Capitulo 4

Por favor Rey Hermilio, permítanos conocer a su joven hijo el príncipe.

—Por supuesto, es un honor para mí presentarle a mi hijo.—Dió un paso al frente empujando a su hijo para acercarse más.—Me siento honrado en presentarles a mi hijo Antonio III, futuro rey al trono.

El joven pasó al frente y entre aplausos fue recibido.

La realeza dió los saludos y honores pertinentes. La princesa por su parte quedó asombrada pues las historias del príncipe eran ciertas y quedó cautivada completamente.

—Muy bien, pasemos a lo importante. ¿Qué términos necesitan para la unión de estos reinos?

—Me temo que estoy en la penosa necesidad de acudir a reinos lejanos y poderosos porque nuestra familia se dividió y ahora buscan tomar mi reino. La avaricia de mis hermanos terminó por vencerlos rompiendo nuestros pactos, abriendo paso a nuestros enemigos y llevando a los reinos cercanos a una crisis total.—Agachó la cabeza tomando su papel de beneficiario y rogó por su ayuda.—Mis consejeros me pidieron ver más allá de los reinos conocidos y así hacer resurgir nuestras tierras. Ellos esperan que con tan solo escuchar de nuestra alianza los enemigos dejarán de molestar pero de no ser así pediremos tropas prestadas para tomar los reinos de mis hermanos y los vecinos. Los tesoros y riquezas serán para ustedes, nosotros solo desearíamos ser propietarios de las tierras y claro, pagaríamos un tributo. Para demostrar que tenemos lealtad en esto ofrecemos a mi hijo, el codiciado príncipe en matrimonio con su hija.

Erendira apreciaba el evento recargada en un pilar que sostenía el techo del gran salón. Analizaba todo a detalle con esa gran inteligencia que le caracterizaba.

Su prima y el príncipe se habían estado observando todo el tiempo, era fácil adivinar que la alianza sería un éxito pues estos dos no renunciarían el uno al otro.

—Ya veo sus motivos, no preguntaré más.—Respondió el rey mirando fijamente a todos y juntando ambas manos.—Pero daré una respuesta definitiva una vez que escuche a mi hija.—Se giró para dirigirse a ella. —¿Estarías de acuerdo en unirte al príncipe en matrimonio?

—Yo haría cualquier cosa padre, si valoras que sea lo mejor para el reino.—Trataba de ocultar su emoción y se mantenía recta en la silla.—Pero me gustaría conocer un poco al príncipe, dar una caminata con él a solas para conversar.

—Muy bien hija, estoy de acuerdo.—El rey se levantó de su asiento.—Levanto la sesión un par de días para que ellos tengan un poco de tiempo y puedan conversar. Mientras tanto ustedes serán invitados de honor y pueden hacer uso del castillo a su antojo.

—Su majestad, estamos agradecidos.—Respondió el otro rey visitante inclinándose.

—Bueno si no hay nada más que hablar vámonos a dormir o a seguir bebiendo los que quieran.—Dijo mientras reía.—Yo estoy cansado e iré a mis aposentos.

—Si me permite su majestad yo tengo algo que decir.—El sacerdote emisario había llegado desde muy lejos buscando esposa para su rey.

—¿Quién eres tú qué se atreve a interrumpir está reunión?—El rey Ricardo cuestionó muy molesto al hombre que desde atrás de la multitud hablaba.

—Soy el sacerdote Jacinto Cruz y vengo del grandioso reino del Norte, semejante por muchos años a este reino. Soy un emisario de mi rey Agusto.

—¿El rey Agusto del reino del norte? ¡Vaya! Ese lugar es muy famoso por su grandeza y tu rey muy popular por su ascendencia y sus grandes victorias en las guerras.—Se calmó un poco al escuchar estas referencias.—¿Qué mensaje me traes de él? Te advierto que no es forma de interrumpir aunque seas un emisario necesitas hacer una reservación antes de presentarte además, ¿Qué clase de emisario viene así, con una capucha y sin guardia real?

—Me disculpo por la interrupción y por mi forma de vestir. Recién acabo de llegar a su reino y quise aprovechar la oportunidad de entrevistarme.—Se despojó de su capucha color gris para mostrar su cabeza calva y sus ropas de viajero.—Si me permite solicitar una audiencia con usted, seré muy breve.

Todos los ahí reunidos quedaron intrigados, Erendira con mayor razón y comenzó a analizar al recién llegado con su característica inteligencia.

—Habla entonces.—Autorizó el rey sentándose nuevamente.

—Le agradezco mucho.—Inclinó la cabeza.—Es verdad la fama y grandeza de nuestro reino pero ahora atraviesa un problema diferente, uno que tiene que ver con el amor. Soy un emisario en busca de esposa para mi rey.

—Entonces el joven rey que heredó el reino ya está en edad para casarse.—Ricardo estaba sorprendido de lo que oía, era muy poco común recibir notificaciones personales de los reinos aledaños.—¿Y por qué has venido aquí?, ¿qué intereses buscas?

—Este reino es conocido por su grandeza, por la sabiduría y benevolencia de su majestad.—Usaba un tono muy dinámico, no aburría al hablar.—Además de ser un reino a la par del nuestro, hemos sabido de su fama por las tres hermosas princesas que su majestad tiene como hijas.

—Ya veo, seguramente son el mejor partido para cualquier rey, eso no puedo discutirlo.—Echó a reír completamente orgulloso de sus hijas.—Pero me temo que llega algo tarde señor emisario eclesiástico, mi hija mayor ahora es esposa de otro rey en el oeste y mi hija que ve aquí acaba de ser prometida al hijo de nuestros nuevos aliados. Mi última hija tiene apenas 12, sinceramente la considero muy pequeña para esta situación.

