CAMILLE ASHFORD—No olvidé que nos veríamos de nuevo —respondí con la garganta seca. Su presencia era demasiado intimidante y me hacía flaquear. —Espero que hayas dejado todo en orden —dijo Lucien con voz firme y calculada—. Te di el tiempo suficiente. Me esforcé por mantenerme erguida, pero la presión en mi pecho era sofocante. Debía de admitir que, durante todo este tiempo, pensé varias veces en simplemente escapar, huir lo más lejos posible sin decirle a Damián o a Andy, pero no pude, tal vez no tuve el valor suficiente. —Lo hice —respondí por fin con un suspiro apesadumbrado—. Mi hermano ya sabe que estoy comprometida contigo y que estoy embarazada.Lucien frunció el ceño y bajó la mirada a mi vientre. En su expresión vi algo parecido a la duda, pero su rostro se endureció de inmediato.—No mientas —susurró con frialdad. Se acercó un paso más, hasta que apenas nos separaban unos pocos centímetros—. Ni siquiera un bebé va a suavizar esto... Ruega porque no sea cierto.Mi corazón
RACHEL MONROY—Tenemos que volver —dijo Damián mientras yo caminaba detrás de él y de Andy. No había escuchado muy bien la llamada, pero parecía que había algún problema con los niños. De pronto volteó hacia mí y sus ojos expresaban una intensa preocupación—. No te quedes aquí más tiempo, no me gustaría que permanezcas sola con esa clase de gente. De nuevo ahí estaba alguien tratándome como una niña pequeña. Torcí los ojos mientras intentaba sonreír. Me molestaba que me creyeran tan inocente y tonta, aunque lo que había pasado con Bastián no me ayudaba mucho para respaldar mi madurez. Me había convertido en la niña ingenua que había creído en cuentos de hadas y que pensaba que tendría un matrimonio perfecto con el hombre perfecto.—Con cuidado, espero que todo esté bien en casa —dije con esa sonrisa rígida que escondía mi frustración, terminando de esa manera la plática. Me quedé en el descanso de las escaleras dobles, observando la majestuosa vista del patio principal mientras ell
RACHEL MONROYLlegué a mi departamento, sí, ese mismo que sería donde viviríamos Bastián y yo cuando nos casáramos. Ese en el que dediqué mi tiempo, mi dinero y mi amor. Forcé una sonrisa al saludar a los vecinos y el personal de servicio, mientras caminaba como la abogada exitosa y con un futuro prometedor que se suponía que era. Fingí que todo estaba bien, como siempre, pero al llegar a mi departamento y cerrar la puerta detrás de mí, el nudo en mi garganta regresó con fuerza.Todo en él estaba diseñado para un futuro que nunca existió. Lo había decorado con la esperanza de que Bastián y yo lo llamáramos hogar, pero pocas veces él aceptó venir. Cada rincón me recordaba los años desperdiciados, los sueños construidos sobre cenizas.Mi mirada se posó de nuevo en ese espacio vacío en mi dedo y recordé aquel día en la cafetería donde solíamos vernos. Me despidió rápidamente y, mientras yo me marchaba, él se quedó, argumentando que tenía que ver a alguien muy importante, un socio de neg
ANDY DAVIS—¡¿Embarazada?! —exclamé emocionada e inquieta. No podía sonreír más de lo que ya lo hacía. Mi corazón golpeaba tan fuerte como un tambor y de pronto no sabía si reír o llorar por la emoción. —Así es… —contestó el doctor mientras revisaba mis estudios—. Me alegra que la inseminación artificial haya dado resultados tan satisfactorios. Al parecer tienes tres semanas de gestación. El producto está bien implantado. Ahora solo falta revisar si es uno solo o gemelos.Hizo a un lado el folder con los resultados de sangre y sacó los de ultrasonido mientras sus palabras aumentaban mi sorpresa.—¿Gemelos? —pregunté ansiosa. Me faltaba la respiración. Mi esposo y yo nos habíamos esforzado tanto por tener un hijo, si eran dos, sería una bendición. —En la fertilización in vitro suele haber gestaciones múltiples, pues inoculamos varios óvulos fecundados para aumentar el porcentaje de éxito —dijo el doctor con una sonrisa mientras revisaba el estudio—, y como decía, hay dos productos qu
