Cap 31. Idea traviesa

El gran comedor está iluminado por el resplandor de los candelabros. El aroma de los platillos preparados por los mejores cocineros del palacio llena el aire. La mesa está servida con todo el esplendor que una cena real merece, pero Eleonora apenas presta atención a la comida.

No puede hacerlo. No cuando Alejandro está frente a ella, observándola con esa intensidad que la hace estremecer hasta los huesos.

Desde que ha llegado, su mirada la ha seguido en todo momento. No es el escrutinio frío y calculador que solía dedicarle en el pasado, sino algo más profundo, más peligroso. Una promesa silenciosa.

Eleonora lo entiende.

Porque ella siente lo mismo.

Levanta su copa y da un sorbo pausado, fingiendo indiferencia, pero cuando sus ojos se encuentran de nuevo, la chispa entre ambos es innegable.

Alejandro también juega el mismo juego. Se lleva un trozo de carne a la boca con lentitud deliberada, sin apartar la vista de ella. Su lengua roza apenas sus labios después de tragar, y Eleonora si
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