—¿Enserio se atreverá a rechazar una oferta de unión con el poderoso reino del norte?

El rey Ricardo se mostró un poco serio ante tal respuesta. Sabía perfectamente que no debía desperdiciar así una gran oportunidad de ser aliado de un grandioso reino.

—Majestad, si me permite hablar.—Uno de sus consejeros pedía tomar la palabra.

—Adelante, tus consejos siempre son bienvenidos.

—Creo que el emisario no le ha actualizado del todo la situación del reino de su procedencia.—Jacinto lo miró nervioso al imaginar que ya sabían la situación del rey.

—¿A qué te refieres? ¡Habla!

—Es verdad que es un reino enorme y fuerte, hace poco tiempo salió avante ante cualquier probabilidad de victoria en las guerras. Demostró ser un gran estratega cuando le traicionaron y superaron, venciendo a los invasores que acechaban su reino y así se consagró con la victoria absoluta, salvando a su reino y haciéndose aún más grande. Pero debe saber que el problema que enfrenta es otro. La desintegración de su reino desde el interior.

—¿Por qué un reino así de grande se desintegraría?—Cuestionó muy intrigado.—Acaban de pasar la peor parte ¿No es así?

—Efectivamente señor, se salvaron de todo y no hay ninguna amenaza. Sucede que el rey Agusto fue herido en batalla con una hazaña de valentía y esa herida le provocó perder la mitad de su cuerpo, de la cintura para abajo, no tiene movilidad.

—Es una verdadera desgracia.—Opinó el rey Ricardo al escuchar la historia.

—Ese reino pasó por varias divisiones familiares quedando él, como representante de su apellido directamente, por eso necesitaba tener descendencia para asegurar mayor estabilidad en el reino pero eso ya no podrá ser posible. A su corta edad ya no podrá tener hijos y eso culminó en que todas las personas influyentes se estén retirando a otros reinos más prósperos. En poco tiempo ese reino ya no podrá dar buenos frutos.

—Es una lástima que se pierda así, ¡Que Dios le bendiga!—El rey le dedicó algunos pensamientos en su mente en modo de reflexión y se dirigió al sacerdote.—Si eso es verdad ¿Qué buscas realmente? No mientas más.

—Yo no planeaba mentir ni ocultar nada su majestad, simplemente no considero que sea un tema a tratar en público.—El sacerdote caminó un poco más para acercarse.—Es verdad lo que dicen pero el rey no se ha rendido ni el reino ha caído. Él está intentando hacer todo lo posible por superar los inconvenientes como siempre lo ha hecho y para empezar necesita una esposa. Una boda y una reina serían lo ideal para comenzar a calmar los males y rumores en el reino.

—¿Pero de qué le servirá si no puede darle hijos? Solo prolongar lo inevitable.

—Mi rey es una persona muy astuta y pretende solucionar un mal a la vez. Aunque varios miembros se hayan ido el reino sigue siendo próspero. Disfruta de una paz inigualable, tierras muy grandes y fructíferas, una milicia incomparable todavía y un gran pueblo.—El sacerdote tomó un poco de aire para relajar su voz después de hablar muy fuerte.—Además en cuanto vean la boda muchos regresarán y otros más desearán unirse y eso no solo beneficia a nuestro reino si no al suyo que serán aliados de por vida.

—Todo lo que dices suena muy bien pero es una apuesta con mucha probabilidad a no ganar nada.—Respondió el rey Ricardo con un poco de desagrado por la propuesta aún.—Tendría que darte a una de mis hijas y como te he dicho ambas están en situaciones no aptas.

—De ninguna manera le pediría que rompa el pacto con el reino aquí presente, aunque créame sería lo mejor para usted. El pacto aún no se escucha listo así que su palabra se salvaría.—El resto de oyentes lo miraron con cierto desagrado, principalmente el rey invitado, su hijo y por supuesto la princesa.

—¡Padre te pido que mantengas tu convenio con el rey actual, aunque sea más pequeño su reino prefiero al príncipe como esposo a pasar mi vida con un lisiado!

—Tranquila hija nada está decidido, voy a respetar los días que te di para conocer al príncipe, incluso después de eso hasta tú puedes cambiar de opinión.

—No lo haré padre, te lo aseguro.—La princesa mostraba desagrado solo de pensar en la vida que le esperaría con el rey lisiado. Sin atreverse a conocerlo siquiera.

—Mi valiente sacerdote emisario del rey del norte, me da mucha pena que haya hecho el viaje tan lejano y en vano.—El rey Ricardo daba por terminada la reunión dando por hecho que no habría un convenio de matrimonio.—Siéntase libre de permanecer aquí los días que guste, descanse, coma y beba lo que quiera, es un invitado de honor.

—Le agradezco su majestad pero de ser así mi camino es muy largo, no voy a descansar hasta poder encontrar una esposa digna para mi rey así tenga que recorrer todos los reinos del mundo para encontrarla.—Se colocó nuevamente su capucha para disponerse a salir de ahí.

—Entiendo su honorable misión, quédese una noche por lo menos, los caminos son peligrosos y me sentiría mal si algo le pasara, debe regresar a salvo con su rey.

—Creo que tomaré su oferta por está noche, es muy amable.—Sabía que tal vez tendría otra oportunidad si hablaba con él nuevamente por la mañana, era un reino ideal y algo tenía que conseguir de ellos.

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