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Alison
―Pero ¡qué demonios! ―grito de lo más molesta a la limosina que acaba de pasar por el charco que está en frente de mí y con el diluvio que está cayendo, toda mi ropa se mojó.
Ahora, qué voy a hacer, porque voy tarde al trabajo.
Demasiado tarde esta vez y, para colmo, ahora estoy empapada de pie a cabeza por culpa de ese tipo ricachón, que de seguro debe estar apurando a su chofer para llegar quién sabe a dónde.
― ¡Ojalá y se te desinflen todas las llantas! ―le deseo con toda mi rabia, pero entonces, recuerdo que de seguro no alcanzaré a llegar a tiempo, así que voy a toda prisa hasta mi trabajo como camarera de un restaurante italiano.
Y cuando doy vuelta en la esquina, me doy cuenta de que la limosina está estacionada frente a un edificio.
¡Perfecto!
Así iré directo a decirle al tipo todo lo que se merece.
Pero cuando ya estoy cerca, la limosina arranca y se pierde, pasando por todos los charcos en la calle y mojando a todos los transeúntes, por donde pasa.
Entonces, memorizo la placa, porque debe haber algún lugar en donde pueda denunciarlo por abusivo y luego tomo mi camino a mi trabajo.
―Pero ¿qué horas son estas de llegar, Alison? ―me regaña el supervisor en cuanto me ve y yo me pongo nerviosa― ¡y mira cómo traes el uniforme!
Lo siento señor, es que… ―trato de hablar, pero me interrumpe.
―No me interesa―me grita y me da un susto―ahora, ve a tu casillero de inmediato y cámbiate la ropa―me ordena y yo voy a hacer lo que me indica― ¿Te ha dicho que te vaya? ¡No he terminado de hablarte! ―me dice y me hala del brazo―ha llegado un cliente muy importante y se ha sentado en tu área, así que ve a atenderlo de una buena vez.
―Sí, señor, eso haré―le digo y trato de dirigirme a mi casillero, pero me vuelve a halar―y más te vale que quede satisfecho, o te echo a la calle hoy mismo―me amenaza y yo respiro profundo.
―Está bien, le contesto y rápidamente tomo mi uniforme de repuesto y me lo coloco, para ir a atender al cliente.
― ¡Y más te vale que te apures o te descontaré el día! ―me advierte y yo trago en seco.
Así que voy hasta la mesa y me encuentro a un niño de unos siete años, que tal parece que está concentrado en lo que está leyendo y levanta la mirada para observarme detenidamente, pero luego, se ve todo ceñudo, como si tuviera que concentrarse para volver a leer.
―Quiero pizza de aceituna y otra de jamón y de pollo...―dice y tal parece que va a pedir todo el menú de una sola vez―... y de queso, y de... ¿sabes qué es albahaca? ―me pregunta y yo le muestro mi mejor sonrisa al mocoso que tiene cara de malcriado.
―Es una hoja muy sabrosa, muy buena para ti―le señalo, pero él arruga la nariz y se ve de lo más tierno, lo cual me saca una sonrisa.
― ¡Hojas, diac! ―dice todo asqueado―yo no como eso, sabe malo―me aclara, pero yo pongo los ojos en blanco.
― ¿Y la has probado? ―le digo con una sonrisa y él arquea las cejas.
―No, pero...―trata de decir, pero yo lo interrumpo.
―Entonces, deberías probarla―trato de convencerlo, pero él sigue sin parecerle bien mi sugerencia
―Mejor trae una pizza con anchoas y otra con p**e..., uy, ¿cómo se lee lo que dice aquí? ―inquiere y yo trato de armarme de paciencia.
―Pepperoni―le respondo y él dice un "ah", lo cual me hace reír, pero me contengo―me parece que no deberías pedir cada pizza del menú―le sugiero, pero él me arruga la cara, así que le explico―luego te dolerá el estómago con todo eso.
