POV Maite.El estrés me carcomía. La niñera acababa de avisarme que no podría quedarse con los niños porque estaba enferma, y yo tenía que presentarme en el set de grabación. No podía faltar en mi primer día de rodaje en este proyecto, pero tampoco podía dejarlos solos.Caminé de un lado a otro en la suite del hotel, tratando de encontrar una solución. Podía llamar a Scarle, a quien le había dicho que sería, mi nueva asistente personal, pero le había dado unos días libres antes de empezar. No quería parecer una jefa abusiva llamándola de la nada para pedirle que comenzara antes de lo planeado, sobre todo porque ella también tenía hijos y, probablemente, estaría con ellos.Javier era otra opción. Pero después de lo que pasó, pedirle este favor me parecía injusto. Además, como mi mánager, seguramente querría estar presente en mi primer día de trabajo aquí.Solté un suspiro y me agaché hasta quedar a la altura de Gianna y Gael.—Hoy los llevaré conmigo, pero deben prometer que se porta
POV MaiteEl eco de mis pasos resonaba en el pasillo mientras avanzaba de vuelta al camerino. El maquillaje aún cubría mi rostro como una máscara de un personaje que ya no quería interpretar. Con la mente fría, me repetía que había cometido un error. Me reprendía internamente por haber besado a Aris de esa forma tan impulsiva, tan absurda. No era necesario, no tenía por qué haber caído en su juego, y, sin embargo, ahí estaba yo, tropezando justo donde él quería que cayera. Su manipulación me envolvía como un veneno lento, y yo, en mi estupidez, le estaba facilitando todo.Iba tan absorta en mis pensamientos, y con la mirada clavada en el suelo, que cuando choqué de frente con alguien. Mi cuerpo se estremeció con el impacto, y el perfume familiar impregnó mi nariz.—Javier —exclamé con un hilo de voz.Tenía los ojos enrojecidos, los puños crispados, y la mandíbula tensa. No me miraba a mí, sino al pasillo del que venía, como si intentara contener algo más grande que su enojo.—Ese
POV: Aris.Maite me había sacado de mis casillas. Esa mujer verdaderamente merecía lo peor de mí. Se atrevió a besarme con burla, a restregarme en la cara su desprecio, y aun así tenía la desfachatez de proclamarse inocente y señalar a Marina como la culpable.Desde el asiento trasero de mi camioneta la vi entrar al set y salir furiosa minutos después. Sonreí con satisfacción, saboreando su enojo.Me sorprendió no ver a su eterno perro faldero, siguiéndola como de costumbre, aferrándose al pretexto de ser su mánager. Siempre estaba pegado a ella, vigilante, molesto. Pero hoy, su ausencia era una bendición para mí. Sin él estorbando, todo sería mucho más fácil.—Síguela —le ordené a mi conductor en cuanto la vi subir a un taxi privado. Sin duda, lo había contratado para llevarla de regreso a la ciudad.—Hombre, pareces un loco detrás de esa mujer —se burló Nikos, sentado a mi lado.—Cállate. Si te dejé venir no fue para cuestionar mis acciones. Sabes que planeo darle un buen susto… y l
POV MaiteEl caos envolvía mi mente como un torbellino imparable. Apenas podía sostenerme en pie, pues mis rodillas amenazaban con ceder en cualquier momento. Mi respiración era errática, mis oídos zumbaban y mis pensamientos eran un amasijo de miedo y confusión. Solo podía hacer una cosa: aferrar a mis hijos contra mi pecho, sintiendo sus cuerpecitos temblorosos mientras trataba de convencerme de que todo esto era real y no una pesadilla. —Debemos irnos —murmuré, con mi voz ronca y temblorosa.Gael, con los ojos anegados en lágrimas, apenas pudo asentir. Su cuerpecito se sacudía con sollozos ahogados. Gianna estaba paralizada, y con la respiración entrecortada por el miedo.—Cierren los ojos, mis amores. Les prometo que pronto estaremos lejos de aquí.Obedecieron sin titubear. Con el corazón encogido, cargué a Gianna en mis brazos y tomé con fuerza la manita helada de Gael. Sentía su temblor, recorrerme la piel como una descarga eléctrica. Avanzamos tambaleantes hasta el auto d
