—No estamos negociando la alianza para hacer guerras.—El rey Ricardo entendió la gravedad de aquellas palabras e intentó elegir la mejor manera de explicar las cosas.—Nosotros siempre hemos sido pacíficos y lo seguiremos siendo. Nuestra prioridad es otra que andar de conquista.—Respiró profundamente pero muy rápido de forma que no se perdiera el hilo de la explicación.—El tema de la guerra salió después y no antes de hacer esta alianza con ambos reinos.—Perdón su majestad.—Interrumpió el ministro muy voraz.—¿Es un hecho que habrá una guerra?—Me temo que si.—Respondió mirándolo a los ojos.—Hemos sido agraviados aquí en mi propio terreno y es necesario tomar cartas en el asunto.—¿Agraviados dice?—Intervino uno de los generales.—Tengo entendido que no se pudo comprobar nada, simplemente fue un rumor de campesino de un reino vecino quien dijo que el príncipe de Olster corría peligro. Si me pregunta no podemos dar por hecho eso sin pruebas ya que tal agresión no se presentó.—Tal agresi
Parecía que la estrategia mental del rey tendría efecto, al menos por un instante pues el sospechoso mostró la intención de hablar confesando todo pero no lo hizo. Al final solo miró al rey en forma retadora y no dijo nada en absoluto.—El rey te hizo una pregunta.—Intervino el jefe militar.—Responde y acabemos con esto de una vez.—Lo único que tengo que decir es que son unos abusivos y Dios es mi testigo que están cometiendo un error.Sus palabras fueron certeras y quitaron la idea de que eso terminaría rápidamente. El tiempo no estaba a su favor y la estrategia de ese hombre era perfecta para quitarles más.—Mi señor, en opinión esto es una pérdida de tiempo.—El ministro de asuntos internos continuaba con sus negativas.—No quiero sonar ofensivo pero, ¿De verdad vamos a confiar en lo que dice una prostituta y un campesino?, ¿Podríamos ir a la guerra por eso?Los murmullos comenzaron de nuevo, de cierta forma y desde su punto de vista el ministro tenía razón y era muy debatible lo qu
Todas las personas ahí reunidas permanecían de pie a excepción del rey Ricardo, su esposa la reina y por supuesto Agusto quien por su condición no podía estar de otra forma.El cansancio en las piernas ya comenzaba a sentirse. Habían tenido reuniones largas pero aquella era especial y particularmente estresante.Los soldados estaban cumpliendo su trabajo resguardando perfectamente las entradas y al prisionero que en ningún momento le habían dejado levantarse.—¿A qué te refieres con qué tiene una prima aquí?—Preguntó el ministro de interiores a Eréndira.—¿Cómo se llama dicha joven?—Casilda Romero. Trabaja dentro del castillo de limpieza.—Dijo ella muy seria.—¿Y cómo sabe que esa joven le ayudó?—El ministro siempre quería ir más allá para corroborar la información.—Al ir a los jardines para investigar un poco, dos de sus compañeras me dijeron que hacía días que ella no se presentaba y después de eso la encontraron llorando… en ese momento les confesó todo.El ruido ahora fue de sorp
El festejo del aún capturado hombre de verde era muy evidente. Su risa podría interpretarse como un gran trofeo o triunfo amado y es que él así lo veía… un triunfo total.—Espero que ahora no tengan ninguna duda de las acusaciones.—Increíblemente Agusto se estaba moviendo de manera muy natural para hablar. Sus manos las colocó sobre su cabeza en señal de reposo.—Ha declarado por sí solo y se ha sentenciado culpable así como señalado a sus cómplices.—Mi rey ¿Está bien?—Se acercó Eréndira corriendo hacia él.—¿La armadura le protegió bien?Su bella prometida se acercó para ver qué todo estuviera bien y solicitó ayuda de los guardias para subirlo a su silla nuevamente.—Estoy bien no te preocupes.—Dijo él con voz muy calmada y ahora con tono de victoria.—La armadura especial hizo su trabajo.El hombre de verde había dejado de reír tras mirar lo que sucedía. Ante sus ojos vió como Agusto no tenía ni una sola gota de sangre lo cual le hizo entender que no lo apuñaló como él había pensado.
