—Me imagino que lo quiere aquí a toda costa su majestad.—Dijo Jacinto mientras se levantaba con la intención de ir a buscarlo.—Iré a decirle a los guardias que me ayuden a esa tarea.Justo cuando Ricardo pensaba que era un buen momento para iniciar ya que todos estaban reunidos. Notó que Jacinto era el que se iba lo cual le causó un poco de malestar.—Mi rey, puede comenzar.—Dijo Agusto para no retrasar más la reunión.—Mis consejeros se reunirán en un momento con nosotros.El rey Ricardo asintió con la cabeza y decidió iniciar. Movió la cabeza hacia su anunciador para que esté de manera verbal diera inicio.—Estamos reunidos para festejar en primera instancia la unión de nuestros reinos por medio del matrimonio.—El vocero lo hacía con mucha alegría, como si hubiera estado esperando el momento de su participación por mucho tiempo. Lo que decía, lo estaba leyendo de un pergamino que con ayuda de escritores pudo realizar. Esto era muy común en todos los reinos, la presentación decía much
El tiempo para la batalla decisiva había pasado muy rápido. En ese tiempo Eréndira y Agusto habían trabajado en conjunto mucho tiempo para lograr idear un buen plan. Esto les ayudó a unirse no solo mentalmente sino física también. Los besos aparecieron como pequeñas chispas para encender ese amor que poco a poco iba creciendo. Aunque eran muy discretos ya podía verse y sentirse en cada uno de ellos ese aroma a amor.También se dieron cuenta que eran bastante similares y gracias a eso ambos se ayudaban a tener un crecimiento propio y mejoraron en muchos aspectos de su vida. Se habían hecho mucho bien el uno al otro.—Mañana marcharemos como lo habíamos planeado.—Dijo Agusto mientras se recargaba en la cabeza de Eréndira quien a su vez estaba recargada en su hombro como dos enamorados.—Nos vamos a dejar de ver muchos días pero si todo sale bien el destino nos unirá en mi reino para que lo conozcas.—Sé que es muy peligroso que yo vaya aunque si me lo pidieras iría contigo sin importar n
El sol ya estaba en una buena posición para alumbrar completamente todo el reino.Todos los habitantes estaban preparados. Desde los soldados que ya habían tomado su formación desde muy temprano. Se colocaron en la parte de afuera de la ciudad, con todos ahí reunidos se veía una gran espectáculo digno de ver. Arqueros en sus posiciones. La caballería en los costados, la infantería enfrente con múltiples abanderados cargando los escuchados del reino y para completar la maquinaria pesada que aguardaba hasta el fondo.Ambos ejércitos de igual magnitud estaban esperando las indicaciones de los generales para avanzar. Era algo que imponía solo con verlo.El rey Ricardo por su parte estaba a las afueras listo para inspirar a su ejército. Era un hombre ya mayor para ese entonces quien no iría a la batalla. Esa misión se la confiaba a su general de mayor grado quien era el líder militar junto a los 9,000 soldados que habían acordado mover. La reina por su parte estaba a un costado de su esp
El suelo comenzaba a resentir el andar de las tropas. Los animales corrían de ahí, no querían estar cerca de ese ruido que penetraba en sus oídos tan fuerte que era inevitable no pensar en el peligro. La sombra que provocaba en esa dirección era tan grande que podía verse claramente como el sol quedaba atrás. Y no era para menos, la oscuridad estaba por llegar al reino.Los pueblerinos ya estaban al tanto de la situación. Desde kilómetros atrás pudieron ver que un ejército invasor llegaba desde el sur.Se refugiaron en sus casas mientras que otros más solo huyeron de ahí. No querían ser capturados por el enemigo o peor aún... asesinados.Las banderas en el castillo que sería atacado aún ondeaban con firmeza, como si gritaran que no querían ser capturadas. Las paredes que las resguardaban eran duras y muy resistentes. Cruzar a través de ellas sería muy difícil aún con todo el ejército que llevaban.El momento de marchar terminó. El ejército se encontraba a una distancia considerable d
