Entonces Theodor a tenido vientres en alquiler a lo largo de los años xD ooh ¿Que mas secretos sabremos? ¡Enterateeee en los proximos capituloooos no van a creer lo que se viene!! gracias por leer, comentar y darle me gusta al capitulooo!
Theodor, con un gesto de su mano, alteró la escena que presenciaban. De pronto, la perspectiva cambió drásticamente. Ya no se encontraban observando la batalla desde lo alto de la imponente estatua del dios del sol, sino que ahora estaban inmersos en el corazón mismo del conflicto. A pesar de estar rodeados por el caos y la destrucción, su presencia era etérea, como la de fantasmas silenciosos que no podían interferir en los eventos que se desarrollaban ante sus ojos.En medio del tumulto de la batalla, Theodor dirigió su atención hacia un joven guerrero de cabello rubio que luchaba en primera línea.—Él es Julius, mi primogénito, el primer hijo de mi linaje —explicó Theodor, con su voz teñida de una mezcla de orgullo y pesar.Valdimir, Aelina y Erik observaron al muchacho con asombro. Julius se movía en el campo de batalla con una gracia y habilidad sobrehumanas, su espada de luz parecía cortar el aire mismo con precisión letal, acabando con sus enemigos sin aparente esfuerzo.—Su mad
Mientras observaban la escena que se desplegaba ante ellos, la atmósfera se llenaba de emociones encontradas. La frustración de Julius era evidente en cada uno de sus movimientos, en la forma en que sus ojos ardían con una mezcla de ira y desilusión. Por otro lado, la renuencia de Theodor se manifestaba en su postura rígida y en la forma en que evitaba la mirada de su hijo. El contraste entre ambos era tan marcado que parecía crear una barrera invisible entre ellos.Erik, con una voz que denotaba una profunda empatía, rompió el silencio:—Él estaba frustrado, mi antepasado —sus ojos reflejaban una comprensión que iba más allá de las palabras—. Yo también lo estaría en su lugar...El anciano Theodor, con una sonrisa amarga que hablaba de siglos de arrepentimiento, respondió:—Eso era precisamente lo que buscaba lograr —hizo una pausa, como si las palabras le costara pronunciarlas —. Como bien has dicho, nieto, yo quería que mi hijo hiciera el trabajo sucio por mí. Estaba esperando que é
AL DÍA SIGUIENTE: REINO HUMANO DE VIENTALIAPara ese momento, el alba despuntaba en el horizonte cuando el suntuoso carruaje que transportaba a la familia real se aproximaba a las puertas del Reino Humano. Los primeros rayos del sol, tímidos y dorados se filtraban por las ventanillas, mientras Valdimir, sentado erguido y alerta, mantenía su mirada fija en el camino que serpenteaba ante ellos. Sus ojos, del color del ámbar líquido, escrutaban cada detalle del paisaje que transitaban. Los densos bosques de pinos y robles que habían dominado gran parte del viaje comenzaban a dar paso a jardines meticulosamente cuidados, con setos recortados con precisión y flores que exhalaban sus fragancias al aire fresco de la mañana. Fue entonces que el alfa se dio cuenta que Theodor, hizo su “versión” menos esplendorosa pero sin dejar de ser imponente del reino de Tempus en el reino de Vientalia, era fácil darse cuenta juzgando por el paisaje que veía.«Ahora comprendo porque el reino de los humanos t
El silencio que los cubría por un momento fue roto por la voz potente y clara de un guardia real, quien desenrolló un pergamino ornamentado y proclamó con solemnidad:—¡Bienvenida la princesa heredera Aelina, primera en su nombre y futura reina del reino libre humano de Vientalia, acompañada por el príncipe Valdimir del reino de los lobos de Kolgrim, esposo de la princesa, y Arik, duque de Nevarra de Kolgrim, sobrino del príncipe Valdimir!Un murmullo de asombro recorrió a los presentes. Erik, ahora conocido como Arik, sintió que el estómago le daba un vuelco al escuchar su nuevo título. Sus ojos color ámbar, inquietos, recorrieron la multitud hasta encontrar a su abuelo.Theodor, el Rey de Vientalia, se erguía en el centro del patio. Su figura imponente, envuelto en su atuendo real y con una corona de hierro y zafiros sobre sus cabellos plateados, irradiaba poder y sabiduría. Al cruzar su mirada con la de Erik, una sonrisa enigmática se dibujó en su rostro curtido por los años. Le gui