― ¡No! ―me responde el niño berrinchudo y yo trato de respirar profundo, para ver si no me altero, agarro al niño y lo guindo desde uno de los abanicos― ¡quiero todo lo que te pedí y lo quiero ya! ―me grita, haciendo un mohín y ahora no sé si enfadarme o reírme de su cara.
Supongo que no podré hacer ninguna de las dos cosas, considerando la amenaza de mi jefe.
―No te enojes conmigo, solo estoy pensando en que te puedes enfermar, si comes todo eso―trato de convencerlo, pero parece que es muy testarudo.
―Pero ¿qué está pasando? ―escucho la voz de un hombre detrás de mí y cuando volteo, siento que se me va el aliento.
Es un hombre alto y con el cabello negro, que está vestido con una camisa negra con algunos botones abiertos, que muestran parte de su pecho musculoso.
―Veo que ya estás pidiendo tu comida, Mark―le dice el hombre al chico y este sigue con la cara arrugada.
―Sí, pero esta chica no quiere darme todo lo que le pedí―le dice el muy boca floja y yo vuelvo a respirar profundo.
―Pues, ella te va a traer todo lo que pediste o hablaré con su jefe―me responde y un regusto agrio se abre paso por mi garganta.
Tal parece que el padre es tan berrinchudo como el hijo.
―Listo, señor, ya tengo su pedido―le digo, pero me toma del brazo para detenerme.
―Aún no te puedes ir―me dice y nuestras miradas se cruzan―no te he dicho lo que quiero―señala y toma mi mano con delicadeza, dejando un cosquilleo en donde me toca. Entonces, mira el menú con rapidez y lo cierra de inmediato―unos espaguetis Alfredo―señala y yo quito mi mano, ya que no me gusta que me toquen, aunque esta vez se sintió diferente.
Especial, más bien.
Y de inmediato me pongo seria y anoto lo que me pide.
―Enseguida voy a la cocina a que le preparen su comida, señor―le respondo y le sonrío, luego de lo cual, me voy hasta la caja y dejo el pedido, lo cual sorprende a mi supervisor, quien dice un "¡todo eso!", pero luego, se recompone.
En cuanto salen tooodo lo que ha pedido el chico y su padre, trato de llevar la comida como puedo, puesto a que son demasiadas pizzas para el niño y trastabillo perdiendo el balance de mi cuerpo, pero unas manos me agarran antes de que siquiera alguno de los platos se deslice de mis manos y se llegue a caer al suelo.
― ¿Estás bien? ―me dice el cliente del pequeño malcriado y lo veo directo a la cara y sus ojos verde mar están viendo cada una de mis facciones, lo cual me deja echa un manojo de nervios.
―Sí, gracias―le respondo con sinceridad y el hombre me deja para hablar con el supervisor.
― ¿Qué no tienen más empleados aquí? ―le dice molesto―busque a algún asistente de cocina, para que la ayude―le espeta y él le contesta un "por supuesto, señor", que me hace reír por dentro.
Entonces, uno de los lava trastes viene con un carrito y toda la comida y yo me encargo de colocárselas como puedo en la mesa.
―Que disfruten su comida―les digo con más amabilidad de la que se merecen, pero él niño empieza a lloriquear.
―Quiero que me acompañes a comer―me ordena, pero yo muevo mi cabeza de lado a lado.
―Lo siento, campeón―le digo con una sonrisa―pero tengo que ocuparme de otras mesas.
―Pues, si no te quedas, no comeré―me trata de chantajear y yo respiro profundo.
―Y si no comes, no sabrás lo deliciosas que están tus pizzas―trato de convencerlo, pero él sigue con la cara arrugada.
―No voy a comer―me grita esta vez―papá, dile que se quede o me voy a molestar con ella.
Entonces, el hombre me toma por el brazo y me obliga a sentarme de mala manera y yo lucho contra su agarre, pero no me lo permite.
―Comerás con él y no se diga otra cosa―me exige, pero yo le frunzo el ceño a él y a su mano sobre mí, como si me quemara un fierro ardiente.
