Aún llevas mi marca

Dana podía escuchar los pasos y risas al otro lado de la pared. Las charlas no paraban.

Todos estaban ajenos a lo que estaba sucediendo detrás de la pared.

—Kian… —su protesta sonó ahogada cuando los labios del macho se arrastraron por su cuello erizándole la piel.

Ella tuvo que morderse el labio inferior para no dejar salir aquel gemido que amenazaba con escapar de su boca.

—¿Recuerdas por qué me llaman monstruo, dulce Omega? Estuve en diferentes guerras, todas ellas las gané, puede haber hecho treguas de paz pero era por mi favor. Todos esos estúpidos que están pululando a tu alrededor no tienen ni idea de lo que les pasará si se atreven a tocarte. Los mataré Dana, no tendré piedad y sus muertes serán dolorosas por acercarse a lo que es mío.

—No soy tu propiedad —se quejó ella a punto de apartarse pero Kian metió sus dedos por el dobladillo de su vestido introduciendo su mano para frotar sus bragas.

Dana se estremeció al escuchar el gruñido posesivo de Kian al tocar lo húmeda que es
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