La boda fue todo un éxito. Se convirtió en el evento más formidable como estuvo destinado a ser. Se habló de ese suceso por meses y al ser escrito en la historia, se hablaría de él por años.La princesa Sleidy y el príncipe Marin ahora eran esposos, muy felices y enamorados. Habían logrado no solo sellar un vínculo entre ellos sino también entre sus reinos. Olster y Surten serían aliados de por vida esperando que muchas generaciones lo respetaran y siguieran.Ambos reinos habían sellado dicha felicidad con un regalo muy grande el cual fue ganar la guerra. Fruto de esta victoria fue el botín repartido y las nuevas tierras anexadas. El rey Ricardo se convirtió en la envidia de la zona y por supuesto de su familia. Nadie se atrevería a meterse con él ni mucho menos a contradecirle algo.El valiente rey se ganó el respeto pues la anécdota de que había participado en la guerra él mismo, fue contada por todos lados.Tuvo que librar una de las batallas más sencillas, todo el peso radicó en
Durante ese lapso las historias entre ambos no se hicieron esperar. Era de las pocas formas para pasar el tiempo. Sin duda la más interesante fue la que contó Erendira. El general preguntó sobre su vida y ella le contó su pasado.Erendira se había criado en el reino de Kreiton, tierra que por años había pertenecido a su familia, el rey Carlos de rama noble y por la reina Susana quien no era de la realeza. Ella se ganó el corazón de su amado mostrando habilidades médicas increíbles. Su fama fue tanta que el mismo rey la llamó para tratarse una enfermedad severa que le llevaba aquejando por años. En cuestión de días ella logró curarlo.Esto fascinó a Carlos quien no la quiso dejar ir, aún en contra de los consejeros y familiares, él se casó con ella para hacerla reina. Durante mucho tiempo demostró ser una gran reina ganándose el cariño de todos, pero después y con motivos aún misteriosos el reino se vino abajo repentinamente. Las cosechas se secaron, las enfermedades llegaron, el clima
El escenario era magnífico. Miles de personas caminaban cerca de aquel lugar que se había designado para el evento. Era un enorme terreno que se adaptó para la contienda. El evento duraría 4 días, tiempo que los soldados tendrían para demostrar sus habilidades y llevar el honor a sus reinos.Se reunieron diez reinos para la competencia. Algunos cercanos y otros más de tierras lejanas. Lugares grandes y prósperos mientras que otros con ciertos problemas y pequeños, sin duda el más grande y glorioso era el reino de Esacrum. No había necesidad de mostrar nada, todos los visitantes pudieron ver la grandeza en cuanto llegaron. El lugar ya era un reino estable que crecía día a día.Agusto tenía la mente relajada, solo quería disfrutar de aquella evento como lo había programado. No estaba deseoso por ganar como algunos de sus homólogos. Él solo quería unir más a su reino y disfrutar de su amada planeando la boda que se aproximaba.El día estaba hermoso. La estación regente era la primavera
El evento se había puesto muy interesante para los que disfrutaban de él. Había surgido una situación inesperada que los tenía al borde del suspenso.Todos se hacían la misma pregunta “¿El rey Agusto aceptaría aquel reto?Mientras meditaba la situación uno de sus hombres de mayor confianza se acercó a él, su general Mirlo quien había estado organizando el evento, se trasladó hasta su dirección.—Mi rey ¿Cuáles son sus órdenes?—Colocó la mano en su espada indicando que estaba listo para el combate.—¿Desea que apresemos a esos hombres?Agusto se quedó observando atentamente, cómo siempre no perdió la cordura y analizó a detalle.—Iniciar una guerra sería una falta de respeto a los demás reinos.—Dijo con tono serio.—Los hemos invitado aquí para celebrar la paz, ponerlos en peligro no sería digno del reino de Esacrum.Sus homólogos escucharon y alabaron su decisión. Nuevamente había demostrado ser ejemplar.—Sin embargo, no voy a poner en juego a Erendira.—Continuó hablando para que todos
