Irina dio un pequeño grito espantada, Rachel brincó, pero por el grito de Irina.
—Me ha dado usted un susto de muerte —dijo Irina con la mano en el pecho.
Alex frunció el ceño.
— ¿Está segura que está usted lista para regresar? Tiene los nervios a flor de piel —cuestionó Alex.
—Y no es para menos, después de la noticia que acaba de recibir —comentó Rachel deseosa de conseguir una figura de poder a su favor.
Alex observó el sobre que Irina tenía en las manos, el membrete era visible y la certeza de que Alex sabía de qué se trataba invadió a Irina.
— ¿Puedo ayudar en algo? —Preguntó Alex.
—Sería excelente… —Emitió Rachel contenta e Irina la tomó del brazo.
—No es necesario Dr. Salvatore, me encargaré ahora mismo, si no hay problema.
—Vaya y haga lo que debe hacer, si necesita tomarse unos días más…
—No será necesario, solo preciso de una hora.
Irina llegó al recinto policial. El detective Villalobos la esperaba en su oficina, un espacio austero lleno de archivos y fotografías.
—Irina, gracias por venir —dijo Santiago, señalando una silla, se veía ansioso por agradarle, incluso nervioso, miró a una chica que como él no usaba uniforme de policía y llevaba la placa guindada de una cadena y le indicó con apremio.
—Trae café para las damas.
—No soy tu mucama, Villalobos.
Santiago sonrió apenado.
—Esto es un caso importante —masculló Santiago.
—Como todos Villalobos. Es muy fácil manipular una cafetera, a prueba de idiotas.
Obviamente Santiago no le caía bien a su compañera de trabajo, pero Irina solo quería solucionar sus propios problemas.
—No se preocupe detective, no es una visita de cortesía —advirtió Irina.
—De hecho venimos a exigir justicia —declaró Rachel con altivez, Irina le sujetó las manos a su impetuosa amiga.
—Detective, necesito respuestas. ¿Por qué el seguro de James dice que murió en actividades delictivas? Eso no es justo, él no pudo defenderse.
Santiago suspiró.
—Irina, te dije que teníamos evidencia contundente, es normal que el seguro…
— ¡¿Normal?! No puede ser normal, contaba con ese dinero para la educación de mi hijo, ¿qué le diré cuando crezca? ¿Le diré que su padre fue acusado de delincuente? Él era un excelente abogado y ustedes se aprovechan de que yo no sé qué hacer…
Irina se dejó caer en la silla frente al escritorio de Santiago, una vez más él le ofreció su pañuelo y esperó a que ella se calmara, estaba llorando, sentía mucha impotencia.
—Sé que esto es difícil, pero quizás no todo está perdido —respondió Santiago con voz sosegada.
— ¿Qué quiere decir?
—Tenemos indicios de que la muerte de James no fue un simple accidente.
—El informe policial indica que perdió el control del vehículo —dijo Rachel—. Era tarde, pudo dormirse al volante.
— ¿Irina podría hablar con usted a solas? —Pidió Santiago sin mirar a Rachel.
Rachel alzó las cejas y cuadró los hombros.
—La próxima vez que hable con Irina será delante de su abogado. Yo soy médico, pero mi madre es abogada y mi tío teniente de la policía, créame que conozco muy bien las leyes. Irina nos vamos de aquí, y sepa usted que demandaremos a la ciudad.
—El teniente Rodríguez está al tanto y prefiere que usted no se vea involucrada en el caso —respondió Santiago muy tranquilo.
Rachel dio un paso adelante amenazante a pesar de sus ciento cincuenta y cuatro centímetros de estatura.
—Pues lo que yo sé es lo que mi tío siempre me ha dicho: No hables con policías sin un abogado presente.
—Me parece bien —respondió Santiago de inmediato—. Buscarán un abogado y de seguro el hospital le asignará uno antes de que pueda llegar uno del ministerio público.
—Detective, hable de una vez, lo que me diga se lo contaré a mi amiga igualmente. Usted me ha llamado a diario, quiere algo de mí. Y si me puede ayudar y limpiar el nombre de mi esposo, pues dígame.
—Puede confiar en mí —declaró Rachel—. Quiero lo mejor para Irina.
—Sé que es de fiar señorita, ya la investigué.
—Pe-pero… ¡¿Qué?!... Usted no tenía derecho ¿Mi tío lo sabe?, lo llamaré ahora mismo, esto es un atropello…
—Cálmese, usted no tiene nada que esconder.
—Bueno sí…
—Es la chica de 26 años más responsable que he visto, debe hacer algo antes de que caiga con un infarto provocado por estrés y trabajo.
