El corazón de Maite se detuvo un segundo. La tensión en la sala se hizo pesada. Por su parte, Gael, con su ceño fruncido y el tetero en mano, apuntó hacia Aris como si fuera un arma.—Gianna y yo no tenemos papá. Solo una mamá —espetó con una seriedad imposible para su corta edad —. El hombre gruñón nos mintió. No volveremos a ser engañados por hombres que digan que los llamemos papá.Aris sonrió con diversión.—¿Si vamos a vivir juntos, no es momento de que me llamen papá en vez de tío?Gael lo miró con intensidad.—Tú no eres mi tío. Solo de Gianna.Esa conversación estaba siendo demasiado para la edad de sus hijos, pero Maite se quedó sin palabras. Era como ver a dos clones enfrentándose. Eran tan parecidos que cualquiera podría notar la verdad.—Niños, nos vamos. Es hora de volver al hotel —balbuceó, nerviosa.Pero Gianna arrugó el rostro y se refugió en el regazo de Aris.—Yo quiero quedarme en esta casa tan bonita. El tío Aris dijo que jugaremos al té en el jardín. Me pidió una
POV Maite.Lo más inteligente sería irme. Coger mis cosas, tomar a mis hijos y desaparecer. No exponerlos. Me lo juré a mí misma. Me lo repetí tantas veces que debería estar tatuado en mi piel. Pero… ¿y yo? ¿Dónde quedo yo? ¿Dónde queda esta rabia que se ha acumulado en mi pecho durante años? La rabia de la injusticia nunca se va. Nunca.Caminaba de un lado a otro en la habitación, sintiendo el peso de mi propio dilema, mientras Gael, sin comprender la tormenta en mi mente, me imitaba con pasos pequeños. Aris esperaba una respuesta. Lo dejé sin ella porque no sabía qué decirle, porque si no aceptaba su propuesta, no había vuelta atrás. Mi padre, mi dignidad, y la seguridad de mis hijos… todo estaría en juego.Apreté los labios y observé a Gianna, quien jugaba con los juguetes que Aris había comprado para ella sin siquiera pedírselo. Como si fuera algo natural. Como si ya formara parte de nuestras vidas.—No puedo seguir así —murmuré, sintiendo el ardor en mis ojos, conteniendo las l
Narrador omnisciente.El sonido metálico de la puerta resonó en la sala de visitas mientras Maite avanzaba con pasos temblorosos. Cuando sus ojos se posaron en su padre, sintió un nudo en la garganta.Estaba bien afeitado, con el cabello ordenado y una camisa limpia que, aunque sencilla, lo hacía ver más digno.No se veía derrotado ni consumido por el encierro, como lo pensaba ella, sino sereno, distinto al hombre deshecho que alguna vez había visto en las fotografías que Vittorio solía usar para lastimarla.—Papá… —susurró con un hilo de voz antes de precipitarse hacia él.Su padre abrió los brazos y la recibió, rodeándola con la calidez que tanto había extrañado. Maite cerró los ojos con fuerza, sintiendo cómo las lágrimas resbalaban por sus mejillas, empapando la tela de su camisa.—Shh… mi niña —murmuró él, acariciándole la espalda—. Todo está bien.Maite sollozó contra su pecho, aferrándose a él como si temiera que desapareciera si lo soltaba.—Mírate —dijo él con voz cargada de
Sus manos subían por los muslos de Maite, quien se preguntaba si realmente iba a permitirse sentir, si realmente le iba a conceder su segunda vez a Aris. No sabía cómo, pero su cuerpo actuaba solo: enroscó sus piernas en la cintura de Aris y se permitió abrazarlo del cuello.Aris la bajó y, sin apartar los labios de su piel, le bajó lentamente el vestido, consciente de que alguien podría verlos si entraba en esa zona del jardín, pero ahí radicaba la emoción. Por fin la tenía, por fin podría hacer lo que se le antojara.Al recordar que estaría expuesta, Maite, se cubrió los pechos con los brazos.—No te cubras —murmuró él, bajándole los brazos, sin apartar sus ojos verdes de aquellos montículos redondos, firmes y de textura suave.—Es que...—Nadie tiene permitido venir aquí sin mi consentimiento —dijo, y aunque Maite no se convenció del todo, bajó los brazos.Aris alargó una mano, atrapó uno de sus senos y lo palpó antes de inclinarse y pasar la lengua por el pezón del otro, lamiénd
