la suya, y cuando alzó la vista, ahí estaba... Cédric.—Lucía, espera. Puedo explicarlo.Ella soltó una risa breve, filosa como una navaja.—Soy Desireé,
Capítulo 7 —No sabíamos quienes éramosNarrador:Desireé necesitaba hablar con alguien, tenía que desahogarse, estaba a punto de colapsar, así que cogió su movil, y llamó a la única persona en el planeta que la podía entender.Margot contestó casi de inmediato.—¿Sobreviviste?Desirée se dejó caer en el sillón, con el teléfono pegado a la oreja y una presión en el pecho que no había podido quitarse desde la noche anterior.—No sé si quiero haberlo hecho.—¿Fue tan horrible?Silencio. Solo se oía su respiración agitada. Finalmente, Desirée habló.—Era él.—¿Quién?—Él, Margot. El de la discoteca, Daniel.Margot tardó un par de segundos en procesarlo.—¿Qué quieres decir con que “era él”? ¿Te lo cruzaste en la boda?—No me lo crucé… Estaba en el altar.—¿Qué?Desirée cerró los ojos. No podía repetirlo sin sentir que algo en su cuerpo se contraía.—Cédric. Ese es su verdadero nombre. Se casó con mi madre.Un silencio brutal. Solo el zumbido de la línea.—¿Estás... estás hablando en serio
Capítulo 8 —No quiero tu perdónNarrador:Y sin embargo, la tensión los unía más que la distancia.—¿Te molesta que me quede? —preguntó él, sin moverse.Desirée sostuvo su mirada.—Haz lo que quieras. Pero si cruzas esa línea… —Se acercó un poco más. Apenas un suspiro los separaba. —No habrá marcha atrás —susurró.Cédric no dijo nada. Y tampoco se fue.El aire entre ellos se volvió más espeso con cada segundo. Ella no retrocedía. Él no se movía. Era como si el mundo se hubiera cerrado en ese pequeño espacio entre sus bocas. Apenas respiraban. Desirée lo miraba con el mentón en alto, desafiante, pero sus pupilas delataban lo que pasaba por dentro. Cédric lo sabía, lo sentía.—Vas a arrepentirte —dijo ella, con la voz baja y tensa —Si me tocas, no voy a perdonarte después.Él inclinó la cabeza. Sus labios estaban a punto de rozarla.—No quiero tu perdón.Y entonces la besó. No hubo preámbulo, no hubo suavidad. Fue un choque brutal de bocas, de rabia y deseo comprimidos durante días. El
Capítulo 9 —UberNarrador:El sonido de las llaves girando en la puerta fue suave, casi imperceptible, pero Desirée no lo escuchó. Seguía allí, sentada en el suelo, con las rodillas recogidas contra el pecho y los brazos enredados alrededor de ellas. El rostro hundido, los hombros sacudidos por un llanto que no podía frenar.La puerta se abrió con lentitud, y la abuela entró con una bolsa liviana en una mano y el bolso colgado del antebrazo. Cerró con cuidado, como siempre hacía, pero al dar dos pasos dentro de la casa, se detuvo en seco.—¿Desirée? —La voz de la anciana no sonó alarmada, pero sí inquieta. Dejó todo a un lado, avanzó hasta la sala y entonces la vio: su nieta, en el suelo, temblando como una ni*ña. —¡Dios mío, mi pequeña! —exclamó, corriendo hacia ella. Se agachó con dificultad y la envolvió entre sus brazos sin pedir permiso. La sujetó fuerte, con firmeza, y acarició su espalda como si pudiera calmar el terremoto que había en su interior. Desirée no dijo nada. Solo se