La reunión en el palacio había comenzado. En el comedor estaban reunidos varios de los personajes más importantes del reino. El obispo, el ministro de guerra, los adinerados, algunos caballeros reconocidos, entre otros más.
En una mesa independiente pero no menos importante, estaban los invitados disfrutando del festín que sus anfitriones les daban. En esa mesa estaba el rey de Olster que venía a negociar alianzas con su similar, su hijo al cuál pretendía comprometer, la reina con su hermosura notoria, los consejeros reales y algunos caballeros que les acompañaban. El rey Ricardo, que era el anfitrión y soberano del reino de el sur llamado Surten, comía en la mesa principal, estaba sobre una tarima donde podía observar todo lo que ocurría. A su lado su esposa, la reina Magdalena y del otro lado su consejero. Había unas sillas más que estaban destinadas a sus hijas, su sobrina Erendira, así como otros miembros distinguidos que comerían en la mesa bajo ellos. A este rey le gustaba distinguirse como tal y hacerse notar cada que podía sobresaliendo ante los demás. Aunque algunos rumoraban que la corona le quedaba grande pues le sucedió lo mismo que a otros reyes cercanos, al no haber guerras no sabían en qué ocupar a sus soldados y suministros así que hacían cualquier tontería en esos tiempos de paz. La celebración fue interrumpida por el voceador que anunciaba la llegada de la princesa para incorporarse en la reunión. —¡Con ustedes y deleitándonos a todos nosotros, el tesoro del reino, la bella princesa Sleidy! El silencio se hizo presente para escuchar la presentación, inmediatamente voltearon a ver hacia la entrada oeste que era por dónde entraba la princesa acompañada de su prima. Esta última caminó rápidamente para no ser más notada de lo que ya era y se sentó en la mesa donde sabía que debía estar. La princesa en cambio, se lo tomó con más calma, como si de una modelo se tratase, desfiló lentamente por todo el salón saludando y sonriendo a todos los que ahí se habían reunido. Trató de ver discretamente hacia la mesa de los invitados para intentar cruzar miradas con el príncipe que pretendían se comprometiera con ella. Pero poco pudo ver cuando el rey mismo bajó para tomarla de la mano y llevarla hasta su mesa para sentarla junto a él. Los invitados continuaban aplaudiendo su llegada por un momento más en el que suspendieron sus alimentos. El rey orgulloso de su hija la tomó del brazo para decir. —¡Todo el reino conoce ya a mi hija pero es un honor para mi presentarla a nuestros invitados del reino Olster! La mesa a la que hacían referencia también levantó sus copas y manos para dar por bien recibida la presentación. La reina ordenó a sus sirvientes que llevaran unos regalos que habían traído desde sus tierras ante ellos. —Rey Ricardo.—Dijo el rey del oeste al levantarse.—Es un honor conocer a su hija cuyas descripciones de belleza se quedaron muy cortas. Así también es un honor que nos reciba y el poder compartir los alimentos con ustedes en lo que esperamos sea el inicio de una gran alianza entre nuestros reinos. Nuevamente los aplausos se hicieron presentes por parte de todos los que escuchaban y participaban en la reunión. —Hemos traído estos regalos ofreciéndo una disculpa por no ser dignos de ustedes pero es lo mejor que tenemos en nuestro reino, nos sentimos gustosos en qué los reciban. Además espero que al terminar esta fabulosa comida podamos hacer las presentaciones formales. ¡Salud y larga vida al rey! El eco de los invitados apareció "salud y larga vida al Rey" —El honor es nuestro y somos nosotros los honrados de recibir estos regalos.—Hizo una seña a sus sirvientes para que los recibieran y los colocaran cerca de ahí.—Siéntanse como en su casa y sigan disfrutando de la comida, más adelante nos reuniremos para hablar más íntimamente. La reunión siguió su marcha como estaba programada y pronto los invitados habían quedado saciados por la comida. La princesa a lo lejos veía de espaldas al que podía convertirse en su esposo, impaciente le pidió a su padre dar inicio al segundo paso de esa tarde. —Creo que ya es momento de pasar a las presentaciones—Dijo ella apasionada.—Los invitados deben estar cansados por el viaje y yo también deseo ir a mi habitación temprano. —Si hija, tienes razón. Es momento no hagamos esperar mas a los invitados.