Parecía que todo se había solucionado en aquellos momentos. Aunque algunos aún estaban desconcertados por lo que habían visto, poco a poco entendían que los reyes sabían que serían atacados en esa tarde. Así que por estrategia de Agusto acordaron fingir que el ataque les afectó y así exhibir el plan del culpable quien cayó en la trampa.El rey Ricardo no bebió nada del veneno. Su bebida fue cambiada en el último momento y tomó un vino desagradable pero nada insalubre. Su compañera, la reina. Sabía perfectamente de este plan y ayudó a fingir a su marido.Agusto por su parte preparó una armadura especial que puso debajo de sus ropas, esta recibió el impacto protegiendo el cuerpo del rey por completo. El príncipe fue advertido de esto y se sabía que la única forma de ser atacado era con un infiltrado así que en la habitación donde estaba resguardado hubo un cambio. El príncipe fue trasladado a otro lado mientras que dentro de la habitación se escondieron varios hombres de la guardia rea
Las palabras del rey Ricardo habían penetrado muy profundo en todos los que le escucharon. Lo hizo en un tono tan fuerte y de autoridad que nadie se atrevió a cuestionarlo más. Ni rumores ni reclamos, todos en perfecto silencio.—Ahora que está decidido y aclarado.—Continúo el rey.—Es buen momento para decidir lo que viene delante.La tensión volvió al rostro de todos los ahí presentes, sabían que las palabras del rey dictarían lo inevitable.—A pesar de que la estrategia salió bien en este momento y pudimos corroborar que tenemos un enemigo ahora en común que vino y atacó en mi reino.—Su voz de seriedad era muy notable. Era una decisión que no tomó a la ligera.—El reino de Esacrum estará a punto de ser atacado por la familia del rey Agusto. Ellos lo traicionaron cómo viles perros que desean hacerse de su reino. Yo invité al rey aquí para una fiesta y su familia lo aprovechó. ¿Qué viene ahora? Pues iremos a recuperar su reino y luego a conquistar a nuestros enemigos.El padre Jacinto
—Eréndira, ¿Qué haces aquí en mi habitación?—Agusto despertó sorprendido por la intervención tan sorpresiva de su prometida.—¿Sucede algo malo?Pero la hermosa joven no dijo nada, solo continuó su lento caminar hasta la cama.Con la poca luz que emitían unas velas dentro de un candelabro, el rey pudo notar que la joven no llevaba mucha ropa encima. Apenas una corta blusa que le tapaba su pecho mientras que las piernas iban sin ropa, solo una sábana las tapaba.Ella se acercó muy sensual hasta la cama donde se subió recargando sus manos a primera instancia.—Dime por favor ¿Qué sucede?—Insistia el rey poniéndose nervioso por aquel atrevimiento.—Shuu—Lo silenció mientras ponía su dedo entre sus labios.—No digas nada o nos van a descubrir.Augusto no se creía lo que escuchaba ni lo que veía. Se puso muy nervioso, tanto como un niño ante un problema donde sabe que sus padres lo regañarán.—¿Tienes espacio para mí en tu cama?—le dijo con voz suave comenzando a subir sus piernas a la cama.
El nuevo día ya había comenzado y la reunión más importante en ese año estaba a punto de ocurrir.Los tres reinos hablarían no solo de su unión si no de su primera acción en conjunto y esta, para temor de muchos, era la guerra.La reunión se llevó a cabo en el salón real, ahí donde estaba el hermoso trono de Ricardo junto al de su esposa. Ambos bañados en oro y con valiosas joyas rojas decorándolos.Todos los demás ya ocupaban sus posiciones en aquel espacio. Para esta ocasión se habían colocado mesas y sillas, dejando dos espacios muy importantes para los reyes invitados. El resto de espacios estaban para que se distribuyeran por rangos. En esta ocasión estaban presentes Sleidy con su prometido. El príncipe que había estado en peligro se había animado a estar ahí, ocupando el valioso lugar en la corte de su padre. También estaban la reina y de Olster así como sus consejeros.El lugar donde estaría Agusto quedaría un poco más vacío, no había príncipes ni reinas y por supuesto había f