POV Aris.Maite… Maite… ¿a qué demonios está jugando conmigo? Me calentó para luego dejarme así, con esta frustración hirviendo en mi sangre. No solo me dolían el hombro y el abdomen, ahora también me duelen los malditos genitales.Me reí entre dientes mientras caminaba hacia mi habitación, todavía con el eco de su voz en mi cabeza.—Mi aliada —repetí con burla, abriendo la puerta.—Comparte el chiste, así me río contigo —la voz grave de Nikos me hizo detenerme en seco.Mi mano se tensó en el pomo. No lo había visto. No lo había sentido. Pero ahí estaba él, sentado en la penumbra como un maldito fantasma.—Joder, ¿qué rayos haces en mi habitación? —gruñí, encendiendo la luz.—Como prácticamente me dejaste con la palabra en la boca, decidí venir a aclarar mis dudas. Y créeme, no son pocas.Nikos se puso de pie antes de que la bombilla iluminara el cuarto. Su mirada se deslizó de inmediato hacia mi camisa, manchada de sangre seca.—¿Con qué demonios te lastimaste ahora? —soltó con fast
—¡Piu… piu!Las risas, tanto infantiles como varoniles, resonaban en la habitación. Maite, profundamente dormida, frunció el ceño al escuchar aquellos sonidos. Parpadeó repetidas veces hasta que sus ojos se acostumbraron a la luz y lo primero que vio fue a Aris jugando con los niños.Gael sostenía una pistola de juguete con ambas manos. En su cabeza llevaba un casco y sobre su camiseta un chaleco de soldado que le quedaba grande. Saltaba de un lado a otro con la expresión de un pequeño guerrero, mientras Gianna reía a carcajadas desde el sofá, agitando las manos con emoción.—¿Cuánto he dormido? —murmuró Maite, aún desorientada.Aris levantó la mirada al oír su voz. Con una sonrisa, dejó a Gianna en el sofá y caminó hasta la cama.—Buenos días, bella durmiente. Es casi mediodía.El corazón de Maite se aceleró y se incorporó de golpe.—¡Dios, ¿cómo pude dormir tanto?! Nunca me había pasado esto —exclamó, agitada, mientras se apresuraba a ponerse un albornoz sobre su camisón—. Debo pr
POV Aris.—¡Son unos inútiles! —rugí, mientras mis agentes de seguridad bajaban la cabeza como si fueran niños reprendidos.—Señor, esa mujer se tornó violenta y, como no podíamos responder del mismo modo, le permitimos entrar —explicó uno de ellos, refiriéndose a la insoportable Marina, que irrumpió en mi segunda casa creando un alboroto. Pues tengo dos casas en este país y Marina solo conoce la ubicación de una.—¡Debieron inmovilizarla! —escupí con desprecio, aunque en el fondo sabía que yo mismo les había ordenado evitar conflictos. Pero que Marina siempre se saliera con la suya, me encendía la sangre.Sin perder más tiempo con esos incompetentes, avancé hacia el salón. Impaciente. Marina deambulaba de un lado a otro, y las grandes ojeras que tenía le daban un aspecto de lunática.Solo verla me irritaba. Apreté los puños, deseando gritarle por haberme tomado por estúpido. No solo jugó conmigo como si fuera su títere, sino que me utilizó para complicarle la vida a Maite. Esta
POV Maite.Había pasado horas con los nervios a flor de piel. Cada diez o quince minutos, le preguntaba al desagradable de Nikos por Aris, pero su respuesta era siempre la misma: —No ha llegado—respondía cortante y no sé qué demonios le he hecho yo a este hombre para que me trate con tanta hostilidad. La ansiedad me devoraba. No sabía qué me intrigaba más, si la llamada que recibió antes de marcharse sin dar explicaciones, o la maldita indirecta que dejó flotando.«¿Sabe sobre los niños?» La pregunta me carcomía, golpeando una y otra vez mi mente como un tambor de guerra.Para distraerme, pasé la tarde en el jardín con los niños. —Mamá vamos hacia allá— insistió mi pequeña Gianna señalando con su dedito hacia al invernadero. Cuando llegamos, mis ojos se fijaron en la tumbona de mimbre sintético, en la que, hace apenas unas horas, casi me entregué a Aris sin reservas.Un escalofrío me recorrió la espalda al recordar la manera en la que Aris me sujetó, en la intensidad con la que