Narrador omnisciente.Maite intentó apartar a Gianna de Aris, pero la niña se aferró con más fuerza a él y comenzó a sollozar.—¡Déjame curarlo con mi abrazo!—suplicó entre lágrimas.Aris sintió un inusual calor en el pecho. Lejos de molestarle los llantos infantiles, le resultaba fascinante la idea de que fueran los propios niños quienes obligaran a Maite a ceder. Sonrió, envolviendo a Gianna en un abrazo protector y susurrándole: —Si tú quieres, puedo quedarme toda la noche… pero Maite no me dejará.La niña alzó el rostro con determinación y miró a su madre.—Mami, Aris debe quedarse porque está lastimado. No puede irse sin que le pidas perdón por pegarle.La sonrisa de Aris se ensanchó con un brillo triunfal. Maite apretó la mandíbula y alzó la mano en un amago de nuevo golpe, pero antes de que pudiera hacer algo, Gael se acercó con cautela desde su rincón apartado.—No debes abrazar a un extraño, Gianna—le advirtió con su pequeña pero solemne voz.Aris le sostuvo la mirada. En e
POV. Maite.Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Un calor traicionero se esparció por mi piel, y durante un segundo, uno estúpido y débil segundo, me quedé quieta. Solo sentí.Sentí la calidez de su piel, la firmeza de sus brazos, rodeándome con la facilidad de quien no teme que lo rechacen.Pero luego… la furia explotó en mi interior.Me giré bruscamente, liberándome de su agarre y empujándolo con ambas manos en el pecho.—¡Sal de aquí, tarado! —espeté en un susurro furioso, cuidando de no despertar a mis hijos.Aris ni siquiera intentó detenerme. Se quedó ahí, mirándome con esos ojos cínicos y divertidos, como si disfrutara de mi reacción.—No soy de los que duermen en sofás y quería decírtelo —dijo con una sonrisa ladeada—, pero cerraste la puerta con seguro. —¿Así que tu lógica retorcida te dijo que meterte en mi cama era la mejor opción?Se encogió de hombros, con una expresión despreocupada que me sacó de quicio.—Era la más cómoda.Apreté los dientes.—Voy a matarte.—Despu
POV. Maite¡Dios, qué noche había tenido! Apenas había pegado el ojo, con el sobresalto constante de que Aris volvería a entrar en cualquier momento. Tenía que estar alerta, y preparada para resistirme.Anoche casi cometía el error de caer en sus brazos de nuevo. Él había sido el único hombre en mi vida, pero no podía darle el poder de conocer ese detalle. No cuando estaba claro que lo único que quería era convertirme en su juego, en su amante.Tomé un sorbo de café, intentando disipar el nudo en mi garganta, y noté su chaqueta sobre la silla. Había olvidado devolvérsela después de la fiesta y, para colmo, su traje estaba manchado, ahora estaba tirado en mi baño. ¿Qué pretendía este hombre?Unos golpes en la puerta me hicieron dejar la taza sobre la mesa y abrir, con la sospecha de que, de seguro, era él quien volvería a fastidiar, pero era Javier quien estaba al otro lado, con el ceño fruncido y la mirada encendida.—Maite, ¿por qué me dijiste que ese hombre no significaba nada para
Narrador omnisciente.El sol abrasador del mediodía caía sobre la terraza del exclusivo café, donde Marina y sus amigas disfrutaban de sus bebidas heladas. Marina, con su característica actitud altiva, sostenía su vaso con elegancia, mientras las demás la escuchaban con atención y admiración.—Aris sigue siendo mío, solo está teniendo una rabieta —declaró, removiendo con pereza el hielo en su vaso con la pajilla dorada—. Ya saben cómo son los hombres, especialmente los que tienen carácter. Pero una mujer inteligente debe saber mantenerlos sujetos, como si fueran perros con collar.Sus amigas rieron con diversión, algunas asintiendo en aprobación. Marina sonrió con autosuficiencia y cruzó las piernas, inclinándose ligeramente hacia adelante para enfatizar su punto.—Aris está tan enfocado en mí, que solo necesito hacer una llamada y correrá de vuelta como un buen chico.Las demás intercambiaron miradas entre sí, algunas con duda, pero ninguna se atrevió a cuestionarla. En ese momento