POV. Maite.No esperé más. Lo esquivé y comencé a abrir puerta tras puerta sin importarme dónde estaba hasta que lo encontré.Aris yacía sobre una enorme cama, sin camisa, con el hombro y el abdomen vendados. Y un bajante colgaba de su muñeca mientras el médico aún trabajaba en él.—¿Cuál es su tipo sanguíneo? —pregunté, con el pulso acelerado.El médico levantó la vista.—A positivo.No dudé ni un segundo.—Tengo el mismo tipo sanguíneo. Estoy totalmente sana. Tome de mi sangre —extendí mi brazo sin titubear.El doctor me observó durante unos segundos, como si evaluara mi determinación.—¿Está segura?Asentí sin dudar.Minutos después, estaba acostada junto a Aris, sintiendo el leve mareo de la transfusión, pero sin importarme nada más que salvarle la vida. La fatiga me venció sin que me diera cuenta.No supe cuánto tiempo pasó hasta que sentí un roce en mi rostro, como unas caricias suaves y cálidas que me obligaron a abrir los ojos.Lo primero que vi fueron los de Aris, mirándome f
Narrador omnisciente.Maite empujó a Aris con fuerza, causando que el dolor en su hombro y abdomen se intensificara brutalmente. Aris sintió la calidez de la sangre empapando sus vendas, pero ella, al ver las manchas carmesí, pareció vacilar por un instante.—Lo siento... —murmuró, aunque su voz no reflejaba arrepentimiento—. Darte mi sangre y quedarme esta noche a tu lado es mi forma de pagar, pero no te confundas. No es como si te merecieras un premio. Me humillaste en mi trabajo y has hecho todo lo posible por arruinarme.Aris apretó la mandíbula. ¿En serio lo estaba apartando? ¿A él? Que si no estuviera jodido por ese maldito dolor, no la dejaría ir tan fácilmente.—Entonces cumple. Quédate a mi lado —exigió con voz grave—. Porque lo que veo es que tienes prisa por huir.Maite soltó un bufido, cruzando los brazos sobre su pecho.—No soy de las que mienten. Dije que iré a ver a mis hijos. Y si tuviera planes de irme, dudo que pudiera hacerlo. Tienes esta casa llena de escoltas y y
POV MaiteLeonardo había puesto en peligro a los seres que más amo, y eso no lo iba a dejar pasar. Ya no podía darme el lujo de huir. No esta vez. Me habían acorralado, me habían quitado demasiado, y ahora me tocaba pelear.El miedo seguía ahí, escondido en alguna parte de mí, pero lo ignoré. Porque habían despertado a la Maite que había intentado enterrar durante años. La que no pedía permiso ni bajaba la cabeza.Avancé hasta la puerta del apartamento de Leonardo con el corazón latiéndome en las sienes. Mi respiración era tensa, mi cuerpo vibraba con una mezcla de rabia y determinación. Saqué mi teléfono con manos frías y lo puse a grabar. Necesitaba pruebas. Necesitaba que quedara claro quién era él realmente, que se hundiera con su propia voz. No iba a darle más dinero. No iba a pagar un solo peso más de su adicción enfermiza al juego.Toqué la puerta con la misma desesperación con la que había salido de casa de Aris, dejando atrás lo más importante para mí. La puerta se abrió, y
Sorprendida. Así estaba Maite cuando los escoltas que la habían rescatado detuvieron el auto frente a un café en plena Plaza San Marco. Frunció el ceño, y limpió sus lágrimas con el dorso de sus manos, mientras los hombres, con su porte rígido y expresión impenetrable, le indicaban que tenía que calmarse.—Por orden de nuestro jefe, debe tomar algo frío antes de regresar. Él insiste en que no puede ver a los niños en este estado.Maite apretó los labios. Sabía perfectamente que esos hombres eran de Aris, y lo que no entendía era por qué demonios ese hombre estaba rescatándola… o cómo había sabido que ella estaba en peligro en primer lugar.—¿Desde cuándo tu jefe es tan empático?El escolta la miró con expresión imperturbable.—No es cuestión de ser empático, señora. Solo cumple con lo que considera necesario.Aun así, Maite no discutió. Necesitaba ese respiro. Necesitaba estar sola, aunque fuera por unos minutos, para procesar lo que había ocurrido y decidir qué haría de ahora en adel