―Pero, señor, ¡qué le ocurre! ―le espeto molesta―necesito atender otras mesas o mi supervisor me echará de aquí.
―Y yo te haré echar, si no atiendes a lo que quiere Mark―me sentencia y yo hago un nuevo intento por levantarme, pero él acerca mi silla a la suya de mala manera y su cara está tan cerca de la mía, que casi me puede besar, con esos labios tan apetecibles, que me hacen tragar en seco.
Y mi garganta se siente más seca de repente.
―Si tu problema es tu jefe, ahora mismo lo arreglo―me dice y enseguida llama al supervisor y este llega solícito.
― ¿Ocurre algo malo con la chica? ―le dice todo preocupado, en tanto que me lanza una mirada despectiva―dígamelo y la haré echar―le señala de lo más contento y yo resoplo de la rabia.
―No, todo lo contrario―le indica―quiero que se quede en esta mesa y que coma con Mark―le dice y mi jefe está a punto de decir algo, pero este prosigue―le pagaré diez veces lo que gana en un día en este restaurante y a usted le tocará una propina jugosa, por supuesto―le asegura y lo veo meterse una mano en el bolsillo, lo que hace que mi supervisor empiece a sudar―así que, ¿qué dice? ―inquiere con una sonrisa intimidante.
―Pero es que yo… ―trato de justificarme, pero es mi jefe quien habla.
―Por supuesto, señor, ella aceptará, si sabe lo que le conviene―le responde, pero en realidad me mira con una ceja levantada―se sentará y comerá y no volverá a decir una sola palabra más o me encargaré de que no vuelva a trabajar aquí jamás―le asegura y él hombre ahora me mira con el ceño fruncido y una sonrisa satisfecha.
―Eso fue lo que supuse―le contesta y yo quiero morirme de la rabia, por lo patanes que son estos dos, que creen que porque tienen dinero o poder, tienen derecho de hacer lo que bien les viene en gana.
―Toma―me dice esta vez el niño, Mark, con un plato en la mano y una sonrisa de oreja a oreja―ahora, come para que estés fuerte―me dice con una inocencia tan prístina, que no sé ni qué decirle.
Pero su padre sí que no es ningún inocente, sino un patán en toda regla.
Y ahí está, el muy cretino, comiéndose sus espaguetis Alfredo, como si nada hubiera pasado o no me hubiera obligado a quedarme en su mesa.
Luego de que el chico picotea todas las pizzas, para no comerse ninguna en particular, y el patán de su padre se termina su comida, el chico me toma de la mano y me lleva hasta la salida, no sin antes de que su padre pase por la caja y deje el dinero prometido.
―Quiero que vayas a mi casa―me pide Mark y yo respiro profundo.
―No te prometo nada, porque tengo que trabajar―le digo entre molesta y resignada.
―Papá hará que tengas tiempo para mí―me dice de lo más descarado y yo trato de contener la rabia― ¿verdad que lo harás, papá? ―le indica a este, quien estaba a punto de tomar su teléfono.
Supongo que este es otro padre que llena a su hijo de mimos y regalos, en lugar de educarlo bien.
―Si, Mark, lo que tú quieras―le responde y me confirma lo que pienso de él.
Entonces, su limosina los recoge y ambos se marchan en ella.
Y me doy cuenta de una cosa.
Que es la misma limosina que me dejó toda empapada hace un rato.
¡Miserable desgraciado!
