Erendira y Agusto quedaron solos aparentemente en un rango de cinco metros, ahí nadie los molestaba y estaban tan juntos que el silencio comenzaba a ser incómodo.—Si me permite, llamaré a dos de mis guardias para que me lleven hasta el jardín con usted mi lady.Agusto rompió el silencio para decir estas palabras a su futura esposa.—Así podremos ir a la velocidad que se requiere. Me disculpo por esta situación.—No tiene que disculparse de nada mi rey.—Dijo ella agachando la cabeza ante él.—Si me permite, yo misma tiraré de la silla para llevarlo al jardín.—No tienes por qué hacer eso. Esa tarea se la puedo encomendar a mí guardias.—Tal vez no tengo que hacerlo pero… quiero hacerlo.Se hizo un breve silencio después de esas palabras. Agusto creía que estaba soñando pues había deseado conocer una mujer que compartiera con él su reino y que le respetara por su situación actual, pero Eréndira superaba todas esas expectativas con las que había soñado. No solo era hermosa, sino que no s
Jacinto se sorprendió mucho por las palabras de su acompañante, pensó que él le daría solución a todo eso pero estaba claro que estaba más entretenido en observar a la mujer que le había gustado. El tiempo era un factor clave y el sacerdote sabía eso, perderlo era un lujo que no se podía dar. La conversación entre los dos hombres seguía avanzando y a toda costa debía saber de qué estaban hablando para salir de dudas. Pero qué podía hacer, ir él no era lo más conveniente pues lo podrían reconocer y aunque no, sus ropas de sacerdote llamaban la atención demasiado.—Señorita venga por favor.Llamó a una de las damas que hacían compañía por dinero.La chica lo escuchó pero dudó en ir pues era tímida con los nuevos, buscaba a los cocidos que sabía pagaban bien.—Por favor venga, necesito algo.El padre elevó un poco el tono pues la desesperación lo carcomía.—¿Si?, ¿qué quiere?—La mujer se acercó aunque guardó la distancia, además su carácter no era el ideal para socializar.—Necesito co
—¿Enserio eso te dijeron?—Agusto preguntó sorprendido a Eréndira quién se había sentado junto a él en una banca del jardín.—Así es su majestad, solo queda corroborar los datos con los guardias y habremos descifrado este asunto.Erendira estaba reposando mientras amarraba su cabello dejando al descubierto sus hombros y también su cuello. Era de piel morena clara, muy fina y por supuesto muy bien cuidada. Por más que el monarca tratara de poner atención al tema más importante, la belleza de su prometida le robaba la atención.—Además no creo que ellas me mintieran, era un plan muy bien hecho que si no fuera por su consejero, estaríamos en problemas, con un príncipe muerto y al borde de una guerra.—Y todo esto ocurrió tras mis narices.—Su mirada mostró frustración y una molestia muy grande.—Por eso casi no salgo del reino, me inquieta mucho la inseguridad y lo que pueda pasar. Aquí me siento impotente.—No sufra mi rey.—Erendira era muy atenta y educada.—Lo pasado está ahí. Lo pudimos e
La guardia real había llegado junto con gran parte del consejo que estaba al rededor del rey. Agusto y Eréndira habían estado tan distraídos en su plática y su escena romántica que no se habían percatado de su entrada a los jardines.Todos los sirvientes y demás personas que ahí estaban se hicieron a un lado para ver el espectáculo. El gran monarca del reino siempre llamaba la atención con sus hermosas ropas y fina corona llena de joyas. La guardia real compuesta por adiestrados soldados que lucían armaduras completas y muy brillante, también eran un deleite visual y más cuando mostraban sus largas espadas de doble filo.El rey había ido ahí con la intención de buscar a su sobrina y a su homólogo pero nunca pensó verlos así.—Mi rey es un honor verlo.Erendira se levantó sumamente apenada por la situación en la que fue descubierta. De algún modo recapacitó pensando que su moral había quedado por los suelos. Se sintió mucho peor al ver tanta gente reunida ahí que fueron testigos de ese
