Capítulo 28: El juego se acabó

IDRIS DOYLE

Llegué arrastrando los pies a la mansión Harrison, Tina llevó a Oliver a su habitación, quien buscaba mi mirada. Parecía más preocupado por mí que por sí mismo. Intenté sonreírle, pero solo pude ofrecerle un espasmo de mi mejilla en un esfuerzo por levantar las comisuras de mi boca. 

De pronto una voz irritante, como arrastrar las patas de una silla, irrumpió el silencio. —¿Qué hace ese niño moribundo entrando a la casa? —Se trataba de Annie quien veía a lo lejos como llevaban a Oliver.

—Ese niño, es mi hijo… —dije entre dientes, volteando hacia ella con la mirada llena de odio—. ¡No te atrevas a hablar así de él! ¡No permitiré que le hagas d

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