—Señor ya estamos muy cerca del castillo.—Informaban al líder militar mientras se detenían para contemplar en el bosque.—Estamos a unas horas de llegar pero la noche nos alcanzará antes de eso.—Muy bien explorador.—Respondió el general con voz analítica y agradecida.—Has hecho un gran trabajo. Ve a descansar.El jefe militar miró a Agusto para llegar juntos a una solución.—Ya lo escuchó mi rey. Estamos cerca pero la noche llegará primero.—Creo que lo mejor es acampar.—Dijo el rey muy serio.—Dentro de todas las posibilidades, me parece que acampar es la que brinda más ventaja.—¿Qué clase de ventajas? Si me permite saber.—Podemos enviar exploradores mientras los soldados descansan. Así sabremos si el enemigo sabe de nuestra presencia o sigue celebrando.—Hizo una corta pausa para continuar.—Nuestros soldados podrán descansar antes del ataque. Aunque podríamos aprovechar la noche si estuviéramos cien por ciento seguros que ellos no nos esperan. Pero el rendimiento de las tropas puede
La noche pasó muy rápidamente. Agusto no pudo descansar ni un poco, nerviosismo por la nueva vida, planear una estrategia y estar alerta, fueron una combinación perfecta para dejarlo con insomnio. ¿Y quién podría dormir tranquilo antes de una guerra? Estaba claro que ya no se sentía él mismo. Aunque aún tenía su inteligencia, extrañaba el montar su caballo y atacar al frente de sus tropas. Tener la opción de correr, luchar, ser un ejemplo en la pelea, todo eso hacía una importante elevación moral.Tristemente tenía que estar esclavizado a esa silla sin poderse mover por sí solo ni a la velocidad deseada. Todo eso lo dejaba ciertamente incapacitado y con la moral baja. Dependía solo de dirigir a las tropas desde un punto medio y enviar a los soldados para decretar sus órdenes. Tenía la ventaja de contar con el general del reino sur, él no era especialista en pelear enfrente de su ejército pero era un gran líder y se podía desplazar mejor que él.Los sueños lo habían aterrorizado en es
La tensión para el rey Agusto había aparecido. La batalla ya no era militar, su enemigo tuvo la inteligencia de convertirla en algo moral exponiendo una situación que todos los oyentes iban a cuestionar. Era cierto que el reino estaba en decadencia y que muchos lo estaban abandonando. Pero aunque sonara a culpa del rey, no lo era. Simplemente dejaron de apoyarlo por su situación.Aún así, eso era algo que los enemigos no iban a desperdiciar.—¡Has traído a más hombres para que mueran, eso es algo nefasto si me preguntas!—Seguía su juego mental, era lo único que podía hacer en esa desesperada situación y esperaba le funcionara.—¡No te conformaste con perder a tantos tras las batallas sin sentido que luchaste en años, ahora que el reino nos aceptó y será próspero, quieres arruinarlo!Los soldados comenzaban a mirarse unos a otros al sentir un poco de verdad en aquellas palabras. Muchos habían peleado por él en incontables ocasiones y estaban hartos de aquello. Empezaron a considerar qu
Agusto lo miró analizando su rostro y sus movimientos. Al verlo recordó que efectivamente muchos de ellos aportaron cosas importantes en el largo camino de grandeza, pero sabía que ahora se necesitaban ciertos cambios, personas diferentes que aportaran frescura y la futura reina Eréndira sería la ideal para esto.—Estoy muy agradecido por su servicio, no tengo duda de su lealtad mi lord.—Agusto seguía mirando a su acompañante. Era un hombre con muy poco cabello, lo tenía de color blanco a pesar de su juventud. Se decía que era un caso muy raro pero no imposible de ver. Su conflexion media, su piel morena, con unos ojos azules muy interesantes. Su nariz gruesa y su boca muy grande que para variar la usaba bastante bien para comunicarlo todo.—Estoy seguro que todos saldremos beneficiados de todo esto. Se viene una guerra más que lucharemos con nuestros aliados aquí presentes como puede verlos.—¿Otra guerra? Mi señor ¿Por qué?—Necesito contarlo en una reunión así que por favor debemos