POV. Aris.Me estaba controlando para que no se volviera un maldito hábito ir tras Maite, pero la verdad era que me moría de ganas. La idea de estar con ella y sus hijos me resultaba inquietantemente interesante.Sin embargo, tenía prioridades. Y entre ellas, la principal: el motivo por el que estaba aquí, en Italia, “mi venganza”. Tal como lo había previsto, Vittorio acudió a mí. El viejo infeliz me llamó temprano, prácticamente rogando, como un corderito acorralado. Necesitaba mi influencia, y claro, yo estaba más que dispuesto a seguirle el juego.Esta venganza estaba destinada a disfrutarse paso a paso.—¿Qué piensas hacer? —preguntó Nikos, parado a mi espalda mientras yo me acomodaba la corbata.—Tengo una cena de negocios —respondí con una media sonrisa reflejada en el espejo.Nikos movió la cabeza con indignación.—Se supone que queremos acabarlo, no servirle de salvavidas cuando se está hundiendo. No entiendo qué demonios pasa por tu cabeza. Ese maldito viejo organizó una cen
POV Maite.El estrés me carcomía. La niñera acababa de avisarme que no podría quedarse con los niños porque estaba enferma, y yo tenía que presentarme en el set de grabación. No podía faltar en mi primer día de rodaje en este proyecto, pero tampoco podía dejarlos solos.Caminé de un lado a otro en la suite del hotel, tratando de encontrar una solución. Podía llamar a Scarle, a quien le había dicho que sería, mi nueva asistente personal, pero le había dado unos días libres antes de empezar. No quería parecer una jefa abusiva llamándola de la nada para pedirle que comenzara antes de lo planeado, sobre todo porque ella también tenía hijos y, probablemente, estaría con ellos.Javier era otra opción. Pero después de lo que pasó, pedirle este favor me parecía injusto. Además, como mi mánager, seguramente querría estar presente en mi primer día de trabajo aquí.Solté un suspiro y me agaché hasta quedar a la altura de Gianna y Gael.—Hoy los llevaré conmigo, pero deben prometer que se porta
POV MaiteEl eco de mis pasos resonaba en el pasillo mientras avanzaba de vuelta al camerino. El maquillaje aún cubría mi rostro como una máscara de un personaje que ya no quería interpretar. Con la mente fría, me repetía que había cometido un error. Me reprendía internamente por haber besado a Aris de esa forma tan impulsiva, tan absurda. No era necesario, no tenía por qué haber caído en su juego, y, sin embargo, ahí estaba yo, tropezando justo donde él quería que cayera. Su manipulación me envolvía como un veneno lento, y yo, en mi estupidez, le estaba facilitando todo.Iba tan absorta en mis pensamientos, y con la mirada clavada en el suelo, que cuando choqué de frente con alguien. Mi cuerpo se estremeció con el impacto, y el perfume familiar impregnó mi nariz.—Javier —exclamé con un hilo de voz.Tenía los ojos enrojecidos, los puños crispados, y la mandíbula tensa. No me miraba a mí, sino al pasillo del que venía, como si intentara contener algo más grande que su enojo.—Ese
POV: Aris.Maite me había sacado de mis casillas. Esa mujer verdaderamente merecía lo peor de mí. Se atrevió a besarme con burla, a restregarme en la cara su desprecio, y aun así tenía la desfachatez de proclamarse inocente y señalar a Marina como la culpable.Desde el asiento trasero de mi camioneta la vi entrar al set y salir furiosa minutos después. Sonreí con satisfacción, saboreando su enojo.Me sorprendió no ver a su eterno perro faldero, siguiéndola como de costumbre, aferrándose al pretexto de ser su mánager. Siempre estaba pegado a ella, vigilante, molesto. Pero hoy, su ausencia era una bendición para mí. Sin él estorbando, todo sería mucho más fácil.—Síguela —le ordené a mi conductor en cuanto la vi subir a un taxi privado. Sin duda, lo había contratado para llevarla de regreso a la ciudad.—Hombre, pareces un loco detrás de esa mujer —se burló Nikos, sentado a mi lado.—Cállate. Si te dejé venir no fue para cuestionar mis acciones. Sabes que planeo darle un buen susto… y l