ANDY DAVIS—No tiene sentido hablar de eso en este momento —dijo John mientras acariciaba la mejilla de su amante y esta levantaba su mirada hacia él. Había chispas entre ellos. Derramaban miel, pero para mí era veneno puro. Cuando la chica se alzó en las puntas de sus pies para alcanzar los labios de mi esposo decidí que yo también podía jugar en este juego y salir victoriosa. En cuanto sus labios se tocaron, saqué mi teléfono y tomé un par de fotografías, tomándolos por sorpresa antes de guardar mi celular en el bolsillo. —¿Qué se supone que…? —No dejé que mi suegra indignada terminara su pregunta cuando les ofrecí a los tres una amplia sonrisa.—Se llama evidencia… —contesté mientras volvía a revisar el contrato de divorcio, esta vez con más atención y el corazón frío. Como me lo esperaba, yo no sacaría nada de este matrimonio. No me darían ni las gracias por haber desperdiciado cinco años de mi vida amando a un ingrato y soportando a una bruja como suegra. —¿Evidencia? —pregunt
ANDY DAVIS—¿Cómo que no…? —ni siquiera terminé de preguntar cuando ya me sentía mareada y con náuseas. —Lo siento tanto, créame que fue un accidente —contestó el doctor verdaderamente apenado.—¡¿Un accidente?! ¡Me acaba de decir que mis hijos no son de mi esposo! ¡¿Cómo pudieron equivocarse?! ¡No concibo que una clínica de su categoría…!—Señora, le juro que la pasante que confundió las muestras ya fue despedida —insistió el médico cada vez más avergonzado del error.Por un momento caminé en círculos dentro del consultorio. Lo que parecía un día en el que nada podría salir mal, en realidad era un día en el que todo estaba saliendo mal. Primero la traición de John y ahora eso. La encargada de fecundar mis óvulos con el esperma de John se había equivocado y ahora estaba embarazada de… ¡quién sabe quién! ¿Cómo habían dejado algo tan importante en manos de una novata? ¡¿Qué, nadie la estaba supervisando?! Bueno, era obvio que no. —Si mi esposo no es el padre de mis hijos… entonces, ¿
DAMIÁN ASHFORD—¡Estás loco! ¡No tienes corazón! —exclamó la mujer con la mirada llena de ira y sus manos en su vientre, protegiendo a mi hijo de mis palabras—. ¿Cómo puedes hablar así? No es un juguete que puedas tirar a la basura. Eres un demonio. Me quedé en completo silencio, viéndola una vez más. No estaba acostumbrado a esa clase de respuestas y era sorprendente que esa mujer se comportara como una fiera conmigo. ¡¿Quién carajos se creía que era?! —Es mi esperma —dije entre dientes tomándola del brazo y acercándola de un tirón, creí que sería suficiente para que, como otras solían hacer, pidiera disculpas y llorara, pero, por el contrario, lo primero que hizo fue lanzarme una bofetada que pude atrapar sin separar mi atención de su rostro iracundo. —Son mis óvulos —respondió sosteniendo mi mirada. Fascinante, no planeaba ceder. Era feroz y no tenía consciencia del peligro que significaba hablarme así. No era la clase de mujer aburrida con la que siempre me encontraba y… aunqu
ANDY DAVISMe quedé por un largo rato tirada en la cama, repasando lo lujosa de la habitación. Era el secuestro más costoso que alguna vez me habría imaginado que sufriría. Y sí, no había otra manera de describirlo, era imposible escapar de la habitación. Los guardaespaldas no se separaban de la puerta y afuera de mi ventana también había hombres vigilando. Empecé a sentirme claustrofóbica y esperaba que mi respuesta fuera suficiente para que ese hombre me dejara en paz. Ya estaba harta de los hombres poderosos y su necesidad imperiosa de tener hijos a costa del corazón de una mujer.Cuando la noche estaba a punto de caer, la puerta se abrió, tomándome por sorpresa. De un saltó me bajé de la cama y esperé. Temía lo peor, pero solo era el ayudante, acomodándose las gafas y ofreciéndome una sonrisa tímida. —Señora Andy, el día de mañana se le realizará el procedimiento de legrado —dijo con una sonrisa que no compartía—. Será en la clínica por la mañana. El doctor me pidió que le diera