El rumor del atentado hacía el príncipe, ya se escuchaba por los pasillos y pronto se sabría fuera del castillo. Ver a los soldados apresar a un forastero daba mucha fuerza a aquellos rumores. Además no era de extrañarse que los problemas se presentaran, tres reinos con sus respectivos reyes estaban reunidos ahí y de alguna forma tendría que pasar algo importante.Las festividades por el compromiso de la princesa Sleidy fueron suspendidas por unos días. Esto destrozó su corazón y culpó en todo momento a Agusto el rey lisisdo quién para ella solo era un hombre que traía problemas y desgracias futuras.El resto de personas lo veían como un hombre al que la desgracia le perseguía. Primero su cuerpo, su esposa, después su reino y ahora incluso su seguridad. Gran parte de los supersticiosos no querían ni acercarse a él argumentando que si lo hacían les podría pasar algo de esa mala fortuna.Los más cercanos a la monarquía sabían que todo tipo de acciones ocurrían para tomar un reino y para
—No estamos negociando la alianza para hacer guerras.—El rey Ricardo entendió la gravedad de aquellas palabras e intentó elegir la mejor manera de explicar las cosas.—Nosotros siempre hemos sido pacíficos y lo seguiremos siendo. Nuestra prioridad es otra que andar de conquista.—Respiró profundamente pero muy rápido de forma que no se perdiera el hilo de la explicación.—El tema de la guerra salió después y no antes de hacer esta alianza con ambos reinos.—Perdón su majestad.—Interrumpió el ministro muy voraz.—¿Es un hecho que habrá una guerra?—Me temo que si.—Respondió mirándolo a los ojos.—Hemos sido agraviados aquí en mi propio terreno y es necesario tomar cartas en el asunto.—¿Agraviados dice?—Intervino uno de los generales.—Tengo entendido que no se pudo comprobar nada, simplemente fue un rumor de campesino de un reino vecino quien dijo que el príncipe de Olster corría peligro. Si me pregunta no podemos dar por hecho eso sin pruebas ya que tal agresión no se presentó.—Tal agresi
Parecía que la estrategia mental del rey tendría efecto, al menos por un instante pues el sospechoso mostró la intención de hablar confesando todo pero no lo hizo. Al final solo miró al rey en forma retadora y no dijo nada en absoluto.—El rey te hizo una pregunta.—Intervino el jefe militar.—Responde y acabemos con esto de una vez.—Lo único que tengo que decir es que son unos abusivos y Dios es mi testigo que están cometiendo un error.Sus palabras fueron certeras y quitaron la idea de que eso terminaría rápidamente. El tiempo no estaba a su favor y la estrategia de ese hombre era perfecta para quitarles más.—Mi señor, en opinión esto es una pérdida de tiempo.—El ministro de asuntos internos continuaba con sus negativas.—No quiero sonar ofensivo pero, ¿De verdad vamos a confiar en lo que dice una prostituta y un campesino?, ¿Podríamos ir a la guerra por eso?Los murmullos comenzaron de nuevo, de cierta forma y desde su punto de vista el ministro tenía razón y era muy debatible lo qu
Todas las personas ahí reunidas permanecían de pie a excepción del rey Ricardo, su esposa la reina y por supuesto Agusto quien por su condición no podía estar de otra forma.El cansancio en las piernas ya comenzaba a sentirse. Habían tenido reuniones largas pero aquella era especial y particularmente estresante.Los soldados estaban cumpliendo su trabajo resguardando perfectamente las entradas y al prisionero que en ningún momento le habían dejado levantarse.—¿A qué te refieres con qué tiene una prima aquí?—Preguntó el ministro de interiores a Eréndira.—¿Cómo se llama dicha joven?—Casilda Romero. Trabaja dentro del castillo de limpieza.—Dijo ella muy seria.—¿Y cómo sabe que esa joven le ayudó?—El ministro siempre quería ir más allá para corroborar la información.—Al ir a los jardines para investigar un poco, dos de sus compañeras me dijeron que hacía días que ella no se presentaba y después de eso la encontraron llorando… en ese momento les confesó todo.El ruido ahora fue de sorp