Celeste Starfall recorría los exuberantes jardines del palacio real de Vientalia junto al recién llegado Duque Arik. Mientras caminaban, podían sentir el aire impregnado con el dulce aroma de las flores primaverales, mientras el sol de las once la mañana bañaba con su cálida luz los senderos de grava blanca que serpenteaban entre los jardines meticulosamente cuidados. A pesar de la belleza que los rodeaba, la conversación entre los dos jóvenes avanzaba como un reloj de arena atascado: en palabras que caían pesadamente, una a una, con largos silencios entre cada frase.Durante gran parte del paseo, Celeste se había limitado a enumerar datos históricos sobre el palacio y sus jardines, detallando quiénes se encargaban de mantener cada sección y otras minucias que a Erik le parecían francamente insulsas. La joven de cabellos dorados como el trigo no parecía particularmente interesada en conocer más sobre su acompañante, pero Erik, movido por una curiosidad que no lograba disimular del todo
Y así, mientras continuaban su paseo por los hermosos senderos del jardín, charlando sobre temas más ligeros, Erik notó un movimiento a lo lejos. Dos jóvenes se acercaban a ellos con paso decidido. Eran dos muchachos que, al divisar a Celeste, agitaron sus manos en un saludo entusiasta y se dirigieron hacia donde estaban.La rubia, percibiendo la curiosidad en la mirada de Erik, se inclinó ligeramente hacia él y, en voz baja, se apresuró a explicar antes de que los recién llegados estuvieran al alcance del oído:—Ellos son Firiel y Garland —susurró Celeste con sus palabras apenas audibles sobre el suave murmullo de la brisa—. Son escuderos de la corte del Rey. Se convertirán en guardias reales cuando cumplan los 21 años. También poseen magia; son sanadores.Erik asintió, absorbiendo la información mientras su mente trabajaba a toda velocidad, conectando puntos invisibles para los demás. Sus pensamientos, llenos de revelaciones y conjeturas, se agolpaban en su consciencia:«El abuelo se
Erik sintió cómo la situación se le escapaba de las manos. Con cada palabra intercambiada, el abismo entre él y estos jóvenes parecía ensancharse. Una voz en su interior le advertía que, si continuaba por ese camino, no tardaría en ganarse enemigos gratuitos, complicando aún más su ya precaria situación.Respirando hondo, Erik intentó suavizar el ambiente con una respuesta que él consideró prudente:—En parte, esa también es mi ventaja... —admitió, eligiendo cuidadosamente sus palabras—. Pero no quiero problemas. Si me disculpan, iré a ver qué hacen mi... tío y su esposa, la princesa Aelina.Con una reverencia rápida y algo torpe, Erik se dio la vuelta y se alejó a paso veloz, casi corriendo por los jardines del palacio. Detrás de él, dejaba un grupo de jóvenes confundidos y molestos.Celeste, con los brazos cruzados y una expresión de disgusto en su rostro habitualmente sereno, no pudo contener su frustración:—Ese duque Erik es un engreído que finge estar en las nubes... —murmuró, co
—Ya no hay necesidad de castigarte… —susurró Valdimir en el oído de Aelina mientras la penetraba con fuerza —¿entonces…—se detuvo para tomar aire —…porque te encanta que te aprisione? —murmuró antes de regresar a sus labios, besándolos mientras unía su lengua con la de ella para profundizar aún más el beso.En ese momento, en el limbo del tiempo detenido donde no existían las horas, los segundos ni minutos, con una de sus manos grandes, Valdimir sostenía con fuerza las dos muñecas de Aelina mientras los brazos de ella estaban sobre su cabeza y el Alfa, encima de su amada esposa, la aprisionaba con su enorme cuerpo embistiéndola con esa rudeza que Aelina le encantaba. Mientras él la penetraba, sujetaba con fuerza la cadera de Aelina con su mano libre para tener mayor control mientras le hacia el amor como si no hubiera un mañana, así era que a ellos les encantaba.Aelina, al borde del placer, con sus ojos embelesados veía el rostro de Valdimir, en ese instante, su expresión era una mezc