—Yo no soy tan aburrida, trabajo mucho, pero…
—Detective, si puedo ayudar, lo haré —interrumpió Irina con determinación, las inseguridades de Rachel no eran asunto de la policía.
Santiago las observó haciendo una mueca.
—Sería peligroso —advirtió con las cejas alzadas
— ¡Peligroso es que nos deje así! —Espetó Rachel—. Si usted me investigó, lo hizo con todos los que rodean a Irina, si ella está en peligro debemos saber de dónde puede venir la amenaza.
—Creemos que Alex Salvatore asesinó a James Foster.
Irina se quedó sin aliento, escucharlo era algo estrafalario, sabía que Alex Salvatore podría acabar con su matrimonio, pero ahora las circunstancias hacían parecer a Alex como un asesino. Rachel replicó. —¿Alex?... ¿Se refiere usted al multimillonario Alex Salvatore? ¿Pero por qué? Ellos eran amigos. El cirujano Alex Salvatore salva vidas, no puede matar, el juramento hipocrático dice que… Santiago la miró con una ceja alzada. —Quizás hizo el juramento con los dedos cruzados, la gente miente, manipula y mata, esa es la vida real. —No entiendo, ¿qué pruebas tienen? Contrario a Rachel, Irina estaba callada, con cautela no se atrevía a señalar a Alex, pero mentiría si dijera que no lo ha pensado. —Irina, hay algo que no es dominio público —le llamó la atención Santiago—. Alex Salvatore fue la última persona en ver con vida a James Foster, se citaron en un lugar y tuvieron una fuerte pelea. — ¡QUÉ! ¿Entonces por qué no están investigando a Alex Salvatore? Yo pue
—No concluyentes. ¿Qué quiere decir? —Inquirió Irina decepcionada—. ¿No hay evidencia por lo cual James haya perdido el control del auto? —Lo poco que recuperaron del vehículo no sugiere desperfecto mecánico… Irina puso una mano en su boca. —Santa María —Exclamó con ojos como platos—. Fue él… — ¿De qué hablas Irina? —Preguntó Rachel. —Escuché a Alex Salvatore conversar por teléfono, pensé que hablaba con su mecánico. — ¿Qué dijo exactamente? —Preguntó Santiago. Irina pasó una mano por su cabello. —No lo sé, solo recuerdo que para mí fue evidente, aunque no dijo la palabra coche. Dijo que aunque hubiera atravesado el infierno debía quedar perfecto, algo así. —Y el coche fue quemado borrando evidencia —completó Rachel. Santiago alzó la palma pidiendo un alto. —El coche está en custodia policial… —Él pudo comprar gente —respondió Irina de inmediato—. De hecho me lo dijo… — ¿Te dijo que compró gente en la policía? —Inquirió Rachel. — ¡Claro que
Irina quería que el piso se abriera bajo sus pies, no tenía manera de escapar, tenía que enfrentar la situación, los esposos Salvatore la habían visto. La estaban viendo. «Al mal paso darle prisa» —Ehh… Este. Buenos días, qué pena. Es algo incómodo, solo quería avisarles que estoy aquí. —Pase adelante —dijo Alex conservando su ceño fruncido—. Bianca te presento a Irina Foster, la enfermera es excelente en el cuidado postoperatorio de pacientes, la mejor del hospital. Irina estaba sorprendida, era cierto que era muy buena en su trabajo, pero ignoraba que al Dr. Salvatore le importara. —Mucho gusto Irina —musitó Bianca con una sonrisa y ojos somnolientos—. Disculpa que nos viste a mi esposo y a mí teniendo una pequeña diferencia… —No se preocupe señora Bianca, no es mi problema. Perdóneme a mí… —No hace falta, está olvidado, comencemos de nuevo —enfatizó con bondad la enferma con una brillante sonrisa. Irina no pudo evitar sonreírle, Bianca Salvatore era una m
Irina hizo un esquema de trabajo con las otras dos enfermeras para cubrir los turnos. No eran del hospital sino de una empresa privada dedicada a la atención de enfermos en casa. Aún no tenía una causa plausible para que Alex Salvatore la hubiera solicitado para el cuidado de su esposa, y no había contratado todo el servicio de la empresa privada. La respuesta parecía obvia. —Quiere saber qué tanto sé yo. Soy un cabo suelto —dijo Irina conversando con Santiago por el móvil seguro que él le dio. Estaba lejos de la casa, viendo a Ryan jugando con Ema en el extenso terreno plano y con árboles frutales, estaba segura que nadie podía escucharla. — “¿Pudiste averiguar algo?” —Preguntó Santiago —Solo lo que ya sospechaba. Alex Salvatore es un mal marido. — “¡No me interesan los dramas de novela, Irina!” “Averigua algo que me sirva para encarcelar a ese hijo de perra”, “¿Acaso no querías venganza para tu esposo?”. —Acabo de llegar, no tengo ni 24 horas aquí —se excus
