Cap. 48. Es hora de llamarme papá.
Sorprendida. Así estaba Maite cuando los escoltas que la habían rescatado detuvieron el auto frente a un café en plena Plaza San Marco.

Frunció el ceño, y limpió sus lágrimas con el dorso de sus manos, mientras los hombres, con su porte rígido y expresión impenetrable, le indicaban que tenía que calmarse.

—Por orden de nuestro jefe, debe tomar algo frío antes de regresar. Él insiste en que no puede ver a los niños en este estado.

Maite apretó los labios. Sabía perfectamente que esos hombres eran de Aris, y lo que no entendía era por qué demonios ese hombre estaba rescatándola… o cómo había sabido que ella estaba en peligro en primer lugar.

—¿Desde cuándo tu jefe es tan empático?

El escolta la miró con expresión imperturbable.

—No es cuestión de ser empático, señora. Solo cumple con lo que considera necesario.

Aun así, Maite no discutió. Necesitaba ese respiro. Necesitaba estar sola, aunque fuera por unos minutos, para procesar lo que había ocurrido y decidir qué haría de ahora en adel
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