~~~ Alison. "Miserable jefe", pienso para mí en cuanto llego a mi casa y me doy un baño, para relajar mis músculos. Entonces, escucho el teléfono y me pongo algo encima como puedo para atenderlo. "¿Alison?", dice mi mejor amiga en cuanto toco el botón para contestar, "¿en dónde estás?", inquiere y escucho música en el fondo. "En casa, agotada", le respondo, mientras trato de que no se me caiga la toalla. "Nada de agotada", me reprende, "recuerda que hoy es viernes", señala y suena enojada, "me dijiste que vendrías a la fiesta en el bar, por el cumpleaños de Nash", me reclama, a sabiendas de que este tipo por el que se muere no me cae para nada. "Estoy muerta, Georgy", trato de excusarme, "hoy llegué empapada al trabajo y me prometieron un bono por atender a un patán, pero mi jefe se quedó con el dine...", trato de terminar, pero ella me interrumpe. "Y por eso es por lo que necesitas venir a relajarte", me indica y yo respiro profundo, "anda, hazlo por mí", me dice y trago en s
~~~ Alison. ―Haré que te traigan ropa limpia para que te cambies―me dice y me mira de pie a cabeza y ahora me siento desnuda, a pesar de que llevo mi mini vestido de la noche anterior―no deberías vestirte tan provocativa, si es que no quieres buscarte problemas―me dice algo molesto y con una ceja levantada. ―Pues, yo me visto como quiero―le digo muy pagada de mí misma―además, ellos se estaban aprovechando de que eran mucho más grandes y fuertes que yo―le señalo y él me mira y hace un bufido. ―Haré que te traigan ropa, para que te bañes y arregles―me indica y yo no estoy muy segura si quiero agradecerle o no. ―Todavía no me has dicho cómo es que terminé en tu casa―le recuerdo y él ahora cruza sus brazos sobre su enorme pecho, al tiempo que esboza una ligera sonrisa. ―Te veo abajo―me dice, pero me cierra el paso cuando trato de salir y cierra la puerta con llave. ―Pero ¡qué rayos, James! ― le grito enfadada, pero tal parece que se ha ido―déjame salir de aquí―digo a viva voz, pero
~~~ Alison. Me despierto con el ruido de mi teléfono que tiene un mensaje de texto. Es de mi supervisor, el muy imbécil. "Si quieres el dinero que te dejó el cliente el otro día, ven a trabajar hoy", señala y siento odio por ese mensaje, ya que James me había prometido pagarme diez veces mi salario, sin embargo, cuando se lo dejó a mi jefe, este se lo quedó y me dijo que no me lo daría, por haber llegado tarde. Pero, si no voy, también lo tomará de excusa para echarme, así que le contesto que sí iré y me levanto de mi deliciosa cama, que me reclama desesperada, por ser domingo. ―No me contestabas el teléfono, así que vine para acá y decirte en persona que lo siento, Alison―me dice Georgy en cuanto me ve en la puerta, quien parece haberse quedado ahí durante toda la noche. Entonces, recuerdo cómo esos patanes me trataron y me voy a toda prisa. ―Espérate―me dice desesperada. ― ¿Que no te dije? ―le señalo de lo más cabreada―intentaron violarme―le espeto y ella respira profundo, a
~~~ Alison. No entiendo a James. Siempre hace cosas que me sacan de mis casillas y, sin embargo, me salvó la vida hace unos días, pero tiene acceso a mi teléfono y hasta mi cuenta personal en el banco, en donde ha colocado una suma obscena de dinero. No es igual a otros estúpidos con los que tengo que tratar. Por ejemplo, ahí está el estúpido de Willy, que cree que porque es un hijo del supervisor tiene derecho a ponerme a trabajar hasta tarde sin pagarme, torturándome hasta el cansancio, con tal de que un día ya no pueda más y acceda a salir con él. A él lo puedo definir como un baboso en toda regla. Y ahora me doy cuenta de que todos los hombres que rodean mi vida son unos abusivos, que piensan que pueden manejarme a su antojo. Pero ya verán Willy, su padre y james que no pueden venir a hacerlo nunca más, por más dinero o poder que tengan. ~~~ Al día siguiente me levanto con una sola algarabía en el apartamento de al lado, lo que hace que me dé cuenta de lo tarde que es. A