Irina se dio cuenta que había exagerado con eso de ser amable, ahora tenía que ver como lo arreglaba. —James y yo teníamos discusiones muy fuertes —susurró, su idea era salir del aprieto, pero era cierto lo que decía, ella desvió la mirada y dijo con sinceridad—. Cuando uno ha guardado mucho, suele explotar y decir cosas que no siente realmente. Irina dio un paso a un costado con los ojos aguados, le atormenta la culpa de las últimas palabras que compartió con James, el recuerdo de esa discusión invade su mente cada vez que piensa en su esposo. Alex se dio cuenta y le dio espacio verificando a los niños. Irina agradeció su discreción, a la vez había salido del aprieto. —Mamá, ven con nosotros —pidió Ryan. Irina tomó aire y fue con ellos, la pequeña Ema con mucha solemnidad servía el té ficticio a su padre que muy cómico se veía enorme en la silla rosada. Irina se sentó al otro lado de la mesa para cuatro personas. Irina y Alex correspondieron a comer de mentira cada
Irina corrió, pero Alex tiene las zancadas más largas y llegó primero con el niño, se arrodilló y le levantó el rostro, sosteniéndolo. — ¿Ryan tiene epilepsia? —Preguntó Alex con urgencia. — ¡Él sufre de crisis de ausencia, pero jamás había tenido una convulsión tan fuerte! — ¿No está medicado? —Lo está, ay Dios mío, ayúdame, hijo mío, por favor, mírame mi amor. —Cálmate Irina… Alex sacó su teléfono de su bolsillo y llamó a emergencias con las manos temblorosas, tomó aire y dijo de forma concisa: —Requiero ambulancia a mi ubicación. Niño de 5 años, con antecedentes de crisis de ausencia, presenta crisis epiléptica. —Dr. Salvatore, ya está pasando —le indicó Irina abrazando a Ryan que luce desconcertado y pálido. La pequeña Ema asustada abrazó las piernas de su padre. —Papi, ¿Ryan se pondrá bien? ¿Tú lo vas a curar? —Sí mi niña, yo lo voy a curar. Irina trató de cargar a Ryan y Alex se lo quitó de los brazos, ya se escuchaban las sirenas de la ambu
Puede que sea por la profesión de Catherine, pero la mujer no se inmuta con nada, se sentó más cómoda y esperó a que Alex estuviera listo para explicarle. —No es lo que estás pensando —acotó Alex. —Bueno Alex, si su hijo es tuyo, solo existe una manera… — ¡No! Es lo complicado del asunto, Irina Foster no ha sido mi amante. — ¿Entonces cómo llegaste a esa conclusión? —Parte de lo complicado es que no puedo decirte cómo me enteré. —De acuerdo, Irina acaba de quedar viuda, ¿te reclama paternidad? —No, ella no lo sabe, o eso parece. La inmutable doctora ahora alzó las cejas. —Alex, creo que ya es suficiente, lo que me dices no es racional… —Catherine escucha, el embarazo de Irina fue in vitro. O es lo que ella y los registros dicen, aunque no confío en lo que dicen los registros médicos, el papel aguanta todo. Catherine frunció el ceño, confundida. —Pero de esa manera tiene más sentido, si fuiste donador… — ¡No!, porque no fui donante de esperma
Alex se echó a reír a todo pulmón, Catherine no se reía. —Esto es muy serio Alex. —Lo es, sí que lo es, sí tengo una doble vida, Catherine, pero soy consciente de ello. Descarta esa idea que sencillamente por protegerte no puedo explicarte. —Bien, puedo equivocarme, es entendible ya qué no conozco casi nada de ti, francamente me atas las manos. Alex sonrió. —Solo necesito que alguien me escuche. —Deberías buscar un amigo, o invitarme a tomar un café, como amigos. —Por tu seguridad es mejor que no. —Bien Alex, entonces ¿qué piensas hacer? —Por el momento quiero tener a Irina Foster a la vista, le he dado trabajo en mi casa, no confío en ella, pero el niño —Alex negó con la cabeza—. No tengo explicación, quizás sí estoy loco, pero creo que es mi hijo —Alex puso su mano en su pecho—. Lo siento aquí. Además, no es algo que me sorprenda. Con quienes me metí usan formas siniestras para comprometer lealtades. — ¿Y piensas que Irina forma parte de esta gente?