—Hizo otra seña más para que un sirviente informara a su rey invitado que podían pasar al gran salón para conversar en privado. El sirviente corrió para cumplir su mandato mientras el resto de los que estaban en esa mesa se levantaron y caminaron al gran salón que estaba a unos cuantos cuartos de ahí. Erendira también se levantó a pesar de no haber sido directamente invitada, pero era una reunión que no se quería perder y que nadie le negaría estar ahí. Al poco tiempo el resto de invitados comenzaron a darse cuenta que los protagonistas de la reunión se estaban alejando y que el momento de negociaciones estaba por llegar. Algunos miembros que sabían debían estar presentes, fueron al lugar no sin antes terminar sus bebidas. El nuevo salón era llamado "la sala del Rey" y era ahí donde se encontraba el hermoso trono de oro encima de unas escaleras las cuales tenían que subirse para llegar hasta ahí. Estas escaleras eran un límite el cual solo los miembros de la realeza podían escalar. En este salón se reunían para los asuntos del reino, para recibir a los ciudadanos que tenían algún asunto pendiente con el rey y también las visitas o celebridades que buscaban algún trato con él. Ricardo subió a su trono acompañado de su esposa que se sentó a un lado. También los acompañó la princesa que formaba parte del atractivo convenio de una alianza. El resto de personas se colocaron frente a ellos debajo de las escaleras. Este grupo estaba formado por la realeza que pretendía la unión, los ministros y consejeros de ambos lados, miembros de la iglesia y algunos otros con puestos importantes. Detrás de todos ellos había una fila de caballeros en guardia y bien armados. Rodeando a los emisarios había más de estos caballeros y de ahí hasta llegar lo más cerca posible de su monarca.Por favor Rey Hermilio, permítanos conocer a su joven hijo el príncipe.—Por supuesto, es un honor para mí presentarle a mi hijo.—Dió un paso al frente empujando a su hijo para acercarse más.—Me siento honrado en presentarles a mi hijo Antonio III, futuro rey al trono.El joven pasó al frente y entre aplausos fue recibido.La realeza dió los saludos y honores pertinentes. La princesa por su parte quedó asombrada pues las historias del príncipe eran ciertas y quedó cautivada completamente.—Muy bien, pasemos a lo importante. ¿Qué términos necesitan para la unión de estos reinos?—Me temo que estoy en la penosa necesidad de acudir a reinos lejanos y poderosos porque nuestra familia se dividió y ahora buscan tomar mi reino. La avaricia de mis hermanos terminó por vencerlos rompiendo nuestros pactos, abriendo paso a nuestros enemigos y llevando a los reinos cercanos a una crisis total.—Agachó la cabeza tomando su papel de beneficiario y rogó por su ayuda.—Mis consejeros me pidieron ver má
El día había terminado, muchos de los invitados a la celebración del evento habían bebido toda la noche hasta que se cansaron. Erendira se había retirado justo después de la reunión con el sacerdote en el salón real y eso le permitió levantarse temprano como era su costumbre.Antes de pasar al comedor real a desayunar, ella acostumbraba dar un paseo por los jardines. Decía que respirar ese aire puro salido de las plantas y árboles era lo mejor para recibir el día. También disfrutaba del caminar pues la relajaba y ayudaba a su cuerpo con un poco de ejercicio. El jardín era muy extenso, había varios pasillos hechos de piedra plana que separaban las jardineras entre ellas. El paso era deleitado en mayor cantidad por hermosas flores rojas y rosas mientras que en los interiores había árboles y algunas plantas más robustas.En medio del jardín había una gran pileta con agua que era usada en ocasiones para regar al mismo jardín aunque en su mayor tiempo era solo para decorar.Muchas person
—¡Mi lady Eréndira, por favor no se vaya!—El párroco corría para alcanzarla.—No es momento de acobardarse, tenemos que hablar con su tío.—No se cómo permití que me convenciera de esto.—Respondía mientras trataba de alejarse lo más rápido del palacio.—¡Es una verdadera locura!—Mi lady no diga eso, tiene la oportunidad que muchos quisieran. Estoy seguro que su tío no se rehusará.—Con suerte me permitirá conservar todos los privilegios que ahora tengo, no puedo ser así de mal agradecida.—Pero no lo está siendo.—Bajó el tono al haberla alcanzado después de una gran carrera.—El ver por un futuro mejor para su vida no es pecado, se lo digo yo... el agradecimiento se lleva en el corazón y al expresarlo, no en aprisionarse.—¿Qué le hace pensar que vivo en una prisión?—No lo ha dicho, al menos no con palabras. Pero su mirada y su tono de voz me lo han gritado.—Intentó convencerla con lo más irresistible que hay... los halagos.—Usted necesita una vida diferente, donde pueda explotar sus v
