Capitulo 3

La reunión en el palacio había comenzado. En el comedor estaban reunidos varios de los personajes más importantes del reino. El obispo, el ministro de guerra, los adinerados, algunos caballeros reconocidos, entre otros más. 

En una mesa independiente pero no menos importante, estaban los invitados disfrutando del festín que sus anfitriones les daban. 

En esa mesa estaba el rey de Olster que venía a negociar alianzas con su similar, su hijo al cuál pretendía comprometer, la reina con su hermosura notoria, los consejeros reales y algunos caballeros que les acompañaban.

El rey Ricardo, que era el anfitrión y soberano del reino de el sur llamado Surten, comía en la mesa principal, estaba sobre una tarima donde podía observar todo lo que ocurría. A su lado su esposa, la reina Magdalena y del otro lado su consejero. Había unas sillas más que estaban destinadas a sus hijas, su sobrina Erendira, así como otros miembros distinguidos que comerían en la mesa bajo ellos.

A este rey le gustaba distinguirse como tal y hacerse notar cada que podía sobresaliendo ante los demás. Aunque algunos rumoraban que la corona le quedaba grande pues le sucedió lo mismo que a otros reyes cercanos, al no haber guerras no sabían en qué ocupar a sus soldados y suministros así que hacían cualquier tontería en esos tiempos de paz.

La celebración fue interrumpida por el voceador que anunciaba la llegada de la princesa para incorporarse en la reunión.

—¡Con ustedes y deleitándonos a todos nosotros, el tesoro del reino, la bella princesa Sleidy!

El silencio se hizo presente para escuchar la presentación, inmediatamente voltearon a ver hacia la entrada oeste que era por dónde entraba la princesa acompañada de su prima. Esta última caminó rápidamente para no ser más notada de lo que ya era y se sentó en la mesa donde sabía que debía estar. 

La princesa en cambio, se lo tomó con más calma, como si de una modelo se tratase, desfiló lentamente por todo el salón saludando y sonriendo a todos los que ahí se habían reunido. Trató de ver discretamente hacia la mesa de los invitados para intentar cruzar miradas con el príncipe que pretendían se comprometiera con ella. Pero poco pudo ver cuando el rey mismo bajó para tomarla de la mano y llevarla hasta su mesa para sentarla junto a él.

Los invitados continuaban aplaudiendo su llegada por un momento más en el que suspendieron sus alimentos. El rey orgulloso de su hija la tomó del brazo para decir.

—¡Todo el reino conoce ya a mi hija pero es un honor para mi presentarla a nuestros invitados del reino Olster!

La mesa a la que hacían referencia también levantó sus copas y manos para dar por bien recibida la presentación. La reina ordenó a sus sirvientes que llevaran unos regalos que habían traído desde sus tierras ante ellos.

—Rey Ricardo.—Dijo el rey del oeste al levantarse.—Es un honor conocer a su hija cuyas descripciones de belleza se quedaron muy cortas. Así también es un honor que nos reciba y el poder compartir los alimentos con ustedes en lo que esperamos sea el inicio de una gran alianza entre nuestros reinos.

Nuevamente los aplausos se hicieron presentes por parte de todos los que escuchaban y participaban en la reunión.

—Hemos traído estos regalos ofreciéndo una disculpa por no ser dignos de ustedes pero es lo mejor que tenemos en nuestro reino, nos sentimos gustosos en qué los reciban. Además espero que al terminar esta fabulosa comida podamos hacer las presentaciones formales. ¡Salud y larga vida al rey!

El eco de los invitados apareció "salud y larga vida al Rey"

—El honor es nuestro y somos nosotros los honrados de recibir estos regalos.—Hizo una seña a sus sirvientes para que los recibieran y los colocaran cerca de ahí.—Siéntanse como en su casa y sigan disfrutando de la comida, más adelante nos reuniremos para hablar más íntimamente.

La reunión siguió su marcha como estaba programada y pronto los invitados habían quedado saciados por la comida. La princesa a lo lejos veía de espaldas al que podía convertirse en su esposo, impaciente le pidió a su padre dar inicio al segundo paso de esa tarde.

—Creo que ya es momento de pasar a las presentaciones—Dijo ella apasionada.—Los invitados deben estar cansados por el viaje y yo también deseo ir a mi habitación temprano.

—Si hija, tienes razón. Es momento no hagamos esperar mas a los invitados.—Hizo otra seña más para que un sirviente informara a su rey invitado que podían pasar al gran salón para conversar en privado.

El sirviente corrió para cumplir su mandato mientras el resto de los que estaban en esa mesa se levantaron y caminaron al gran salón que estaba a unos cuantos cuartos de ahí.

Erendira también se levantó a pesar de no haber sido directamente invitada, pero era una reunión que no se quería perder y que nadie le negaría estar ahí.

Al poco tiempo el resto de invitados comenzaron a darse cuenta que los protagonistas de la reunión se estaban alejando y que el momento de negociaciones estaba por llegar. Algunos miembros que sabían debían estar presentes, fueron al lugar no sin antes terminar sus bebidas.

El nuevo salón era llamado "la sala del Rey" y era ahí donde se encontraba el hermoso trono de oro encima de unas escaleras las cuales tenían que subirse para llegar hasta ahí. Estas escaleras eran un límite el cual solo los miembros de la realeza podían escalar.

En este salón se reunían para los asuntos del reino, para recibir a los ciudadanos que tenían algún asunto pendiente con el rey y también las visitas o celebridades que buscaban algún trato con él.

Ricardo subió a su trono acompañado de su esposa que se sentó a un lado. También los acompañó la princesa que formaba parte del atractivo convenio de una alianza.

El resto de personas se colocaron frente a ellos debajo de las escaleras. Este grupo estaba formado por la realeza que pretendía la unión, los ministros y consejeros de ambos lados, miembros de la iglesia y algunos otros con puestos importantes. Detrás de todos ellos había una fila de caballeros en guardia y bien armados. Rodeando a los emisarios había más de estos caballeros y de ahí hasta llegar lo más cerca posible de su monarca.

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