POV. Maite¡Dios, qué noche había tenido! Apenas había pegado el ojo, con el sobresalto constante de que Aris volvería a entrar en cualquier momento. Tenía que estar alerta, y preparada para resistirme.Anoche casi cometía el error de caer en sus brazos de nuevo. Él había sido el único hombre en mi vida, pero no podía darle el poder de conocer ese detalle. No cuando estaba claro que lo único que quería era convertirme en su juego, en su amante.Tomé un sorbo de café, intentando disipar el nudo en mi garganta, y noté su chaqueta sobre la silla. Había olvidado devolvérsela después de la fiesta y, para colmo, su traje estaba manchado, ahora estaba tirado en mi baño. ¿Qué pretendía este hombre?Unos golpes en la puerta me hicieron dejar la taza sobre la mesa y abrir, con la sospecha de que, de seguro, era él quien volvería a fastidiar, pero era Javier quien estaba al otro lado, con el ceño fruncido y la mirada encendida.—Maite, ¿por qué me dijiste que ese hombre no significaba nada para
Narrador omnisciente.El sol abrasador del mediodía caía sobre la terraza del exclusivo café, donde Marina y sus amigas disfrutaban de sus bebidas heladas. Marina, con su característica actitud altiva, sostenía su vaso con elegancia, mientras las demás la escuchaban con atención y admiración.—Aris sigue siendo mío, solo está teniendo una rabieta —declaró, removiendo con pereza el hielo en su vaso con la pajilla dorada—. Ya saben cómo son los hombres, especialmente los que tienen carácter. Pero una mujer inteligente debe saber mantenerlos sujetos, como si fueran perros con collar.Sus amigas rieron con diversión, algunas asintiendo en aprobación. Marina sonrió con autosuficiencia y cruzó las piernas, inclinándose ligeramente hacia adelante para enfatizar su punto.—Aris está tan enfocado en mí, que solo necesito hacer una llamada y correrá de vuelta como un buen chico.Las demás intercambiaron miradas entre sí, algunas con duda, pero ninguna se atrevió a cuestionarla. En ese momento
POV. Aris.Me estaba controlando para que no se volviera un maldito hábito ir tras Maite, pero la verdad era que me moría de ganas. La idea de estar con ella y sus hijos me resultaba inquietantemente interesante.Sin embargo, tenía prioridades. Y entre ellas, la principal: el motivo por el que estaba aquí, en Italia, “mi venganza”. Tal como lo había previsto, Vittorio acudió a mí. El viejo infeliz me llamó temprano, prácticamente rogando, como un corderito acorralado. Necesitaba mi influencia, y claro, yo estaba más que dispuesto a seguirle el juego.Esta venganza estaba destinada a disfrutarse paso a paso.—¿Qué piensas hacer? —preguntó Nikos, parado a mi espalda mientras yo me acomodaba la corbata.—Tengo una cena de negocios —respondí con una media sonrisa reflejada en el espejo.Nikos movió la cabeza con indignación.—Se supone que queremos acabarlo, no servirle de salvavidas cuando se está hundiendo. No entiendo qué demonios pasa por tu cabeza. Ese maldito viejo organizó una cen
POV Maite.El estrés me carcomía. La niñera acababa de avisarme que no podría quedarse con los niños porque estaba enferma, y yo tenía que presentarme en el set de grabación. No podía faltar en mi primer día de rodaje en este proyecto, pero tampoco podía dejarlos solos.Caminé de un lado a otro en la suite del hotel, tratando de encontrar una solución. Podía llamar a Scarle, a quien le había dicho que sería, mi nueva asistente personal, pero le había dado unos días libres antes de empezar. No quería parecer una jefa abusiva llamándola de la nada para pedirle que comenzara antes de lo planeado, sobre todo porque ella también tenía hijos y, probablemente, estaría con ellos.Javier era otra opción. Pero después de lo que pasó, pedirle este favor me parecía injusto. Además, como mi mánager, seguramente querría estar presente en mi primer día de trabajo aquí.Solté un suspiro y me agaché hasta quedar a la altura de Gianna y Gael.—Hoy los llevaré conmigo, pero deben prometer que se porta