—¡Señor, los refuerzos enemigos están llegando y nos superan en número!—Un valiente soldado había atravesado el campo de batalla desde el bosque para llegar hasta las murallas interiores del castillo.—Tranquilo soldado, ese movimiento estaba contemplado. Ellos no pensaban pelear solos.—Un hombre con una hermosa armadura dorada, cargando un casco del mismo color entre sus manos, permanecía montado en un caballo que llevaba una armadura fina y resistente, del mismo color que la suya.—General Vecano, dígale a la caballería que es momento de unirse a la batalla, deben descender desde la montaña como lo planeamos en el cuartel.Se colocó el casco cubriendo completamente su cabello largo y café. Al ponérselo, nada de su rostro quedó descubierto, se convirtió en una protección total para su cara. Sus ojos color miel, su nariz afilada, el mentón tan varonil, así como su corta barba, quedaron al resguardo del metal.El casco tenía una abertura en los ojos, la cual podía levantar para permiti
—Mi señor, es hora de que tome su medicina.Un sirviente se acercaba al trono donde el rey descansaba. Le ofreció una bebida color verde en una pequeña botella que debía beber.El rey solo observó por un instante y le aceptó la botella aunque lo hizo sin mucho interés, casi como si no deseara hacerlo. La medicina se quedó en sus manos tristes y sin muchas ganas de tomarla.—Mi señor, ¿Se encuentra bien?—Seguía preguntando sin subir mucho la mirada.—¿Necesita algo más?—Me temo que lo que necesito no está accesible para mí.—Abrió por fin el frasco y lo bebió lentamente.—Ojalá la medicina pudiera hacer algo más que quitarme el dolor.—Mostró una risa sarcástica.—De hecho cada vez el efecto es menor, el dolor no se quita por completo y estoy seguro que irá empeorando todo.—Por favor no diga eso mi señor, todos estamos orando para que usted pueda sanarse. Estamos muy preocupados.—Mi leal vasallo, admiro tus palabras y alientos pero llevas mentiras en tus palabras y no debes mentirle a tu
—¡Erendira! ¿Qué estás haciendo?—Interrumpió con voz grosera en su habitación.—Hola prima, estaba leyendo este pergamino que encontré en la biblioteca, habla un poco sobre los astros.—¿Pero por qué haces eso?, ¿no sabes que las mujeres tenemos prohibido leer?—Si, pero creo que nuestro pequeño secreto está a salvo, ¿no?—Le guiñó el ojo en señal de compromiso.—Podría estarlo si me ayudas a elegir el vestido de esta noche.—Se arrojó a su cama como una niña emocionada.—Hoy vendrá un príncipe y mi padre valorará si es digno de ser mi esposo.—¿Por qué no usas cualquier vestido?, Le das mucha importancia y tal vez tú padre lo rechace como hizo con los tres anteriores.—Espero que con este no haga lo mismo, él es un hombre muy guapo según me han contado y es el heredero de un castillo, ¿Te imaginas? Yo reina amada y respetada.—En sus ojos se veía la auténtica emoción e ilusión de cualquier princesa con sueños.—Debes ayudarme porque tienes unos gustos maravillosos, sabes que elegir para c
La reunión en el palacio había comenzado. En el comedor estaban reunidos varios de los personajes más importantes del reino. El obispo, el ministro de guerra, los adinerados, algunos caballeros reconocidos, entre otros más. En una mesa independiente pero no menos importante, estaban los invitados disfrutando del festín que sus anfitriones les daban. En esa mesa estaba el rey de Olster que venía a negociar alianzas con su similar, su hijo al cuál pretendía comprometer, la reina con su hermosura notoria, los consejeros reales y algunos caballeros que les acompañaban.El rey Ricardo, que era el anfitrión y soberano del reino de el sur llamado Surten, comía en la mesa principal, estaba sobre una tarima donde podía observar todo lo que ocurría. A su lado su esposa, la reina Magdalena y del otro lado su consejero. Había unas sillas más que estaban destinadas a sus hijas, su sobrina Erendira, así como otros miembros distinguidos que comerían en la mesa bajo ellos.A este rey le gustaba dis