—¡Mi señor, mi señor!—El sirviente que se había convertido en el más cercano para Agusto, corrió desesperadamente al salón real y así darle un mensaje.—Le ha llegado un mensaje del padre Jacinto.—¿Tambien se ha ido el mensajero real?—Agusto le respondió muy apático.—¿Por qué entregas tú el mensaje?—Lo siento mi señor, escuché a los guardias decir lo del mensaje y me dispuse a entregarlo yo mismo.—Su sirviente agachó la cabeza para disculparse mientras sostenía el mensaje con sus dos manos en dirección de su rey.—Al escucharlo recordé que el padre había ido a buscarle esposa, intuyo que son buenas noticias, asi que les pedí a los guardias me dejaran entregarle yo mismo el mensaje. Ellos no se negaron pues últimamente soy yo el que está aquí.—Te tengo que agradecer por eso mi querido Job, pero te pediré que los asuntos del reino los dejes así.—Intentó regañarlo pero se enterneció por sus nobles acciones.—Y tampoco debes espiar, la misión del sacerdote Jacinto es un secreto real, no l
Mirar toda la caravana procedente del reino norte era todo un deleite visual. Desde sus cientos de caballeros montando finos caballos cubiertos con metales muy brillantes, hasta las bellas mujeres que bailaban desfilando al entrar. Había fieles sirvientes que cargaban los emblemas de la familia con mucho orgullo, cubriendo con su hermoso color rojo y fabuloso diseño, remarcando el hermoso león del mismo color.Los tambores no eran la excepción, tocaban al mejor ritmo para anunciar su llegada y que lo hacían en paz. En el centro de la caballería, el carruaje del rey Agusto se desplazaba por aquellos campos verdes. Un carruaje difícil de olvidar pues estaba hecho en la parte superior de oro, las ruedas de un metal muy resistente pero no menos llamativo pues tenían un baño de plata. El carruaje era jalado por dos elefantes que deleitaban con su baritar. Eran tan grandes que podrían soportar a un gran número de soldados en su cuerpo.Toda la caravana abarcaba incluso más de dos kilómetro
La tarde fue muy placentera para todos sin excepción. La mezcla entre el reino del sur y el del norte se había convertido en una muy enriquecedora. Los acentos eran distintos, algunas costumbres también y sobre todo las personalidades.Los del norte preferían lo intelectual y sentirse cultos, los del sur eran humildes y les gustaba hacer amigos. Todo esto por el régimen de sus monarcas.El banquete que se sirvió fue espectacular y este corrió totalmente por manos del reino anfitrión. El rey Ricardo pidió que se hiciera lo más posible por mostrar su generosidad y valor hacía su homólogo.Agusto no era de gustos difíciles así que fue fácil halagarlo con los alimentos.La reunión se había originado por la futura boda de la princesa pero el rey del sur no quería dejar pasar la oportunidad de mostrarse amigable con Agusto. Esa alianza sin duda era muy importante y gracias a su sobrina podría hacer realidad.Por otra parte, el rey del norte sabía que su reino seguía siendo próspero y si log
—De verdad prima, piénsalo bien. No te sientas comprometida, mi padre lo entenderá.—Ya te dije mil veces que no lo estoy haciendo como un sacrificio o para huir de aquí.—Mientras decía esto, se tomaba del cabello y cerraba los ojos, reacción de alguien que está perdiendo la paciencia.—Es una oportunidad para mí, una vida diferente.—Y ¿qué tal si esa vida no es tan buena o no te gusta?—Seguía ella esforzándose por hacerla cambiar de opinión.—Es un riesgo que pienso tomar, el padre Jacinto es una persona honesta y me ha contado todo sobre ese lugar.—Ese padre pudo inventar cualquier cosa con tal de conseguir esposa para su rey, ¿no te das cuenta de eso?—La sinceridad y la redacción son cosas diferentes pero ninguna está mal.—¿Disculpa?, ¿a qué te refieres con eso?—Dijo con tono molesto mientras intentaba entender.—No es momento para tus frases de intelectual o tus juegos mentales.—No es nada de eso, escucha.—Eréndira tenía la paciencia de una maestra que desea enseñar a sus alumn
—¡Quiero que alguien me diga algo sensato de una buena vez!—El rey Ricardo estaba muy furioso mientras descansaba en su trono. Todo esto después de ser interrumpido en aquella reunión, donde se anunció el compromiso oficial de su hija con el príncipe del reino Olster. El príncipe Marin.—¿Por qué carajo tuve que salir de esa divertida fiesta con la amenaza de que algún atentando estaba por ocurrir?, ¿no ven que todos aquí somos aliados?—Si me permite su majestad.—Agusto entraba por primera vez en la conversación. El padre Jacinto había sido el encargado de explicar la situación previamente.—Me disculpo por mis emisarios. Ellos se precipitaron en contar la información y alarmar a todos.—Rey Agusto, al fin lo escucho hablar.—Le hablaba con respeto pero seguía muy molesto.—Me complacerá conocer de su boca el motivo por el cual tengo al príncipe de mi reino invitado, con varios guardias protegiéndolo.—Me temo que fue una medida que en mi pobre sabiduría consideré necesaria.En aquella r