POV MaiteEl eco de mis pasos resonaba en el pasillo mientras avanzaba de vuelta al camerino. El maquillaje aún cubría mi rostro como una máscara de un personaje que ya no quería interpretar. Con la mente fría, me repetía que había cometido un error. Me reprendía internamente por haber besado a Aris de esa forma tan impulsiva, tan absurda. No era necesario, no tenía por qué haber caído en su juego, y, sin embargo, ahí estaba yo, tropezando justo donde él quería que cayera. Su manipulación me envolvía como un veneno lento, y yo, en mi estupidez, le estaba facilitando todo.Iba tan absorta en mis pensamientos, y con la mirada clavada en el suelo, que cuando choqué de frente con alguien. Mi cuerpo se estremeció con el impacto, y el perfume familiar impregnó mi nariz.—Javier —exclamé con un hilo de voz.Tenía los ojos enrojecidos, los puños crispados, y la mandíbula tensa. No me miraba a mí, sino al pasillo del que venía, como si intentara contener algo más grande que su enojo.—Ese
POV: Aris.Maite me había sacado de mis casillas. Esa mujer verdaderamente merecía lo peor de mí. Se atrevió a besarme con burla, a restregarme en la cara su desprecio, y aun así tenía la desfachatez de proclamarse inocente y señalar a Marina como la culpable.Desde el asiento trasero de mi camioneta la vi entrar al set y salir furiosa minutos después. Sonreí con satisfacción, saboreando su enojo.Me sorprendió no ver a su eterno perro faldero, siguiéndola como de costumbre, aferrándose al pretexto de ser su mánager. Siempre estaba pegado a ella, vigilante, molesto. Pero hoy, su ausencia era una bendición para mí. Sin él estorbando, todo sería mucho más fácil.—Síguela —le ordené a mi conductor en cuanto la vi subir a un taxi privado. Sin duda, lo había contratado para llevarla de regreso a la ciudad.—Hombre, pareces un loco detrás de esa mujer —se burló Nikos, sentado a mi lado.—Cállate. Si te dejé venir no fue para cuestionar mis acciones. Sabes que planeo darle un buen susto… y l
POV MaiteEl caos envolvía mi mente como un torbellino imparable. Apenas podía sostenerme en pie, pues mis rodillas amenazaban con ceder en cualquier momento. Mi respiración era errática, mis oídos zumbaban y mis pensamientos eran un amasijo de miedo y confusión. Solo podía hacer una cosa: aferrar a mis hijos contra mi pecho, sintiendo sus cuerpecitos temblorosos mientras trataba de convencerme de que todo esto era real y no una pesadilla. —Debemos irnos —murmuré, con mi voz ronca y temblorosa.Gael, con los ojos anegados en lágrimas, apenas pudo asentir. Su cuerpecito se sacudía con sollozos ahogados. Gianna estaba paralizada, y con la respiración entrecortada por el miedo.—Cierren los ojos, mis amores. Les prometo que pronto estaremos lejos de aquí.Obedecieron sin titubear. Con el corazón encogido, cargué a Gianna en mis brazos y tomé con fuerza la manita helada de Gael. Sentía su temblor, recorrerme la piel como una descarga eléctrica. Avanzamos tambaleantes hasta el auto d
POV. Maite.No esperé más. Lo esquivé y comencé a abrir puerta tras puerta sin importarme dónde estaba hasta que lo encontré.Aris yacía sobre una enorme cama, sin camisa, con el hombro y el abdomen vendados. Y un bajante colgaba de su muñeca mientras el médico aún trabajaba en él.—¿Cuál es su tipo sanguíneo? —pregunté, con el pulso acelerado.El médico levantó la vista.—A positivo.No dudé ni un segundo.—Tengo el mismo tipo sanguíneo. Estoy totalmente sana. Tome de mi sangre —extendí mi brazo sin titubear.El doctor me observó durante unos segundos, como si evaluara mi determinación.—¿Está segura?Asentí sin dudar.Minutos después, estaba acostada junto a Aris, sintiendo el leve mareo de la transfusión, pero sin importarme nada más que salvarle la vida. La fatiga me venció sin que me diera cuenta.No supe cuánto tiempo pasó hasta que sentí un roce en mi rostro, como unas caricias suaves y cálidas que me obligaron a abrir los ojos.Lo primero que vi fueron los de Aris, mirándome f