85. EL AULLIDO EN LA CIUDAD

KIERAN:

 Me quedé observándola en silencio. Mi Luna. Mi todo. Había tanto miedo en su mirada, pero también una chispa de fuerza latente que solo necesitaba una oportunidad para brillar. Entendía su confusión. Su memoria en blanco le robaba no solo su historia, sino también el arraigo que podría haberla consolado en este tumulto emocional. 

 Con un suspiro pesado, tomé el control, sintiendo cómo mi cuerpo retornaba lentamente a la forma humana. Mi lobo, Atka, se retiró a un segundo plano, pero sin romper la conexión latente que nos mantenía en constante estado de alerta. Me senté a su lado, deseando calmar todos los miedos que se reflejaban en su rostro mientras ella buscaba respuestas.

 Claris parecía tan vulnerable, tan perdida en el caos de su mente vacía. La rodeé con un abrazo suave. No sabía si era lo correcto, pero u
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