~~~ Alison. La sensación de terror que me recorre la piel no se me quita. Y sí, lo sé, Willy es un gran acosador, pero jamás pensé que se atreviera a una cosa como esta. Me iba a violar. Y sí, tengo que agradecer que James viniera y me rescatara, sin embargo, él también me da mucho miedo, porque, a ver, para qué se ha mudado justo al lado de mi casa, si tiene toda una mansión en las afueras de la ciudad, si no tiene otra intención, más que la de espiarme. Como si fuera otro acosador. Luego está el tema de su matón, quien ha venido solícito a atender los caprichos de su jefe, quien... ¿iba a matar a Willy? Sí, no lo niego, yo quería matarlo, también, sin embargo, de querer hacer una cosa a en verdad hacerla, hay un abismo de posibilidades. No, no es bueno para mí el estar al lado de un hombre que se mueve como si fuera un delincuente, porque, a ver... ¿desalojaron a mi vecino a la fuerza, solamente para que James estuviera cerca de mí? En serio, estoy preocupada, porque tal p
~~~ Alison. En cuanto me recompongo de la impresión por la cercanía de James, me voy directo hasta el jardín en donde ya Mark se encuentra columpiándose, como si estuviera algo triste, pero, en el momento que nota que me voy acercando, la cara se le ilumina. ― ¡Alison! ―dice de lo más entusiasmado y corre a mi encuentro y me doy cuenta de que mi corazón se siente algo liviano, olvidándome de la incertidumbre en la que he estado viviendo durante todos estos días. Y es que este niño, malcriado y todo, resulta que es como cariño puro y desinteresado, capaz de borrar la tristeza con su sonrisa. Entonces, me doy cuenta de que este trabajo me gusta, salvo que tengo que lidiar con su padre, quien es un gran prepotente. Y, a pesar de eso, siento cómo se me acelera el corazón, cada vez que pienso en él. ― ¿Te puedo contar un secreto? ―me dice Mark con sus cejitas levantadas. ―A ver, ¿y qué será, campeón? ―le respondo con una sonrisa, pero, enseguida su semblante se ve muy triste, un se
~~~ Alison. ―Ahora, supongo que sabes cuales son las consecuencias de no aceptar que mi limosina te lleve a casa, ¿cierto, Alison? ―me señala y yo trago en seco―te está esperando afuera, así que ya te puedes retirar―me indica y hace un ademán con la mano, como si yo fuera una especie de esclava personal y ahora me pregunto cuál es la diferencia entre trabajar para James, un grandísimo prepotente, o hacerlo para mi antiguo supervisor, quien me hacía trabajar horas extras, sin pagarme. Y un pensamiento estúpido me pasa por la cabeza, ese que dice que James es mucho más guapo y que paga mejor que en el restaurante, pero no, ni así resulta que es mejor, porque es mucho más prepotente y tiene todo su dinero, sus matones y su influencia para demostrarlo. Entonces, el chofer me lleva hasta mi casa y, en cuanto abro la puerta, me voy directo a la habitación, en donde tomo una almohada, para amortiguar el grito que quiere salirse de mi pecho de la rabia que ahora lo invade. Pero, no confo
~~~ Alison. Por alguna razón que no alcanzo a entender, hay unos rayos de sol que me están molestando en la cara, unos haces de luz de lo más impertinentes y de los cuales no tengo la menor idea de dónde han salido, si la ventana de mi habitación está lo suficientemente alejada de mi cama, como para que ni me entere si siquiera existe un sol por ahí. Y como no me interesa averiguar la razón de su necedad o cómo es que han llegado hasta aquí, me coloco hacia el otro lado y estoy a punto de ponerme una almohada en la cabeza, para seguir durmiendo, cuando me tropiezo con el torso desnudo de alguien. Un enorme, bien definido y esculpido torso, que ahora pareciera que se estuviera moviendo arriba y abajo, así como cuando la gente se ríe y ahora escucho la risa. Una risita masculina, que le va bien a ese torso desnudo, lo cual me deja entre asustada y consternada, mientras no puedo dejar de mirar esa parte de la fisonomía humana con deseo. Con tanto deseo, que mi piel está ardiendo y